Terror en Guatemala: la erupción de un volcán de fuego provoca la alerta naranja

La alerta naranja, el cierre de una carretera estratégica y la suspensión de las clases reavivan el temor a una catástrofe como la de 2018.

Terror en Guatemala: la erupción de un volcán de fuego provoca la alerta naranja

El Volcán de Fuego ha entrado en una de sus fases más explosivas de los últimos meses. Las autoridades guatemaltecas han ordenado la evacuación preventiva de unas 250 personas pertenecientes a 50 familias, mientras columnas de gas y ceniza cubren el entorno y los flujos piroclásticos descienden a gran velocidad por las laderas.

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) ha declarado la alerta naranja institucional, el segundo nivel más alto del sistema nacional. El episodio ha obligado además a cerrar la Ruta Nacional 14 y a suspender las clases en varias localidades. El recuerdo de la tragedia de 2018 convierte cada nueva explosión en una advertencia imposible de ignorar.

Una erupción que gana intensidad

El nuevo pulso eruptivo comenzó durante la mañana del lunes y evolucionó hacia una fase de mayor explosividad al caer la noche. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología detectó fuentes de lava de entre 200 y 300 metros sobre el cráter, acompañadas de grandes emisiones de gases, ceniza y material incandescente.

Lo más grave es la aparición de corrientes de densidad piroclástica, masas extremadamente calientes de gases y fragmentos volcánicos capaces de descender por las barrancas a gran velocidad. Estas corrientes representan la principal amenaza para las poblaciones asentadas en los flancos oeste y sur.

El organismo técnico ha pedido activar los protocolos de respuesta en las comunidades situadas dentro de un radio aproximado de 10 kilómetros.

Evacuaciones contra reloj

Las primeras operaciones se concentran en El Porvenir y el caserío Las Lajitas. Las autoridades calculan que el desalojo afecta inicialmente a 50 familias, unas 250 personas, trasladadas de forma preventiva hacia zonas más seguras.

La medida trata de evitar evacuaciones tardías en carreteras cubiertas por ceniza o amenazadas por el descenso de material volcánico. CONRED ha pedido a los habitantes que preparen documentos, medicamentos, agua y alimentos, además de seguir exclusivamente las instrucciones oficiales.

La consecuencia es clara: en una emergencia volcánica, unos minutos pueden determinar la diferencia entre una retirada ordenada y una operación de rescate. La alerta naranja permite movilizar recursos públicos sin esperar a que el riesgo alcance su máximo nivel.

Carreteras cerradas y clases suspendidas

El Gobierno ha cerrado la Ruta Nacional 14, una vía próxima al volcán y fundamental para la movilidad entre diferentes comunidades del área. El Ministerio de Educación también ha suspendido las clases en los municipios afectados.

La actividad podría extender sus consecuencias más allá de las poblaciones situadas en la falda. Las columnas volcánicas se elevan entre cuatro y cinco kilómetros, mientras la ceniza se desplaza decenas de kilómetros hacia el oeste. Este hecho eleva el riesgo para la circulación, los cultivos, los sistemas de abastecimiento de agua e incluso el tráfico aéreo regional.

CONRED recomienda cubrir los depósitos de agua y alimentos, utilizar mascarilla, proteger los ojos y evitar las barrancas.

El precedente mortal de 2018

La reacción de las autoridades está marcada por la erupción del 3 de junio de 2018, cuando una avalancha piroclástica sepultó comunidades enteras. El desastre causó alrededor de 200 fallecidos, dejó un número similar de desaparecidos y afectó hasta a 1,7 millones de personas.

Aquel episodio evidenció la vulnerabilidad de los asentamientos próximos al volcán y las dificultades para transmitir las órdenes de evacuación. Los flujos piroclásticos avanzaron con una velocidad y una temperatura que hicieron prácticamente imposible escapar a quienes permanecieron en las zonas de riesgo.

El contraste con la respuesta actual resulta significativo: las evacuaciones comienzan antes de que se produzca un escenario extremo y se acompañan de cierres preventivos.

Una amenaza casi permanente

El Volcán de Fuego, de unos 3.763 metros de altitud, es uno de los más activos de Centroamérica. Su comportamiento alterna explosiones moderadas, desgasificación, caída de ceniza y episodios eruptivos capaces de producir coladas de lava y flujos piroclásticos.

Durante julio, los sistemas de vigilancia ya habían registrado entre 5 y 12 explosiones por hora, con columnas de ceniza de hasta 4.800 metros sobre el nivel del mar. También se observó material incandescente descendiendo por barrancas como Ceniza, Taniluyá, Seca y Las Lajas.

El diagnóstico es inequívoco: la erupción actual no surge de una calma absoluta, sino de una actividad persistente que ha escalado rápidamente.

La economía bajo la ceniza

Más allá del peligro inmediato para la población, una erupción prolongada puede castigar la agricultura, el turismo y el transporte. Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez reúnen explotaciones agrícolas, vías logísticas y destinos turísticos esenciales, entre ellos Antigua Guatemala.

La acumulación de ceniza puede deteriorar cosechas, contaminar reservas de agua y obligar a interrumpir actividades económicas. A ello se suma el coste de los albergues, la limpieza de carreteras y la atención sanitaria por problemas respiratorios.

La prioridad sigue siendo salvar vidas. Sin embargo, cada hora de actividad intensa amplía la factura económica y social. Guatemala vuelve así a enfrentarse a una amenaza conocida: un volcán imprevisible rodeado de comunidades que no pueden permitirse bajar la guardia.

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