Bessent anticipa un pacto inminente para reabrir el estrecho de Ormuz

Estados Unidos e Irán podrían alcanzar un acuerdo en apenas 48 horas para restablecer la libre navegación y aliviar la presión sobre el petróleo.

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El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha asegurado que Washington y Teherán podrían cerrar «hoy o mañana» un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del planeta. La declaración ha provocado una reacción inmediata en los mercados: el Brent llegó a caer alrededor de un 2,4%, mientras los inversores descontaban una posible normalización del tráfico marítimo. Sin embargo, la situación continúa siendo frágil. Irán niega públicamente que existan negociaciones directas y los incidentes contra buques comerciales mantienen elevada la prima de riesgo.

Un acuerdo en cuestión de horas

Bessent situó el posible entendimiento en un horizonte excepcionalmente próximo. «Hay una posibilidad de que tengamos un acuerdo hoy o mañana», afirmó durante una entrevista en CNBC, al tiempo que defendía que la reapertura permitiría avanzar hacia una posición «más normalizada» dentro del conflicto.

La negociación llega después de que Donald Trump rebajara la amenaza de lanzar una ofensiva militar de gran escala contra Irán. La presión estadounidense habría abierto una ventana diplomática, aunque Teherán mantiene una posición pública mucho más cautelosa. Esa contradicción revela que el anuncio de Washington debe interpretarse todavía como una expectativa política, no como un pacto cerrado.

Libertad de paso, no peajes

Uno de los principales obstáculos es la pretensión iraní de cobrar un peaje a los barcos que atraviesen la zona. Preguntado por esta posibilidad, Bessent fue tajante: el eventual acuerdo deberá garantizar «libertad de movimiento».

Según las fórmulas analizadas por mediadores regionales, los buques que entren en el golfo Pérsico podrían navegar por aguas iraníes, mientras que los que salgan utilizarían aguas de Omán. Este mecanismo permitiría evitar el pago de tasas y reducir el riesgo de nuevos enfrentamientos. Sin embargo, lo más grave es que cualquier sistema de rutas diferenciadas podría consolidar de hecho una capacidad iraní de supervisión sobre el tránsito marítimo.

El cuello de botella energético

Antes de la crisis, por Ormuz circulaban cerca de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a más de una quinta parte del comercio mundial de petróleo. El bloqueo parcial no solo ha afectado al crudo: también ha retrasado cargamentos de combustibles refinados, fertilizantes y gases industriales.

Bessent calcula que cientos de embarcaciones, posiblemente más de 1.000, permanecen a la espera de abandonar la región. La consecuencia es clara: incluso con un acuerdo inmediato, la descongestión no sería automática. Las navieras necesitarían garantías operativas, cobertura aseguradora y corredores suficientemente seguros antes de recuperar los niveles habituales de circulación.

El petróleo reacciona

Los mercados respondieron con rapidez. Los futuros del Brent llegaron a situarse alrededor de 81,94 dólares por barril, con una caída superior al 2%, mientras el West Texas Intermediate retrocedía cerca de un 2,9%, hasta aproximadamente 78,05 dólares.

El movimiento refleja hasta qué punto el precio energético incorpora una prima geopolítica. Si el paso queda plenamente restablecido, esa prima podría reducirse con fuerza. No obstante, la reapertura física del estrecho no garantiza por sí sola una caída duradera. Será necesario comprobar que cesan los ataques, que las aseguradoras rebajan sus recargos y que los operadores recuperan la confianza.

La contradicción de Teherán

Mientras Estados Unidos habla de conversaciones avanzadas, el Ministerio de Exteriores iraní niega que existan negociaciones directas con Washington. Esta divergencia puede responder a una estrategia interna: Teherán necesita evitar que cualquier concesión sea percibida como una capitulación ante la presión militar estadounidense.

Además, un proyectil de origen desconocido alcanzó este martes un carguero en el estrecho, confirmando que la seguridad continúa deteriorada. El contraste entre el optimismo diplomático y la realidad marítima resulta demoledor. Un documento político será insuficiente si las distintas estructuras militares iraníes no respetan sus términos.

La factura para la economía mundial

La reapertura de Ormuz aliviaría los costes del transporte, moderaría la inflación energética y reduciría la presión sobre industrias intensivas en gas y petróleo. Europa sería una de las grandes beneficiadas, debido a su dependencia de las importaciones y a la debilidad estructural de su crecimiento.

Pero el verdadero examen llegará después de la firma. El atasco acumulado, la escasez de inventarios y los costes extraordinarios de seguridad podrían retrasar durante semanas el impacto sobre gasolinas, electricidad y productos industriales. El acuerdo puede frenar la escalada, pero no borrará de inmediato la factura económica del conflicto.

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