Un bombardeo mata al jefe de la PMF en Anbar
La muerte de Saad Duwai al-Baiji en la base de Habbaniyah eleva la presión sobre un Irak atrapado entre la escalada regional y el riesgo de una desestabilización económica.
La guerra regional ha vuelto a perforar el suelo iraquí. Un ataque aéreo sobre la base de Habbaniyah, en la provincia occidental de Anbar, dejó varios muertos entre las filas de la Popular Mobilisation Forces (PMF) y acabó con la vida de Saad Duwai al-Baiji, jefe de la organización en la zona, según los reportes iniciales conocidos en las últimas horas. No se trata de un episodio aislado, sino de otro eslabón en una cadena de golpes cada vez más frecuentes contra posiciones de milicias alineadas con Irán dentro de Irak. Lo más grave es que el país vuelve a quedar expuesto en su punto más frágil: la mezcla explosiva de seguridad fragmentada, soberanía disputada y dependencia extrema del petróleo.
Un golpe en pleno encuentro
Las primeras versiones apuntan a un ataque de precisión contra una instalación situada en el área de al-Hadhba, dentro del entorno de Habbaniyah, mientras se celebraba una reunión. El dato es relevante porque sugiere una acción basada en inteligencia previa y un objetivo selectivo, más que un bombardeo de saturación. “El ataque alcanzó una instalación en la zona de al-Hadhba durante una reunión, provocando múltiples muertes”, resumieron fuentes de seguridad en los reportes preliminares. Ese detalle cambia la lectura del episodio: no se buscaba únicamente degradar una posición militar, sino descabezar una estructura de mando en una provincia clave para el equilibrio iraquí. En las últimas semanas, diferentes posiciones de la PMF en Anbar y otras provincias han sido alcanzadas por ataques aéreos en un patrón que revela continuidad operativa, coordinación y una clara voluntad de aumentar el coste para las milicias proiraníes. Según la propia PMF, sus instalaciones en varias provincias han sufrido 32 bombardeos desde comienzos de marzo, una cifra que no ha sido verificada de forma independiente, pero que describe la magnitud de la presión actual.
El valor del objetivo
La muerte de Saad Duwai al-Baiji tiene un peso que va más allá del balance humano. Anbar no es una provincia cualquiera: es el gran corredor occidental de Irak, una franja estratégica por su proximidad a Siria, por la densidad de rutas logísticas y por su condición de espacio históricamente sensible para el despliegue de grupos armados, fuerzas estatales y actores externos. Perder al responsable operativo de la PMF en esta zona implica abrir una grieta en la cadena de mando justo cuando el entorno exige capacidad de respuesta rápida, disciplina interna y control territorial. El diagnóstico es inequívoco: cuando el mando cae en una provincia frontera, la estructura no solo pierde un jefe, también pierde coordinación, disuasión y capacidad de anticipación. En este contexto, el ataque lanza un mensaje nítido a Bagdad y a las milicias: ningún enclave considerado seguro lo es ya de forma absoluta. Y ese mensaje llega en un momento particularmente delicado, con ataques casi diarios contra intereses estadounidenses y con réplicas militares sobre posiciones vinculadas a facciones iraquíes alineadas con Teherán.
La guerra que ya atraviesa Irak
La consecuencia es clara: Irak ha dejado de ser solo un país vecino de la crisis para convertirse en uno de sus escenarios. Associated Press subraya que es, de hecho, el único país que está recibiendo impactos de ambos lados en la actual guerra con Irán, mientras sobre su territorio conviven intereses estadounidenses, milicias proiraníes, infraestructuras energéticas críticas y una arquitectura política extremadamente frágil. Ese cruce de vectores convierte cada bombardeo en algo más que un incidente táctico. Se transforma en un factor de aceleración de la crisis nacional. El contraste con otras geografías de la región resulta demoledor: donde otros Estados afrontan el shock desde una cadena de mando más definida, Irak debe gestionar la escalada con un aparato de seguridad híbrido, una autoridad estatal disputada y una economía vulnerable al mínimo sobresalto. La secuencia reciente lo confirma. Hubo funerales multitudinarios por combatientes muertos en Anbar el 12 de marzo, ataques adicionales en Kirkuk y nuevas informaciones sobre bombardeos contra posiciones de milicias en distintos puntos del país. La guerra, por tanto, ya no roza Irak: lo atraviesa.
Soberanía formal, control fragmentado
Aquí aparece la contradicción de fondo. La PMF fue institucionalizada por el Parlamento iraquí en 2016, lo que en teoría la integraba en el marco del Estado y bajo autoridad nacional. Sin embargo, la práctica nunca ha sido tan lineal. La integración legal no borró ni las lealtades múltiples, ni las autonomías operativas, ni la percepción de que buena parte de estas facciones actúan con agenda propia o, al menos, con un margen de maniobra demasiado amplio para un Estado que presume de monopolio de la fuerza. Este hecho revela una debilidad estructural: cuando una organización es formalmente estatal pero políticamente porosa, cada ataque contra ella se interpreta a la vez como un golpe a la soberanía iraquí y como un ajuste de cuentas dentro de la guerra regional. Bagdad queda así atrapado en una ecuación incómoda. Si responde con contundencia, arriesga una escalada para la que no tiene colchón; si calla, consolida la idea de que su territorio puede ser usado como tablero ajeno. Lo más grave no es solo la violencia, sino la erosión silenciosa de la autoridad pública.
El coste económico de una escalada sin fronteras
En Negocios el foco no puede quedarse en el humo del bombardeo. La derivada decisiva está en la economía. Irak depende del crudo para sostener la mayor parte de sus ingresos públicos, y la guerra regional ha colocado esa dependencia bajo una presión extraordinaria. AP advierte de que, si el bloqueo operativo y la interrupción de exportaciones continúan, Bagdad podría tener dificultades para atender su abultada nómina pública ya el mes que viene. Al mismo tiempo, la UNCTAD ha alertado de que los tránsitos por el estrecho de Ormuz se han acercado a la parálisis, mientras la Agencia Internacional de la Energía cifra en más de 11 millones de barriles diarios la oferta de petróleo perdida y en 140.000 millones de metros cúbicos la merma de gas asociada a la crisis. El impacto ya no es teórico. Estimaciones citadas en Irak sitúan el riesgo para Bagdad en pérdidas superiores a 8.000 millones de dólares al mes si se frenan exportaciones de entre 3,3 y 3,5 millones de barriles diarios. El bombardeo de Habbaniyah, por tanto, no solo mata a un mando; también agrava el precio financiero de la inestabilidad.