El Ibex 35 se descuelga de los 18.000 con el petróleo en 101 dólares

El selectivo abre con caídas cercanas al 0,8% y modera el golpe a media sesión, mientras IAG se hunde tras recortar previsiones por el coste del queroseno.

IBEX 35
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El Ibex 35 ha empezado este viernes con el pie cambiado: descenso inmediato, pérdida de los 18.000 puntos y un mercado que vuelve a medir el riesgo geopolítico en euros contantes y sonantes. La chispa viene de fuera —nuevo cruce de ataques en el estrecho de Ormuz—, pero el impacto se cuela por un canal muy concreto: energía más cara, márgenes más estrechos y guías empresariales que se enfrían.

A primera hora, el castigo ha sido nítido; después, el índice ha intentado recomponer el paso. La foto de la sesión, de momento, es la de un parqué que no entra en pánico, pero sí reprecio: menos complacencia con la inflación y más sensibilidad a cualquier golpe sobre el crecimiento.

Índice IBEX 35

Apertura con sobresalto y rebote parcial a media sesión

A las 9:10, el Ibex 35 cedía un 0,80%, hasta los 17.912,6 puntos, con una lectura incómoda: el mercado no solo recorta en el día, también reduce el colchón anual, que quedaba en el 3,49%. El mensaje es sencillo: el listón de exigencia sube cuando el petróleo vuelve a mandar y el ruido exterior se traslada al coste de capital.

Sin embargo, el ajuste se ha ido modulando. En torno a las 12:03, el índice cotizaba en 17.995,8 puntos, con una caída más contenida del 0,36%, y un rango diario entre 17.884,1 y 18.013,1, tras abrir en 17.929,7. Esa recuperación parcial no borra la presión, pero sí sugiere que la rotación está siendo selectiva: ventas concentradas en valores sensibles al combustible y al ciclo, frente a refugios de calidad.

Ormuz y el “impuesto” energético sobre la renta variable

El mercado vuelve a tratar el petróleo como un impuesto implícito. Con el Brent subiendo más del 1% y tocando los 101 dólares por barril, se reactiva el temor clásico: energía arriba hoy, inflación mañana y tipos más altos durante más tiempo. Aun así, el crudo acumulaba una caída de más del 6% en la semana, un matiz que explica por qué no se ha desatado una venta indiscriminada.

La clave está en la duración del shock. Como resumía una gestora en una frase que circulaba por pantallas: “los mercados están descontando una duración de la guerra limitada”. Esa expectativa, frágil por definición, es la que permite que el selectivo pase del golpe inicial a una sesión de contención. Lo más grave es que, si el repunte energético se enquista, la consecuencia es clara: se estrechan márgenes empresariales y se reabre el debate sobre las “segundas rondas” en precios.

IAG, epicentro del castigo tras recortar previsiones

Dentro del índice, el foco ha estado en IAG. En la apertura, la aerolínea llegaba a caer en torno al 5%, liderando las bajadas tras publicar cuentas y, sobre todo, tras rebajar previsiones por el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre el combustible. No es un ajuste menor: la compañía asume un sobrecoste de 2.000 millones y eleva su presupuesto anual de combustible de 7.000 a 9.000 millones, un salto del 28,5% que el mercado penaliza sin contemplaciones.

El contraste es revelador. IAG ganó 301 millones en el primer trimestre, un 71% más, y aun así el inversor se queda con lo que viene: guía revisada, visibilidad más baja y un sector que depende de un insumo volátil. La empresa insiste en su resiliencia —liquidez de más de 12.700 millones y deuda neta de 4.183 millones—, pero el mercado hoy no paga balances; paga certidumbre.

Grifols y Acerinox se suman al rojo; Amadeus y Ferrovial resisten

La sesión no ha sido solo una historia de aerolíneas. En el arranque, también destacaban las caídas de Grifols (-3,8%) y Acerinox (-3,79%), dos perfiles distintos con un mismo resultado: venta en un entorno donde el inversor reduce exposición a riesgo específico y a ciclo industrial cuando se encarece la energía.

En el lado contrario, el mercado ha buscado nombres con mayor defensividad relativa. Cinco Días señalaba avances en Amadeus y Ferrovial, valores que suelen comportarse mejor cuando el dinero se desplaza hacia calidad, visibilidad y flujo de caja. Este hecho revela una pauta típica de días tensos: el índice cae, pero no todo cae igual; el selectivo se convierte en un mapa de apetito por riesgo, más que en un termómetro lineal.

Divisas, bonos y el “freno” de la prima de riesgo

La presión energética también se lee en divisas. El euro cotizaba en torno a 1,1731 dólares, con un dólar recuperándose desde mínimos recientes. Ese movimiento importa porque condiciona tanto la factura energética como la percepción de inflación importada.

En deuda, España llega a la sesión con una fotografía relativamente estable. En la subasta del 7 de mayo, el Tesoro colocó obligaciones a 10 años con un interés marginal del 3,395%, en un contexto de demanda holgada; y la prima de riesgo se situaba en torno a 42 puntos básicos frente a Alemania. El contraste con episodios de tensión pasados es demoledor: el mercado castiga a la bolsa, sí, pero no está disparando aún el termómetro soberano.

Nóminas en EE UU y aranceles: el otro ruido que puede amplificarlo todo

La sesión europea mira a Washington por dos vías. La primera, el informe de empleo: el mercado esperaba 62.000 nuevos puestos en abril, tras 178.000 en marzo. Si el dato sorprende al alza, el “miedo” sería obvio: reforzar el guion de tipos altos. Si decepciona, el riesgo cambia de nombre: crecimiento a la baja.

La segunda, el frente comercial. Un tribunal estadounidense declaró injustificados los últimos aranceles globales temporales del 10% impuestos por Trump, aunque el mercado asume apelación y poco efecto inmediato. En días así, la Bolsa no necesita certezas absolutas para caer: le basta con una suma de fricciones. Y el Ibex, hoy, ha reaccionado exactamente como un índice que venía de niveles altos: corrige primero y pregunta después.

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