La caída del general Zhang sacude el pulso EEUU-China

El presunto caso de espionaje revela fisuras internas en el Ejército chino, eleva la tensión con Washington y reaviva los movimientos defensivos en los mercados asiáticos

Fotografía de Zhang Youxia, general del Ejército Popular de Liberación de China, protagonista en el escándalo de espionaje a Estados Unidos<br>                        <br>                        <br>                        <br>
La caída del general Zhang sacude el pulso EEUU-China

La detención del general Zhang Youxia, uno de los mandos más influyentes del Ejército Popular de Liberación, ha detonado una nueva fase en la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos. Pekín le acusa, según diversas filtraciones, de haber filtrado información militar sensible hacia Washington, mientras investiga también presuntos delitos de corrupción. El régimen guarda silencio oficial, pero la magnitud de la figura afectada sugiere algo más que un simple ajuste de cuentas interno.
En paralelo, los mercados han reaccionado como suelen hacerlo ante las crisis geopolíticas de alta intensidad: el oro ha repuntado en torno a un 3% en pocas sesiones y el yen japonés se ha apreciado cerca de un 1,5% frente al dólar, reflejando un movimiento rápido hacia activos refugio en Asia-Pacífico.
Más allá del impacto inmediato, el caso Zhang se lee en clave estructural: refuerza el giro centralizador de Xi Jinping, alimenta las dudas sobre la cohesión de la cúpula militar y añade una capa adicional de riesgo a un entorno ya condicionado por guerras comerciales, controles tecnológicos y desaceleración global. En la práctica, el episodio coloca a inversores, aliados y rivales ante la misma pregunta: ¿estamos ante un caso aislado o ante el síntoma visible de una lucha soterrada por el control del poder militar en China?

 

El caso Zhang Youxia: un golpe en la cúpula castrense

Según fuentes cercanas a los servicios de inteligencia occidentales, Zhang Youxia habría sido interrogado y apartado de sus funciones por supuesta colaboración con canales vinculados a Estados Unidos. Las acusaciones citan tanto filtraciones sobre capacidades nucleares y sistemas de mando como presuntas tramas de enriquecimiento ilícito. La información es todavía fragmentaria y, sobre todo, no ha sido confirmada oficialmente por Pekín, lo que alimenta la opacidad habitual en este tipo de expedientes.

En cualquier caso, los analistas coinciden en un punto: no se toca a una figura del rango de Zhang sin un consenso al más alto nivel. Ahora bien, divergen en la interpretación. Algunos ven en el movimiento un intento de Xi de cerrar cualquier vía informal de diálogo militar con Washington, especialmente en un momento de creciente fricción en el estrecho de Taiwán y en el mar de China Meridional. Otros lo leen como una purga preventiva frente a unos mandos que, quizá, no compartían el ritmo ni la intensidad del pulso geopolítico actual.

La acusación de espionaje a un general con acceso a la planificación estratégica no es solo un episodio interno; es un mensaje al resto del aparato: la lealtad absoluta al núcleo dirigente es condición de supervivencia política.

Xi Jinping y la lógica de la purga preventiva

Bajo Xi Jinping, la campaña anticorrupción ha servido tanto para limpiar estructuras enquistadas como para neutralizar focos potenciales de poder autónomo. El caso Zhang encaja en esta lógica: combina el discurso de “tolerancia cero” con la corrupción con la consolidación de un mando militar estrictamente alineado con la línea del Partido.

Los expertos en política china destacan que el Ejército Popular de Liberación ha sido tradicionalmente un pilar clave del equilibrio interno, con redes de lealtades, clanes regionales y vínculos empresariales. Cualquier señal de fractura o de doble juego en la cúpula castrense se percibe, en Zhongnanhai, como una amenaza existencial. De ahí que la reacción pueda ser tan rápida como severa, incluso a costa de proyectar una imagen de inestabilidad hacia el exterior.

Lo más relevante, desde la óptica económica, es que este tipo de purgas no se limita al ámbito militar. En los últimos años, operaciones similares han afectado a altos cargos del sector tecnológico, energético y financiero, reforzando la idea de que el modelo de Xi se apoya en un control político total sobre los sectores estratégicos, aunque eso suponga asumir costes en forma de menor iniciativa privada o de fuga de talento.

Desconfianza estratégica y guerra fría tecnológica

En Washington, el episodio se interpreta como un nuevo capítulo de la desconfianza estructural entre las dos potencias. Si se confirma que Zhang suministró información sensible a canales vinculados a Estados Unidos, la Casa Blanca se enfrenta a un dilema incómodo: aprovechar el flujo de inteligencia o gestionar el riesgo de una escalada si Pekín percibe una injerencia directa.

El caso se solapa con una relación ya marcada por controles a la exportación de semiconductores avanzados, restricciones a la inversión en tecnología y disputas en organismos internacionales. La filtración de secretos militares añade pólvora a un clima en el que cada paso se enmarca en la narrativa de una nueva guerra fría tecnológica.

Para los aliados de ambas partes, el mensaje tampoco pasa desapercibido. Países como Japón, Corea del Sur, Australia o Alemania deben lidiar con cadenas de suministro profundamente integradas con China mientras refuerzan su coordinación estratégica con Estados Unidos. Un episodio de espionaje a este nivel alimenta la sensación de que la cooperación en defensa y tecnología tendrá cada vez más cláusulas de seguridad, desde la compartición de datos hasta la ubicación física de centros de I+D.

Oro, yen y bolsas asiáticas: el reflejo inmediato en los mercados

Los mercados financieros suelen reaccionar antes de que lleguen los comunicados oficiales. En esta ocasión, el patrón ha sido clásico: búsqueda de refugio y castigo selectivo al riesgo asiático. En las primeras sesiones tras conocerse el caso, el oro avanzó alrededor de un 3%-4%, acercándose de nuevo a máximos históricos recientes, mientras el yen japonés se apreció cerca de un 1,5% frente al dólar, consolidando su papel de activo refugio regional.

En bolsa, los índices con mayor exposición a China registraron caídas significativas. El MSCI Asia Pacífico ex-Japan llegó a retroceder más de un 2,3% intradía, con especial castigo para empresas ligadas a defensa, tecnología dual y exportaciones industriales. Al mismo tiempo, sectores defensivos como utilities, consumo básico o telecomunicaciones amortiguaron mejor el impacto.

Para los gestores de carteras globales, la lección es conocida: cada episodio que subraya la fragilidad institucional o la opacidad en el gigante asiático reaviva el debate sobre cuánto peso debe tener China en los índices de referencia y en los mandatos de inversión a largo plazo. El caso Zhang no cambia por sí solo los fundamentales, pero sí aumenta la prima de riesgo geopolítico que muchos ya incorporan en sus modelos.

Inseguridad jurídica y riesgo político: la otra cara para el capital extranjero

Más allá de la reacción de corto plazo, el caso plantea interrogantes incómodos para el capital internacional. Si un general en la cúspide del Ejército puede caer de la noche a la mañana acusado de deslealtad, el mensaje implícito es que ninguna figura —militar, empresarial o tecnológica— está a salvo de una purga súbita si la balanza política se inclina en su contra.

Los inversores institucionales que operan en China subrayan desde hace tiempo el peso del riesgo regulatorio y político en sus decisiones. Cambios bruscos en la normativa de educación privada, tecnología o inmobiliario han destruido decenas de miles de millones de valor en cuestión de meses. Un caso de espionaje en la élite castrense añade un nuevo vector: el de la seguridad nacional convertida en criterio transversal, que puede justificar desde sanciones domésticas hasta restricciones a la salida de datos o de capital.

En términos prácticos, las gestoras internacionales responden con mayor diversificación regional, cláusulas reforzadas de salida y coberturas de tipo y de divisa. Sin embargo, la magnitud del mercado chino —todavía en torno al 18% del PIB mundial— hace difícil una retirada masiva: la realidad es que los grandes fondos no pueden permitirse ignorar China, pero tampoco pueden tratarla como un mercado “normal”.

Cómo puede moverse Xi Jinping a partir de ahora

A corto plazo, los analistas ven tres líneas probables de actuación por parte de Xi. La primera, profundizar la investigación interna y extenderla a otros mandos, con el objetivo de reconstruir una cadena de mando totalmente alineada. La segunda, reforzar el discurso nacionalista hacia dentro, presentando el caso como prueba de que China está rodeada de intentos de infiltración externos. La tercera, usar el episodio como argumento para endurecer aún más el control sobre sectores considerados estratégicos, desde defensa hasta inteligencia artificial o ciberseguridad.

En términos de política exterior, el margen es más estrecho. Una reacción excesivamente agresiva contra Washington podría alimentar el relato de confrontación que muchos en Estados Unidos dan por hecho, mientras que una respuesta tibia podría interpretarse en casa como debilidad. Lo más probable, según distintos centros de estudios, es un doble juego: gestos de firmeza retórica combinados con canales discretos para evitar una escalada fuera de control.

La pregunta de fondo no es solo si Xi logrará “contener el daño”, sino si este tipo de crisis es compatible con el modelo de apertura selectiva que China intenta mantener con el resto del mundo.

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