Corea del Sur sella acuerdos tecnológicos por 950.000 millones en Estados Unidos
SK Group concentrará la mayor operación con un suministro de semiconductores valorado en 750.000 millones de dólares para Nvidia y otras compañías tecnológicas.
Corea del Sur ha convertido la visita del presidente Lee Jae-myung a California en una ofensiva industrial de dimensiones históricas. Las empresas surcoreanas alcanzaron acuerdos por un valor conjunto de 950.000 millones de dólares con grandes grupos tecnológicos estadounidenses, según anunció Kim Yong-beom, jefe de Política de la Presidencia.
La cifra refleja la creciente importancia de Corea del Sur en la carrera mundial por la inteligencia artificial, los semiconductores avanzados y los centros de datos. El principal compromiso corresponde a SK Group, que suministrará chips de alto rendimiento a Nvidia y otras compañías por 750.000 millones de dólares.
Una operación de escala inédita
El volumen anunciado supera ampliamente el tamaño habitual de los acuerdos empresariales vinculados a una visita oficial. Los 950.000 millones de dólares representan más de la mitad del producto interior bruto anual de Corea del Sur, aunque la Presidencia no ha detallado todavía los calendarios, las condiciones financieras ni la duración exacta de cada proyecto.
Este matiz resulta decisivo. En operaciones de esta magnitud, la cifra total suele incluir contratos plurianuales, compromisos de suministro, inversiones previstas y acuerdos preliminares cuyo desembolso puede extenderse durante años.
Aun así, el mensaje político es inequívoco: Seúl pretende situarse en el centro de la infraestructura tecnológica que sostendrá la expansión de la inteligencia artificial en Estados Unidos.
SK Group concentra el gran contrato
El proyecto más relevante corresponde a SK Group, uno de los mayores conglomerados industriales de Corea del Sur. La compañía habría acordado suministrar semiconductores de alto rendimiento por 750.000 millones de dólares, aproximadamente el 79% del valor total anunciado durante el viaje.
Entre los compradores figura Nvidia, convertida en uno de los principales motores de la economía digital por su dominio del mercado de procesadores destinados al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.
SK Hynix, filial del conglomerado, es además uno de los mayores fabricantes mundiales de memorias de gran ancho de banda. Estos componentes son esenciales para acelerar los cálculos de los sistemas de IA y se han convertido en uno de los principales cuellos de botella de la industria.
Nvidia refuerza su cadena de suministro
La presencia de Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, confirma la importancia estratégica de los acuerdos. La compañía estadounidense necesita asegurar una oferta creciente de chips, memorias y componentes especializados para responder a la demanda de los grandes centros de datos.
La consecuencia es clara: Corea del Sur deja de actuar únicamente como fabricante para convertirse en socio estructural de las plataformas estadounidenses.
El suministro estable de semiconductores permitirá a Nvidia reducir riesgos en una cadena de producción altamente concentrada en Asia. Al mismo tiempo, ofrece a los fabricantes surcoreanos contratos de largo recorrido y una posición privilegiada frente a competidores de Taiwán, Japón y China.
Samsung y OpenAI entran en la ecuación
Lee Jae-myung mantuvo en San Francisco una reunión con algunos de los dirigentes más influyentes del sector tecnológico. En el encuentro participaron Lee Jae-yong, presidente de Samsung Electronics; Chey Tae-won, responsable de SK Group; Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Jensen Huang.
La composición de la reunión revela el alcance del movimiento. Samsung y SK dominan buena parte de la producción mundial de memorias, mientras Nvidia aporta la capacidad de procesamiento y OpenAI representa una de las mayores fuentes de demanda computacional.
El objetivo no sería únicamente vender chips, sino articular una cadena completa que abarque fabricación, almacenamiento, procesamiento y desarrollo de modelos avanzados.
El viaje adquiere dimensión política
La visita también permite al Gobierno surcoreano reforzar su relación con Estados Unidos en un momento de creciente competencia industrial. Washington busca reducir su dependencia de China en sectores estratégicos, mientras Seúl necesita proteger el acceso al mercado norteamericano.
Lee Jae-myung ha utilizado el viaje para presentar a Corea del Sur como un aliado tecnológico fiable. El país dispone de experiencia industrial, capacidad exportadora y empresas capaces de asumir proyectos de gran escala.
Sin embargo, esta aproximación obliga a mantener un difícil equilibrio diplomático. China continúa siendo uno de los principales mercados de las compañías surcoreanas y alberga instalaciones relevantes de Samsung y SK.
El riesgo de las cifras agregadas
Lo más grave sería interpretar los 950.000 millones de dólares como una inversión inmediata y garantizada. La información difundida no permite conocer qué parte corresponde a contratos firmes, memorandos de entendimiento o previsiones condicionadas a la evolución de la demanda.
Tampoco se han especificado las plantas que ejecutarán los pedidos, los plazos de entrega o el impacto real sobre el empleo. La experiencia demuestra que los grandes anuncios tecnológicos pueden sufrir revisiones cuando cambian los precios de los chips, las restricciones comerciales o los incentivos públicos.
El diagnóstico, por tanto, exige prudencia: el acuerdo es extraordinario por su escala, pero su impacto definitivo dependerá de la ejecución.
Corea del Sur se juega su liderazgo
La operación llega en plena carrera internacional por controlar la infraestructura de la inteligencia artificial. Estados Unidos conserva el liderazgo en diseño de chips y software, mientras Corea del Sur destaca en memorias y fabricación avanzada.
El contraste con Europa resulta demoledor. Mientras Bruselas intenta elevar su participación en la producción mundial de semiconductores, los grupos asiáticos y estadounidenses cierran compromisos valorados en cientos de miles de millones.
Para Seúl, la oportunidad es enorme. También lo es el riesgo de concentración. Un descenso de la inversión en inteligencia artificial o una corrección en las valoraciones tecnológicas podría afectar directamente a los proveedores surcoreanos. Por ahora, la apuesta es clara: convertir los chips en el principal puente económico entre Corea del Sur y Estados Unidos.