Robert Valencia avisa a Dow Jones: "Si EEUU y Trump atacan infraestructuras de energía en Irán, rozarán el crimen de guerra"
El Dow Jones cerró el viernes 31 de julio en 52.485,03 puntos, tras avanzar un 0,53%, pero la aparente tranquilidad de Wall Street oculta un riesgo difícil de valorar.
La escalada entre Estados Unidos e Irán ya no plantea únicamente preguntas militares o energéticas. También abre un debate sobre los límites del derecho internacional.
Robert Valencia advierte de que un ataque contra redes civiles de agua o electricidad podría situar a Washington ante una grave responsabilidad jurídica.
El lunes 3 de agosto, los inversores medirán esa amenaza en petróleo, inflación y tipos de interés.
Una decisión tomada en la Casa Blanca puede sacudir el Dow Jones antes de que caiga el primer misil.
Wall Street cierra con una tregua frágil
El Dow Jones ganó cerca de 277 puntos en la última sesión de julio. El S&P 500 avanzó un 0,7% y el Nasdaq sumó aproximadamente un 1%, apoyados por los resultados empresariales y el rebote de las grandes tecnológicas.
Sin embargo, la subida no elimina la vulnerabilidad del mercado. Trump ha suspendido provisionalmente nuevos ataques mientras distintos países de Oriente Medio intentan construir un acuerdo con Teherán, pero Irán mantiene una posición ambigua sobre el estrecho de Ormuz.
El Dow Jones cerró con ganancias, pero abrirá el lunes pendiente de una negociación que todavía puede romperse.
Drones baratos contra defensas millonarias
Valencia identifica una de las grandes debilidades estadounidenses: la asimetría entre el coste de los ataques iraníes y el precio de interceptarlos. Teherán puede lanzar drones relativamente baratos, mientras Washington y sus aliados recurren a sistemas defensivos mucho más costosos.
La estrategia no exige superar tecnológicamente a Estados Unidos. Basta con saturar sus radares, obligarlo a consumir interceptores y mantener desplegados numerosos medios militares durante semanas.
Un dron destruido puede representar un éxito táctico y, al mismo tiempo, una derrota económica. Si el arma atacante cuesta una fracción del interceptor empleado, Irán consigue imponer desgaste incluso cuando no alcanza su objetivo.
La línea jurídica de Washington
La advertencia más grave de Valencia se refiere a posibles ataques contra infraestructuras energéticas, redes de agua u otros servicios esenciales para la población iraní.
El derecho internacional humanitario no prohíbe automáticamente atacar cualquier infraestructura civil. Un objetivo puede perder su protección si contribuye efectivamente a una operación militar. Sin embargo, Washington tendría que demostrar su relevancia militar, respetar el principio de proporcionalidad y adoptar precauciones para reducir el daño sobre la población.
Destruir deliberadamente servicios indispensables para castigar a los civiles, sin una justificación militar válida, podría constituir una violación grave y eventualmente un crimen de guerra.
El Comité Internacional de la Cruz Roja advierte de que el colapso acumulado de los sistemas de agua, energía y salud puede llevar a ciudades enteras al límite de la supervivencia.
Ormuz amenaza al Dow Jones
El estrecho de Ormuz convierte un enfrentamiento regional en una amenaza económica mundial. Por esta ruta circula habitualmente alrededor de una quinta parte del petróleo global, por lo que cualquier bloqueo afecta a los precios, los seguros marítimos y las cadenas de suministro.
Un repunte sostenido del crudo perjudicaría a las empresas industriales, comerciales y de transporte incluidas en el Dow Jones. También podría reactivar la inflación estadounidense y obligar a la Reserva Federal a mantener los tipos elevados durante más tiempo. Cada dron iraní puede terminar reflejándose en el coste de una hipoteca, una fábrica o un billete de avión estadounidense.
Arabia Saudí teme el efecto dominó
Arabia Saudí ocupa una posición especialmente delicada. Aunque es un aliado estratégico de Washington, sus instalaciones petroleras y sus rutas exportadoras quedarían expuestas ante una represalia iraní.
Riad ha pedido contención porque una ofensiva estadounidense contra infraestructuras energéticas podría provocar ataques sobre instalaciones del Golfo. La crisis se extendería entonces desde Ormuz hasta el golfo de Adén y el mar Rojo, multiplicando las interrupciones comerciales.
La región dispone de enormes reservas de petróleo, pero carece de rutas completamente seguras para transportarlo durante una guerra abierta. Esa vulnerabilidad explica la presión diplomática sobre Trump.
Las elecciones condicionan la ofensiva
Las elecciones estadounidenses de medio mandato introducen un límite político adicional. Trump necesita proyectar firmeza, pero una guerra prolongada podría elevar la gasolina, deteriorar el consumo y castigar a las empresas antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.
Las represalias arancelarias y las sanciones económicas tampoco garantizan una victoria rápida. Irán ha demostrado capacidad para trasladar el conflicto a bases militares, rutas comerciales y aliados regionales.
El Dow Jones se convierte así en un termómetro político. Una caída brusca asociada al petróleo o a la inflación debilitaría el relato económico de la Casa Blanca. Trump debe decidir entre exhibir poder militar o proteger una bolsa que cerró julio en 52.485 puntos.