EEUU usará dinero iraní congelado para indemnizar a las navieras

El presidente estadounidense ordena utilizar los activos iraníes bajo control de Washington para indemnizar los ataques marítimos.

Buque
Buque

Estados Unidos utilizará el dinero iraní que mantiene bloqueado o bajo su control para pagar los daños causados a barcos, cargamentos e infraestructuras vinculadas al transporte marítimo. Donald Trump ha convertido así los activos congelados de Teherán en una garantía unilateral frente a futuras pérdidas comerciales.

El anuncio llega tras nuevos ataques contra buques en las rutas energéticas de Oriente Próximo y en plena escalada militar entre Washington e Irán. El presidente estadounidense sostiene que las indemnizaciones podrían ser «muy sustanciales», pero considera que cargar su coste sobre fondos iraníes constituye una solución «justa y equitativa».

Una factura directa para Teherán

Trump señaló en Truth Social que, «desde este momento» y hasta nueva orden, cualquier daño sufrido por barcos, mercancías o elementos relacionados será compensado con dinero iraní en posesión de Estados Unidos.

La medida supone un salto cualitativo. Washington ya no plantea únicamente congelar los activos para impedir que Teherán disponga de ellos, sino utilizarlos directamente para responder a reclamaciones económicas derivadas del conflicto.

El anuncio no concreta qué fondos serán empleados, qué organismos determinarán la cuantía de los daños ni cómo se repartirán las indemnizaciones. Tampoco aclara si cubrirán únicamente embarcaciones estadounidenses o si podrán beneficiarse navieras y propietarios de terceros países.

Más de 100.000 millones bloqueados

Las estimaciones sitúan por encima de 100.000 millones de dólares el volumen total de activos iraníes congelados o restringidos en diferentes jurisdicciones, aunque solo una parte estaría directamente bajo control estadounidense. La cantidad exacta disponible para Washington sigue siendo incierta y depende de la naturaleza jurídica y localización de cada cuenta.

Buena parte de esos recursos procede de exportaciones de petróleo cuyos ingresos quedaron retenidos por las sanciones. Otros fondos están vinculados a propiedades, cuentas bancarias y operaciones comerciales intervenidas.

Lo más grave para Irán es que esos activos podrían pasar de ser una herramienta negociadora a convertirse en una fuente permanente de compensaciones, reduciendo los incentivos estadounidenses para desbloquearlos en un eventual acuerdo.

Un precedente jurídico delicado

Congelar bienes soberanos y confiscarlos no son actuaciones equivalentes. La inmovilización impide que el propietario acceda temporalmente a los fondos; su utilización para pagar daños supone, en cambio, una transferencia definitiva.

Ese paso puede enfrentarse a recursos judiciales, normas sobre inmunidad soberana y reclamaciones de terceros. Los expertos también cuestionan si el Ejecutivo puede disponer de todos los activos sin una autorización específica del Congreso o sin resoluciones que acrediten la responsabilidad directa de Irán.

La decisión convierte una sanción económica en un mecanismo de reparación anticipada, antes incluso de que exista un procedimiento público para evaluar cada incidente.

Hormuz amenaza al comercio mundial

La disputa tiene una dimensión que supera ampliamente a Estados Unidos e Irán. El estrecho de Ormuz concentra alrededor de 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% del consumo mundial de petróleo y más de una cuarta parte del comercio marítimo global de crudo.

Por este corredor también circula aproximadamente una quinta parte del gas natural licuado comercializado internacionalmente. Cualquier ataque, bloqueo o interrupción prolongada afecta a los costes del transporte, los seguros y la energía.

El petróleo ya ha superado los 100 dólares por barril durante episodios recientes de tensión, mientras las navieras revisan rutas y primas de riesgo.

El coste oculto para las navieras

Incluso cuando un barco no es alcanzado, la amenaza militar genera pérdidas. Las aseguradoras elevan las primas, las tripulaciones exigen compensaciones adicionales y las compañías pueden optar por trayectos más largos para evitar las zonas peligrosas.

La consecuencia es clara: cada jornada de inseguridad encarece el comercio internacional. Un desvío prolongado puede aumentar el consumo de combustible, retrasar entregas y reducir la disponibilidad de buques.

La fórmula anunciada por Trump pretende trasladar esa factura a Irán. Sin embargo, identificar qué costes derivan directamente de una acción iraní y cuáles responden al deterioro general de la seguridad regional será una tarea técnica y jurídicamente compleja.

La presión económica se intensifica

La utilización de activos congelados refuerza la estrategia de máxima presión de Washington. Teherán no solo afrontaría daños militares y restricciones comerciales, sino también la pérdida progresiva de recursos depositados en el extranjero.

El diagnóstico es inequívoco: Trump busca que Irán pague materialmente por cada episodio que afecte a la navegación. Pero la medida puede dificultar futuras negociaciones, porque los activos bloqueados han funcionado tradicionalmente como moneda de cambio en acuerdos diplomáticos.

Si Washington empieza a consumir esos fondos, el margen para ofrecer alivio económico será menor. Y Teherán podría responder aumentando la presión sobre las rutas marítimas, alimentando un círculo en el que cada ataque genera nuevas confiscaciones y cada confiscación eleva el riesgo de represalias.

Comentarios