Temprano: "hay algo más importante que la bomba nuclear para Irán y EEUU: el control total de Ormuz"

Miguel Ángel Temprano advierte de que Teherán puede utilizar el estrecho y a los hutíes para disparar el petróleo, elevar la inflación occidental y erosionar a Donald Trump.

Temprano: "hay algo más importante que la bomba nuclear para Irán y EEUU: el control total de Ormuz"

El verdadero poder de Irán no reside únicamente en su capacidad para enriquecer uranio. Está en el mar. Cerca de una quinta parte del petróleo mundial atraviesa el estrecho de Ormuz, una arteria de apenas unas decenas de kilómetros en sus zonas más angostas y cuya interrupción provocaría un terremoto económico inmediato.

Miguel Ángel Temprano sostiene que Teherán ha identificado ese punto débil como un instrumento de presión incluso más eficaz que la amenaza nuclear. Un bloqueo parcial, ataques selectivos o una escalada controlada podrían llevar el barril por encima de los 100 dólares, reactivar la inflación en Occidente y alterar el calendario político de Estados Unidos.

Dos modelos nucleares opuestos

La negociación entre Washington y Arabia Saudí para desarrollar un programa nuclear civil no puede equipararse, según Temprano, con las aspiraciones iraníes. Riad pretende construir capacidad de generación atómica, pero sin controlar directamente el enriquecimiento del combustible.

El esquema sería similar al aplicado por Emiratos Árabes Unidos: el material nuclear se suministra desde el exterior, bajo mecanismos internacionales de supervisión. La diferencia resulta decisiva. Arabia Saudí podría producir electricidad, pero no dispondría de la tecnología necesaria para transformar ese programa en una infraestructura militar autónoma.

Irán, por el contrario, defiende su derecho a enriquecer uranio dentro del país. Ese dominio tecnológico reduce los tiempos necesarios para dar un eventual salto militar y explica por qué Washington considera insuficientes las garantías ofrecidas por el régimen de los ayatolás.

La carta que guarda Teherán

El programa nuclear ofrece capacidad de disuasión a largo plazo. Ormuz proporciona presión inmediata. Por este paso marítimo circulan alrededor de 20 millones de barriles diarios entre crudo y productos derivados, además de una parte sustancial del gas natural licuado exportado por Catar.

Una interrupción total no sería necesaria para provocar daños. Bastaría con aumentar el riesgo percibido, elevar el coste de los seguros marítimos y obligar a las navieras a modificar rutas. La consecuencia es clara: el precio de la energía subiría antes incluso de que se produjera una escasez física.

Este hecho revela la sofisticación de la estrategia iraní. Teherán no necesita cerrar formalmente el estrecho. Puede mantener la incertidumbre mediante maniobras militares, incautaciones de buques o amenazas calibradas.

Los hutíes como fuerza de presión

El otro frente se encuentra en Yemen. Los hutíes, aliados de Irán, han pasado de ser una milicia insurgente a ejercer como gobierno de facto sobre buena parte del país. Temprano estima que su capacidad de movilización podría alcanzar hasta 500.000 hombres, aunque su fuerza operativa efectiva sería sensiblemente menor.

Su influencia estratégica, sin embargo, no depende solo del número de combatientes. El control de zonas próximas al mar Rojo les permite atacar buques comerciales y amenazar una ruta esencial para el comercio entre Asia y Europa.

Los ataques selectivos ya han obligado a numerosas compañías a bordear África. Ese desvío puede añadir entre 10 y 15 días a determinados trayectos y elevar los costes logísticos, con efectos directos sobre materias primas, bienes industriales y precios al consumidor.

El petróleo como arma electoral

Temprano sitúa parte de la estrategia iraní en el calendario político estadounidense. Un barril sostenido por encima de los 100 dólares encarecería los carburantes, dificultaría nuevas bajadas de tipos y reduciría la renta disponible de las familias.

El impacto sería especialmente sensible para Donald Trump antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato previstas para el 3 de noviembre de 2026. Una inflación energética persistente podría desgastar a la Casa Blanca y alterar el equilibrio del Congreso.

El diagnóstico es inequívoco: Irán tiene incentivos para prolongar la tensión sin cruzar el umbral de una guerra abierta. Cada semana de incertidumbre aumenta la factura económica occidental y reduce la urgencia de Teherán por cerrar un acuerdo diplomático.

Arabia Saudí frena los Acuerdos de Abraham

La posible incorporación de Arabia Saudí a los Acuerdos de Abraham continúa siendo uno de los grandes objetivos estratégicos de Washington. Sin embargo, la guerra en Gaza ha reducido drásticamente el margen político de Riad.

Una normalización inmediata con Israel sería difícil de asumir para la opinión pública saudí y tendría un fuerte impacto en el conjunto del mundo árabe. La monarquía necesita preservar su papel como custodio de los lugares sagrados del islam y evitar que Irán se presente como el único defensor de la causa palestina.

Por eso, cualquier avance diplomático exigirá concesiones visibles sobre Gaza y alguna fórmula creíble para el futuro político palestino. Sin esos elementos, el pacto seguirá aplazado.

Una negociación condicionada por el Congreso

La escalada no implica necesariamente que Irán busque una confrontación total. Al contrario, su estrategia parece orientada a mejorar su posición negociadora. El régimen puede combinar presión marítima, actividad de sus aliados regionales y avances nucleares controlados para obligar a Washington a pagar un precio mayor por cualquier acuerdo.

Lo más grave es que esta dinámica aumenta el riesgo de error de cálculo. Un ataque con víctimas estadounidenses, una represalia desproporcionada o un incidente en Ormuz podrían desencadenar una espiral difícil de contener.

Hasta noviembre, Teherán tiene pocos incentivos para acelerar las conversaciones. El equilibrio del Congreso determinará la fortaleza política de Trump y, con ella, las condiciones de una eventual negociación. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz seguirá siendo la amenaza más rentable del arsenal iraní.

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