Los hutíes alcanzan con un bazooka a dos pretroleros saudíes y desatan el caos: barril de petróleo, a más de 100 dólares

Los soldados de Irán
Los soldados de Irán

El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una nueva fase que ya no afecta únicamente a instalaciones militares o territorios de Oriente Medio. La tensión ha alcanzado directamente a las principales rutas marítimas utilizadas para transportar petróleo hacia Europa y Asia.

Los hutíes de Yemen, alineados con Irán, aseguran haber atacado dos petroleros saudíes en el mar Rojo como parte de un bloqueo naval dirigido contra Arabia Saudí. Uno de los buques, el Encelia, llegó a incendiarse, aunque su tripulación resultó ilesa, mientras que el segundo fue identificado como el Layla.

La situación ha provocado una fuerte reacción en los mercados. El contrato del Brent superó los 100 dólares por barril durante la jornada posterior a los ataques, después de subir aproximadamente un 7 %, mientras algunas variedades físicas de crudo llegaron a acercarse a los 110 dólares.

El peligro no reside únicamente en los dos barcos alcanzados. Lo verdaderamente preocupante es que el conflicto amenaza ahora dos de los principales cuellos de botella del comercio energético mundial.

Dos petroleros saudíes atacados en el mar Rojo

Los hutíes reivindicaron los ataques contra los buques Encelia y Layla, a los que acusaron de incumplir el bloqueo marítimo anunciado contra Arabia Saudí. El grupo controla zonas de Yemen próximas al estrecho de Bab el-Mandeb, la entrada meridional al mar Rojo.

La afirmación que resume la nueva situación es directa: “Esta vez los barcos ya han sido alcanzados”.

Los ataques se producen mientras Arabia Saudí utiliza sus terminales del mar Rojo para tratar de mantener las exportaciones de crudo ante las dificultades existentes en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.

Dos superpetroleros chinos consiguieron atravesar Bab el-Mandeb transportando conjuntamente unos cuatro millones de barriles de crudo saudí, pero el tráfico marítimo en la zona se redujo considerablemente después de las amenazas hutíes.

Otras navieras ya han comenzado a modificar sus rutas. El petrolero danés Torm Innovation, cargado con 500.000 barriles de nafta saudí destinados a Japón, decidió evitar el sur del mar Rojo y navegar alrededor del cabo de Buena Esperanza por motivos de seguridad.

Qué es el estrecho de Bab el-Mandeb

Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Se encuentra entre Yemen, al noreste, y Yibuti y Eritrea, en el Cuerno de África.

Su anchura es de apenas unos 29 kilómetros en su punto más estrecho, por lo que el tráfico se concentra en canales muy limitados. Es la vía que permite a los barcos acceder al canal de Suez sin tener que rodear todo el continente africano.

En 2024 pasaron por esta ruta alrededor de 4.100 millones de barriles de petróleo crudo y productos refinados, aproximadamente el 5 % del volumen mundial.

El problema es que Bab el-Mandeb estaba actuando como una de las alternativas disponibles ante las dificultades en el estrecho de Ormuz.

Como señala el contenido de partida, “si Hormuz está comprometido y ahora también peligra el mar Rojo, el petróleo empieza a quedarse sin salidas rápidas”.

No significa que el crudo no pueda transportarse. Existen oleoductos, terminales alternativas y la posibilidad de rodear África. Pero todos esos desvíos consumen más tiempo, combustible y capacidad marítima.

Hormuz ya se encontraba bajo una fuerte presión

El estrecho de Ormuz es la salida natural del golfo Pérsico, donde se encuentran algunos de los mayores productores mundiales de petróleo y gas.

El tráfico por esta ruta ha quedado muy limitado desde la reanudación del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Esto ha obligado a Arabia Saudí y otros exportadores a buscar alternativas a través de oleoductos y puertos situados en el mar Rojo.

La amenaza hutí sobre Bab el-Mandeb compromete precisamente esa segunda vía.

La posibilidad de que los dos estrechos queden simultáneamente bloqueados o resulten demasiado peligrosos para las navieras representa un escenario mucho más grave que la interrupción aislada de una sola ruta.

Los mercados no esperan necesariamente a que se produzca un cierre completo. El simple riesgo de ataques eleva los seguros, encarece los fletes, reduce el número de barcos dispuestos a navegar y obliga a las compañías a contratar recorridos más largos.

Trump promete un castigo militar

El presidente estadounidense, Donald Trump, respondió a los ataques prometiendo un “importante castigo militar” contra Irán y sus aliados hutíes.

La amenaza llegó mientras las Fuerzas Armadas estadounidenses mantenían sus bombardeos contra objetivos iraníes por decimotercera noche consecutiva, tras el fracaso del último intento de tregua. Irán respondió con nuevos ataques contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos en países vecinos.

El discurso que rodea esta escalada puede resumirse en otra frase del contenido original: “La mecha acaba de volver a encenderse”.

Sin embargo, el conflicto no se había extinguido completamente. Lo sucedido es una ampliación del frente marítimo y energético, con la entrada más directa de los hutíes y el aumento del riesgo para las exportaciones saudíes.

La intervención militar prometida por Trump podría reducir la capacidad de ataque hutí, pero también podría provocar nuevas represalias sobre barcos, puertos, bases o infraestructuras petroleras.

El Brent vuelve a superar los 100 dólares

Los mercados reaccionaron inmediatamente a la nueva amenaza.

El contrato de septiembre del Brent llegó a cerrar en 100,69 dólares por barril, con una subida diaria del 7 %. El West Texas Intermediate estadounidense avanzó hasta los 92,19 dólares, un 6,2 % más.

En el mercado físico, donde se negocian cargamentos concretos de petróleo, las subidas fueron todavía mayores. El Brent de referencia alcanzó los 105,70 dólares y el crudo Forties del mar del Norte llegó a aproximadamente 108,77 dólares por barril.

Los futuros moderaron posteriormente parte de las ganancias, pero cerraron la semana con aumentos muy significativos. El Brent acumuló una subida semanal próxima al 10 %, mientras el WTI avanzó más de un 8 %.

La diferencia entre los precios de los futuros y los cargamentos físicos demuestra que determinados compradores están pagando una prima para asegurarse suministros inmediatos.

Por qué sube el petróleo antes de que falte físicamente

El precio del crudo no refleja únicamente los barriles que faltan hoy. También incorpora las expectativas sobre lo que puede ocurrir durante las próximas semanas.

Cuando una naviera decide evitar el mar Rojo y rodear África, el viaje puede alargarse varias semanas. El mismo barco tarda más en entregar su carga y también más en quedar disponible para realizar un nuevo transporte.

Esto reduce de forma efectiva la capacidad mundial de transporte, incluso aunque el volumen de petróleo producido no cambie.

También suben:

  • Los seguros marítimos.
  • El precio de los fletes.
  • El combustible consumido por los barcos.
  • Los costes de protección y seguridad.
  • Las primas exigidas por los vendedores.
  • El valor de las entregas inmediatas.

Arabia Saudí ya está ofreciendo a algunos compradores rutas alternativas mediante la terminal egipcia de Sidi Kerir, mientras las refinerías asiáticas buscan suministros procedentes de otras regiones.

El impacto puede llegar rápidamente a los carburantes

La subida del crudo no se traslada de manera automática ni idéntica al precio pagado en las estaciones de servicio.

El coste final de la gasolina y el diésel también depende del tipo de cambio, los márgenes de refino, la logística, la demanda, la competencia y los impuestos.

Sin embargo, un petróleo situado de manera sostenida por encima de los 100 dólares aumenta claramente la presión sobre los combustibles.

El contenido lo advierte de esta forma: “La factura no solo queda en el petróleo, llega al combustible”.

Las refinerías deben pagar más por su materia prima y también pueden encontrar dificultades para obtener determinados tipos de crudo. Si además suben los gastos marítimos, el encarecimiento se extiende a toda la cadena.

El efecto no tiene por qué aparecer de un día para otro, pero puede comenzar a reflejarse progresivamente si los precios elevados se mantienen.

Del transporte a los alimentos

El petróleo continúa siendo un coste fundamental para la economía, incluso en países que han aumentado su utilización de energías renovables.

Los camiones, barcos, aviones, maquinaria agrícola y una parte importante de la industria dependen directamente de productos derivados del crudo.

Cuando aumenta el precio del combustible, transportar mercancías cuesta más. Las compañías pueden absorber inicialmente una parte mediante la reducción de sus márgenes, pero si la situación persiste terminan trasladando el incremento a sus clientes.

El encarecimiento puede afectar a:

  • Distribución de alimentos.
  • Transporte de mercancías.
  • Billetes de avión.
  • Plásticos y productos químicos.
  • Fertilizantes y agricultura.
  • Construcción y maquinaria.
  • Producción industrial.
  • Servicios de reparto y logística.

Por eso el vídeo señala que la subida “llega al transporte, llega a los alimentos, llega a los márgenes empresariales y finalmente al conjunto de la inflación”.

La intensidad y velocidad de ese efecto dependerán de cuánto dure la crisis. Un repunte breve puede tener un impacto limitado. Un petróleo situado durante meses por encima de los 100 dólares podría complicar la reducción de la inflación y las decisiones de los bancos centrales.

¿Existe riesgo de escasez mundial?

Por ahora no se ha producido un bloqueo completo y simultáneo de Hormuz y Bab el-Mandeb.

Los barcos continúan atravesando ambas zonas, aunque en menor número y con mayores precauciones. También existen reservas estratégicas, rutas terrestres y productores capaces de aumentar o redirigir parte de sus exportaciones.

Además, una subida muy intensa del precio puede reducir la demanda y hacer rentables suministros alternativos procedentes de otras regiones.

Sin embargo, el riesgo ha aumentado porque dos interrupciones relacionadas pueden producirse al mismo tiempo. Las rutas no funcionan de manera independiente: cerrar Hormuz desplaza más volumen hacia el mar Rojo y amenazar Bab el-Mandeb reduce precisamente la utilidad de esa alternativa.

No es necesario que desaparezca una cuarta parte del suministro mundial para provocar problemas. Basta con que una fracción relevante quede retrasada, encarecida o resulte incierta para que las empresas comiencen a competir por los cargamentos disponibles.

La barrera psicológica de los 100 dólares

Los 100 dólares no constituyen una frontera económica exacta, pero sí tienen un gran peso psicológico y político.

Por debajo de ese nivel, los gobiernos y empresas pueden presentar el encarecimiento como una fase temporal. Cuando el crudo lo supera y permanece allí, aumenta la preocupación por los carburantes, el consumo y la inflación.

El contenido plantea como referencia la posibilidad de un “petróleo sistémico por encima de los 100 dólares”.

La palabra importante es “sistémico”. Una subida puntual causada por el miedo puede corregirse rápidamente si aparece una tregua. Un precio consolidado por encima de los 100 dólares indicaría que el mercado considera que la interrupción tendrá una duración suficiente para alterar las cadenas de suministro.

Por el momento existen ambas posibilidades: una escalada prolongada o una rápida corrección si se recuperan las negociaciones y disminuye el riesgo marítimo.

Cuidado con convertir la crisis en una recomendación de inversión

El contenido concluye recomendando “tener parte de exposición a todo esto que pudiera estar subiendo de precio en los próximos meses”.

La idea se refiere previsiblemente a petróleo, materias primas, empresas energéticas u otros activos que podrían beneficiarse de una subida del crudo.

Sin embargo, una crisis geopolítica no garantiza rentabilidad.

El petróleo puede subir violentamente ante una amenaza y desplomarse con la misma rapidez después de un acuerdo diplomático, la liberación de reservas estratégicas o una recuperación de las rutas marítimas.

También es posible que las empresas petroleras no evolucionen exactamente igual que el precio del barril. Influyen sus costes, impuestos, inversiones, deuda y exposición a cada región.

Por tanto, la evolución de Oriente Medio puede ser relevante para una cartera, pero no debería convertirse por sí sola en una orden automática de compra.

La evolución del petróleo dependerá de varios acontecimientos inmediatos. El primero será comprobar si los hutíes mantienen su bloqueo y consiguen atacar nuevos buques. El segundo será la respuesta militar estadounidense y saudí contra posiciones en Yemen.

También resultará decisivo el tráfico real a través de Hormuz y Bab el-Mandeb. Si las navieras continúan pasando, aunque con precaución, la presión puede estabilizarse. Si comienzan a retirarse en masa, el precio podría volver a subir con fuerza.

Los mercados también observarán posibles mediaciones, el nivel de las reservas estratégicas y la capacidad de productores de otras regiones para aumentar sus entregas.

El conflicto ya ha salido del campo de batalla

La nueva escalada demuestra que una guerra regional puede afectar al resto del mundo sin que los países consumidores participen directamente en ella.

Dos ataques contra petroleros han sido suficientes para disparar el precio del crudo, modificar rutas marítimas y aumentar la preocupación por la inflación global.

La frase “el petróleo empieza a quedarse sin salidas rápidas” no significa que el suministro mundial haya quedado completamente bloqueado. Significa que las rutas más cortas, baratas y eficientes están siendo amenazadas simultáneamente.

Mientras Ormuz continúe bajo presión y Bab el-Mandeb deje de considerarse una alternativa segura, cada nueva amenaza de Trump, ataque hutí o bombardeo estadounidense podrá reflejarse en el precio del barril.

El petróleo ya ha superado los 100 dólares. La verdadera cuestión ahora es si se trata de un pico temporal provocado por el miedo o del comienzo de una etapa prolongada de energía cara, transporte más costoso y nuevas presiones inflacionistas.

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