La inflación británica se atasca en el 2,8% y complica los tipos
El IPC británico se mantiene estable en mayo, pero el transporte, los servicios y la energía siguen marcando el riesgo para el Banco de Inglaterra.
El Reino Unido ha evitado, por ahora, una nueva sorpresa inflacionista.
La tasa anual del IPC se mantuvo en el 2,8% en mayo, sin cambios respecto a abril, mientras los precios avanzaron apenas un 0,2% mensual.
El dato ofrece alivio político y monetario, pero no elimina el problema de fondo: la inflación sigue por encima del objetivo del Banco de Inglaterra.
Lo más relevante es que la estabilidad del índice general oculta una tensión interna creciente: el transporte sube con fuerza, los servicios repuntan y la alimentación contiene el golpe.
El dato que compra tiempo
La Oficina Nacional de Estadística británica confirma que el IPC se situó en el 2,8% interanual, mientras el CPIH —la medida que incorpora los costes de vivienda de los propietarios— avanzó un 3%. Ambos registros permanecen sin cambios frente a abril, un resultado mejor de lo que temía parte del mercado.
La lectura inmediata es clara: el Banco de Inglaterra gana margen. Sin embargo, el diagnóstico no permite triunfalismos. La inflación continúa ocho décimas por encima del objetivo del 2%, y el comportamiento de los componentes más persistentes sugiere que la desinflación británica no está plenamente asegurada.
Transporte al alza
El elemento más inquietante está en el transporte. Esta división registró una inflación anual del 6,8%, frente al 4,5% de abril, su mayor tasa desde diciembre de 2022. El repunte se explica por billetes de avión, combustibles, tarifas marítimas y el efecto estadístico de cambios en el impuesto de circulación.
El dato revela una vulnerabilidad conocida: Reino Unido sigue expuesto a los shocks energéticos y logísticos. El precio medio de la gasolina alcanzó 157,4 peniques por litro, el nivel más alto desde noviembre de 2022. En una economía muy sensible al coste del transporte, el riesgo de segunda ronda no desaparece.
La comida contiene el golpe
El contrapeso llegó de alimentos y bebidas no alcohólicas. Su inflación cayó del 3% al 2,2%, el nivel más bajo desde diciembre de 2024. Además, en términos mensuales, los precios bajaron un 0,1%, frente al aumento del 0,7% registrado un año antes.
Este hecho revela una mejora real para los hogares, aunque parcial. Carne, lácteos, verduras y pescado ayudaron a suavizar el índice general. Sin embargo, una cesta menos presionada no equivale a precios bajos: significa que suben menos. Para muchas familias británicas, el deterioro acumulado desde 2021 sigue intacto.
Servicios: la señal incómoda
El componente que más preocupa a los bancos centrales no es la comida ni la energía, sino los servicios. Y ahí el informe deja una señal incómoda: la inflación de servicios del IPC subió del 3,2% al 3,7%, mientras la inflación subyacente avanzó del 2,5% al 2,6%.
La consecuencia es clara. Aunque el titular se mantenga estable, el corazón de la inflación no se ha rendido. Salarios, hostelería, transporte de pasajeros y costes empresariales continúan trasladándose a precios finales. Para Threadneedle Street, esto complica cualquier lectura demasiado complaciente.
Comparación europea
El contraste con Europa resulta menos demoledor que hace meses. Según la ONS, la inflación británica del 2,8% se situó en mayo en línea con la estimación preliminar de Francia y ligeramente por encima de Alemania, en el 2,7%.
Reino Unido ya no aparece como una anomalía inflacionista extrema, pero tampoco como una economía plenamente normalizada. La vivienda, los servicios y el transporte siguen pesando más de lo deseable. En términos políticos, el Gobierno puede vender estabilidad; en términos económicos, la lectura es más austera.
Qué vigila ahora el mercado
El mercado observará tres variables: energía, salarios y decisiones del Banco de Inglaterra. Si el petróleo vuelve a tensionarse, el transporte puede arrastrar de nuevo el índice. Si los salarios mantienen presión, los servicios seguirán lejos del objetivo. Y si el banco central se precipita, podría alimentar una inflación aún demasiado pegajosa.
El dato de mayo no es una victoria definitiva. Es una tregua. Reino Unido ha logrado esquivar un repunte del IPC, pero lo ha hecho gracias a una compensación frágil: alimentos más moderados frente a transporte más caro. La inflación ya no acelera, pero tampoco ha desaparecido.