Irán rechaza el plan de EEUU y mantiene cerrado Ormuz
Teherán condiciona la reapertura completa del estrecho al final de la guerra, mientras Washington asegura que existe margen para negociar.
Irán ha rechazado la última propuesta estadounidense para normalizar la navegación por el estrecho de Hormuz y sostiene que la ruta no recuperará su funcionamiento pleno mientras continúe la guerra. La información, difundida por el canal libanés Al-Mayadeen y atribuida a una fuente iraní anónima, no ha sido confirmada oficialmente por Washington ni por el Gobierno de Teherán.
La negativa contrasta con el mensaje optimista lanzado por Donald Trump, que anunció nuevas conversaciones y suspendió una operación militar prevista contra Irán. Los mercados han reaccionado con alivio, pero el bloqueo diplomático continúa. Hormuz vuelve a convertirse así en el principal instrumento de presión iraní y en una amenaza directa para el suministro energético mundial.
Una propuesta sin acuerdo oficial
La versión difundida por Al-Mayadeen sostiene que Estados Unidos habría aceptado mantener cerrada la vía marítima meridional del estrecho. Teherán, sin embargo, habría considerado insuficiente esa concesión y exigido que las restricciones continúen hasta el final completo de las hostilidades.
El problema es la ausencia de documentación oficial. Ni el Departamento de Estado ni el Ministerio iraní de Exteriores han confirmado públicamente esos términos. La información procede de una fuente sin identificar y debe interpretarse dentro de una intensa batalla comunicativa.
Lo que sí ha reconocido Irán es la existencia de negociaciones con Omán para establecer un corredor comercial temporal. El portavoz iraní Esmail Baghaei ha insistido en que esas conversaciones son bilaterales y no implican una negociación directa con Washington.
Hormuz como arma económica
El estrecho de Hormuz no es únicamente un paso marítimo. Es uno de los puntos más sensibles del sistema energético internacional. Su cierre parcial obliga a petroleros y buques de gas natural licuado a retrasar operaciones, cambiar de ruta o contratar coberturas de riesgo extraordinarias.
El tráfico permanece muy por debajo de los niveles habituales. Según datos publicados por The Wall Street Journal, durante el domingo apenas se registraron nueve tránsitos, una cifra que refleja la parálisis de una ruta esencial para las exportaciones del golfo Pérsico.
La consecuencia es clara: cada jornada de incertidumbre incrementa los costes logísticos, eleva las primas de los seguros marítimos y amenaza con trasladarse al precio de los combustibles, la electricidad y el transporte internacional.
El giro de Washington
Trump anunció que había cancelado una ofensiva militar de gran escala después de recibir peticiones de varios países del Golfo para abrir una vía diplomática. La Casa Blanca asegura que las conversaciones deben permitir la reapertura de Hormuz, frenar los ataques regionales y abordar el programa nuclear iraní.
Teherán ofrece una lectura distinta. Baghaei ha negado que existan negociaciones directas con Estados Unidos y ha limitado los contactos reconocidos al diálogo con Omán. Las dos partes discrepan incluso sobre si la negociación estadounidense ha comenzado realmente.
Este hecho revela la fragilidad del proceso. Washington necesita presentar avances rápidos; Irán pretende evitar que cualquier reapertura sea interpretada como una rendición ante la presión militar.
Omán gana peso estratégico
Omán vuelve a ocupar el centro de la diplomacia regional. Su posición geográfica y su tradicional capacidad de interlocución con Teherán y Washington lo convierten en el mediador natural para diseñar un mecanismo de tránsito.
Las propuestas conocidas incluyen la creación de corredores de ida y vuelta, la gestión conjunta de determinados servicios marítimos y una posible redistribución del tráfico. Irán rechaza, no obstante, regresar al sistema anterior a la guerra y exige mantener capacidad de control sobre parte de las rutas.
Teherán también se opone a que fuerzas extranjeras dirijan las operaciones de desminado. El control de Hormuz se ha convertido en una cuestión de soberanía y de victoria política, no solamente en un problema de seguridad naval.
El petróleo anticipa una tregua
Los mercados energéticos han apostado, por ahora, por la desescalada. El barril de Brent cayó un 5,7%, hasta aproximadamente 82,91 dólares, mientras el West Texas Intermediate retrocedió un 6,9%, hasta 78,85 dólares.
La reacción refleja la expectativa de que Washington evitará una ofensiva inmediata. Sin embargo, el descenso del crudo no significa que Hormuz haya recuperado la normalidad. Los operadores descuentan una tregua, no un acuerdo estable.
Lo más grave sería una ruptura repentina de los contactos. Un nuevo ataque contra instalaciones energéticas, petroleros o posiciones estadounidenses devolvería rápidamente la prima de riesgo al mercado y podría provocar un repunte abrupto de los precios.
Una paz todavía lejana
La posición iraní vincula el futuro del estrecho al desenlace general de la guerra. Eso amplía la negociación más allá del tráfico marítimo e introduce cuestiones como las sanciones, el bloqueo naval, el programa nuclear, las milicias regionales y la presencia militar estadounidense.
Hormuz funciona así como la principal garantía negociadora de Teherán. Reabrirlo sin obtener contrapartidas equivaldría a renunciar anticipadamente a su instrumento de presión más efectivo.
El diagnóstico es inequívoco: la amenaza inmediata puede haberse reducido, pero el conflicto permanece abierto. Mientras no exista un acuerdo verificable y reconocido por ambas partes, cada anuncio sobre la reapertura del estrecho seguirá expuesto a desmentidos, interpretaciones contradictorias y nuevas escaladas.