Israel amenaza con volver a golpear Irán pese a un pacto nuclear

El ministro israelí de Energía advierte de que ningún acuerdo entre Washington y Teherán limitará la libertad militar de Israel y anuncia un corredor terrestre para reducir el poder iraní sobre las rutas del petróleo.

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Foto de Aaron Ovadia en Unsplash
Israel Foto de Aaron Ovadia en Unsplash

Israel volverá a atacar Irán si Teherán reactiva su programa nuclear, aunque exista un acuerdo previo con Estados Unidos. La advertencia del ministro israelí de Energía, Eli Cohen, eleva la presión sobre unas negociaciones condicionadas por la guerra, el bloqueo del estrecho de Ormuz y la amenaza hutí en el mar Rojo.

El mensaje trasciende el terreno militar. Israel pretende impulsar durante los próximos tres o cuatro años un corredor energético que conecte Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait con el Mediterráneo. El objetivo es inequívoco: reducir la capacidad de Irán y sus aliados para alterar el comercio mundial de hidrocarburos.

Una amenaza sin ambigüedades

Cohen aseguró a Channel 14 que Israel no se considera vinculado por ningún pacto que no garantice plenamente su seguridad. «Si Irán intenta renovar su programa nuclear, lo atacaremos», sostuvo el ministro.

La declaración introduce una dificultad adicional en cualquier negociación entre Washington y Teherán. Incluso si ambas partes alcanzaran un entendimiento sobre enriquecimiento de uranio, inspecciones internacionales o levantamiento de sanciones, Israel conservaría su capacidad de intervenir unilateralmente.

«No estamos comprometidos con ningún acuerdo que no garantice completamente la seguridad de Israel», afirmó Cohen. La frase refleja una doctrina asentada: el Gobierno israelí no delegará en terceros la vigilancia de las instalaciones nucleares y balísticas iraníes.

El pacto que Israel no aceptará

La posición israelí supone, en la práctica, que un futuro acuerdo necesitaría algo más que compromisos diplomáticos. Jerusalén exigiría mecanismos de control verificables, límites estrictos al enriquecimiento y garantías sobre el programa de misiles.

Cohen ya había defendido anteriormente que Israel actuaría incluso después de la firma de un pacto entre Estados Unidos e Irán. La continuidad del mensaje demuestra que no se trata de una amenaza improvisada, sino de una línea estratégica sostenida en el tiempo.

Lo más grave para Teherán es que la advertencia llega cuando el conflicto regional ha convertido las infraestructuras energéticas en objetivos militares y herramientas de presión. El programa nuclear ha dejado de ser el único punto de fricción: las rutas marítimas y la capacidad iraní de bloquear exportaciones también ocupan el centro de la confrontación.

Ormuz, la gran palanca iraní

El estrecho de Ormuz constituye una de las principales vías de salida del petróleo y el gas producido en el golfo Pérsico. Su bloqueo o funcionamiento parcial multiplica los costes de transporte, eleva las primas de los seguros marítimos y amenaza el suministro energético de Europa y Asia.

Israel sostiene que la dependencia de este paso concede a Irán una capacidad de presión desproporcionada. Cualquier alteración del tránsito por la zona puede provocar fuertes subidas de los precios energéticos y aumentar la volatilidad en los mercados internacionales.

El diagnóstico israelí es inequívoco: mientras los países del Golfo necesiten transportar sus exportaciones por Ormuz, Teherán conservará una herramienta económica tan importante como sus misiles. De ahí que la alternativa terrestre se haya convertido en una prioridad política.

Un corredor hacia el Mediterráneo

El proyecto planteado por Cohen conectaría Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait con territorio israelí, desde donde el petróleo y el gas podrían dirigirse hacia puertos del Mediterráneo y posteriormente a Europa.

La infraestructura permitiría evitar simultáneamente dos puntos críticos: el estrecho de Ormuz, bajo amenaza iraní, y Bab el-Mandeb, condicionado por los ataques de los hutíes contra la navegación comercial. Israel calcula que esta red podría adquirir relevancia operativa en un horizonte de tres a cuatro años.

Sin embargo, el plan requeriría inversiones multimillonarias, acuerdos regulatorios y una cooperación política difícil de garantizar. Arabia Saudí mantiene relaciones discretas con Israel, pero la normalización diplomática continúa condicionada por el conflicto palestino y por la estabilidad regional.

Europa entra en la ecuación

La propuesta también responde a una necesidad europea. Las interrupciones marítimas han demostrado que la seguridad energética no depende únicamente de disponer de proveedores, sino de mantener abiertas las rutas que conectan los yacimientos con los consumidores.

Un enlace terrestre con el Golfo ofrecería una vía adicional para transportar crudo y posiblemente gas hacia el Mediterráneo. No sustituiría por completo a las rutas marítimas, pero reduciría la exposición ante bloqueos prolongados y ataques contra buques mercantes.

El contraste resulta significativo: mientras Europa intenta diversificar sus importaciones después de sucesivas crisis energéticas, Israel busca convertirse en plataforma logística entre el Golfo y los mercados europeos. El proyecto reforzaría su peso geopolítico y convertiría sus infraestructuras en una pieza estratégica del suministro occidental.

La diplomacia bajo presión militar

La amenaza israelí limita el margen de cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Washington podría aceptar un mecanismo gradual de supervisión, pero Israel exige resultados que impidan de forma permanente la reconstrucción del programa nuclear.

Esta diferencia abre un riesgo evidente: que un pacto diplomático reduzca temporalmente la tensión entre Washington y Teherán, pero no evite una nueva operación israelí. En ese escenario, las instalaciones nucleares, las bases de misiles y las rutas energéticas volverían a quedar expuestas.

La advertencia de Cohen revela que la disputa ya no gira únicamente en torno a centrifugadoras y reservas de uranio. Israel pretende modificar el mapa energético de Oriente Próximo para que, dentro de cuatro años, Irán y los hutíes pierdan buena parte de su capacidad de presión sobre el comercio mundial.

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