ITURRALDE: Trump es el mayor traidor de la historia de EEUU, solo busca el bien de Israel
El analista sostiene que el estrecho de Ormuz, las purgas militares y el rearme europeo responden a un plan “de élites” que empuja a Occidente a una espiral bélica.
El tablero se ha tensado en cuestión de horas. Amenazas sobre el estrecho de Ormuz, “peajes” cobrados por Irán y una Europa que debate su seguridad en plena escalada. En ese contexto, Alberto Iturralde disparó una tesis total: Donald Trump sería “el mayor traidor” de la historia de Estados Unidos y su “America First” habría acabado convertida en “Israel First”.
En una intervención marcada por un tono de denuncia, Iturralde atribuye la dinámica actual a “élites corporativas” que buscarían redibujar Oriente Medio, empujar a Europa a un choque con Rusia y forzar a EEUU a un pulso con China. Una arquitectura —insiste— que no nace del azar, sino de un cálculo de años. Y advierte: lo que viene puede ser peor que lo que ya se ve.
Ormuz como palanca de escasez en Europa
Iturralde sitúa el estrecho de Ormuz como pieza central. A su juicio, a “las élites” les interesa un cierre —o, en el mejor de los casos, un encarecimiento vía “peajes” iraníes— por su impacto inmediato en energía y suministros. Lo plantea como un mecanismo para provocar escasez de fertilizantes en Europa y abrir la puerta a políticas de excepción.
En esa línea, introduce un elemento que mezcla economía y control: racionamientos alimentarios vinculados a identidades digitales y CBDCs (monedas digitales de bancos centrales). Su argumento es que una crisis de abastecimiento haría socialmente “vendible” un salto regulatorio y tecnológico que, de otro modo, generaría rechazo. El cierre de Ormuz, por tanto, no sería un “accidente” geopolítico, sino un acelerador de decisiones en Bruselas y capitales europeas.
El “Gran Israel” como relato estratégico
El segundo pilar de su discurso es el llamado proyecto del “Gran Israel”, entendido como una expansión territorial para asegurar acuíferos, cultivos y fuentes de energía hoy fuera del perímetro israelí. Iturralde lo enlaza con un objetivo operativo: “lanzar a Irán” contra las monarquías del Golfo para degradarlas hasta volverlas inviables con el tiempo, sobre todo si el conflicto golpea infraestructuras civiles.
Sostiene además que las monarquías no tendrían margen para “cambiar de bando” por su dependencia financiera de Estados Unidos: si lo hicieran, se construiría un relato de “regímenes terroristas” y se activarían congelaciones de activos. El efecto dominó, según su visión, sería doble: Oriente Medio se reordena por la fuerza y Europa paga el coste vía precios, inflación importada y escasez. Un shock perfecto para empujar nuevas dependencias.
Trump, entre el descrédito político y la trampa bélica
Iturralde describe a Trump como un actor atrapado: atacar o no atacar le desgasta. Si Ormuz se encarece o se cierra, lo interpreta como “una derrota” para el expresidente, porque el estrecho estaba “abierto antes de la guerra” y ahora hay fricción, costes y humillación estratégica. En paralelo, sugiere que Trump intenta frenar o posponer el conflicto por cálculo electoral, mencionando las midterms y el calendario político.
En su relato, Netanyahu habría forzado el ritmo porque tendría elecciones en octubre, y Trump quedaría “enganchado” a una dinámica que no controla. El pasaje más grave mezcla geopolítica y chantaje personal: Iturralde insinúa presiones ligadas al caso Epstein. No aporta pruebas ni detalles verificables, pero usa esa hipótesis para explicar el “malabarismo” del expresidente. El diagnóstico que lanza es inequívoco: Trump no conduce la crisis; la sigue.
Purgas en el Ejército y la sombra de crímenes de guerra
La destitución del secretario de Marina y los movimientos internos en el estamento militar encajan, para Iturralde, en una “purga” relacionada con órdenes que algunos generales no aceptarían. Su tesis: en EEUU un general que renuncia pierde derechos, por lo que —según él— “tiene que ser echado”. Y el motivo de fondo sería la negativa de mandos con “honor” a participar en ataques que impliquen víctimas civiles.
“Ahora necesitan bombardear zonas civiles en Irán porque es la única manera de que Irán ataque a los países del Golfo en infraestructuras civiles y se hagan inhabitables con el tiempo”, sostiene. A partir de ahí anticipa más ceses. El elemento clave no es solo el mando militar, sino la cadena política que, en su visión, empuja a cruzar líneas rojas para lograr una reacción en cadena. Si la hipótesis es correcta, el coste reputacional para Washington sería masivo.
Europa, el “tontito útil” frente a Rusia
Iturralde conecta el rearme europeo con el objetivo de debilitar a Rusia. Interpreta los mensajes sobre crear “el ejército más poderoso” del continente como el preludio de una arquitectura defensiva que, en la práctica, terminaría enviando europeos “a morir” en un escenario de choque con Moscú. Asegura que EEUU “no se va a jugar el tipo por Europa” y plantea incluso una salida escenificada de la OTAN por razones relacionadas con Turquía.
Su lectura incluye una dinámica económica previa: empobrecer a la población antes de empujarla a aceptar la guerra como inevitabilidad. No ofrece cifras europeas, pero sí coloca un número como símbolo del desgaste estadounidense: 38 billones de deuda soberana, que asocia a transferencias hacia corporaciones, complejo militar-industrial y rescates bancarios. La consecuencia, dice, se ve en infraestructuras deterioradas y en un país vaciado desde dentro mientras financia la proyección exterior.
España, polarización y el factor Marruecos
El tramo final introduce a España como pieza lateral en una partida mayor. Iturralde critica a “palmeros” políticos y afirma que el debate público europeo penaliza el escepticismo tildándolo de “conspiranoico”. En ese marco, afirma que Pedro Sánchez “no es mejor”, sino que jugaría “otro plan”, incluso con un choque “falso” con EEUU para facilitar un escenario: una hipotética invasión de Ceuta y Melilla por Marruecos, presentada después ante la opinión pública estadounidense como razón para no ayudar a España.
El discurso se cierra con una advertencia de escalada: el conflicto en Oriente Medio, el desgaste de Rusia mediante Europa y la presión sobre China serían dos guerras y tres rivales dentro de una misma lógica de poder. Iturralde asegura haber “abierto los ojos” hace dos semanas tras escuchar a un analista llamado Yan Suekin, y remata con un mensaje directo al espectador: el fin de semana será “movidito” y, cuando el polvo se asiente, muchos verán “mucha luz” en lo que hoy suena excesivo.