Los mercados miran al metal y a la geopolítica

El oro supera 5.100 y el Ibex 35 avanza un 0,8%

Economía al día

La jornada arranca con los metales preciosos marcando niveles sin precedentes y con la Casa Blanca volviendo a utilizar los aranceles como arma política. El oro supera por primera vez los 5.100 dólares la onza y la plata roza los 107 dólares, en un contexto de volatilidad que mezcla tensiones comerciales, crisis migratoria en Minneapolis y presión de Washington para forzar concesiones territoriales de Ucrania a Rusia. Al mismo tiempo, el gas natural estadounidense vive un rally histórico tras una ola de frío que ha puesto al límite la red energética de 67 millones de personas, mientras Bruselas y Nueva Delhi ultiman un acuerdo de libre comercio llamado a reconfigurar las cadenas de suministro europeas. Los índices bursátiles aguantan, pero lo hacen apoyados precisamente en ese refugio dorado y en la expectativa de unos resultados empresariales que tendrán que convencer a un mercado cada vez más nervioso.

Protagonismo total del oro y la plata

El movimiento más llamativo de la sesión se produce en los metales preciosos. El oro encadena una nueva subida cercana al 1% en el mercado al contado, consolidándose por encima de los 5.100 dólares tras el hito alcanzado en la sesión previa. La plata, por su parte, se mantiene pegada a máximos históricos en torno a los 107 dólares, con una revalorización acumulada en el año que muchos analistas sitúan ya por encima del 40%.

Las razones van mucho más allá de la mera especulación. La combinación de política comercial errática de Donald Trump, incertidumbre sobre el conflicto en Ucrania y crecientes dudas sobre el crecimiento en China ha llevado a los grandes fondos a reforzar posiciones en activos refugio. Como resume un gestor de renta fija europeo, «los metales son hoy el único activo que no depende de una firma política que pueda romperse de un día para otro».

La subida se produce, además, en un contexto de dólar relativamente débil, con el índice DXY en torno a 97 puntos, apenas un 0,06% al alza en la sesión, lo que abarata las compras de oro para el resto del mundo. El resultado es un mercado en el que cualquier dato geopolítico se traduce casi de inmediato en nuevas entradas de capital hacia el metal dorado.

Un nuevo frente arancelario con Corea del Sur

Mientras los inversores se refugian en el oro, la Casa Blanca abre otro frente en la guerra comercial. El presidente Trump ha anunciado un aumento de 10 puntos porcentuales en los aranceles a los productos de Corea del Sur, que pasarán del 15% al 25% para sectores clave como el automóvil, los productos farmacéuticos o la madera. El argumento oficial: Seúl no habría cumplido el acuerdo comercial firmado en julio de 2025 y todavía pendiente de ratificación parlamentaria.

El mensaje de la Administración es claro. Se habla de aranceles “recíprocos”, pero en los mercados se interpreta como una nueva vuelta de tuerca en la estrategia de presión a los socios asiáticos, justo cuando crece la preocupación por el avance tecnológico de China y por la competencia en vehículos eléctricos. Este hecho revela hasta qué punto la política comercial estadounidense se ha convertido en una variable difícil de anticipar para las multinacionales.

Los fabricantes europeos observan de reojo. Un endurecimiento prolongado de las condiciones para los productos coreanos puede alterar las cadenas de suministro globales y encarecer componentes esenciales para la industria del motor y la electrónica en el Viejo Continente. La consecuencia es clara: más tensión inflacionista en un momento en que los bancos centrales siguen intentando dar por cerrada la crisis de precios.

Desescalada tensa en Minnesota

En el frente interno, Trump trata de contener el coste político de la crisis abierta por las redadas migratorias en Minneapolis, que se saldaron con la muerte de dos ciudadanos estadounidenses. Tras días de protestas y filtración de vídeos muy comprometidos para las fuerzas federales, el presidente ha optado por un tono más conciliador tras hablar con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y con el alcalde de la ciudad, Jacob Frey.

La Casa Blanca se muestra ahora dispuesta a reducir el despliegue de agentes migratorios y ha facilitado la salida del estado de Gregory Bovino, un alto mando de la Patrulla Fronteriza. «Estamos escuchando las preocupaciones de la comunidad y revisando los protocolos», han señalado fuentes de la Administración. Sin embargo, el desgaste ya está hecho: la oposición denuncia una política migratoria “improvisada y letal”, mientras parte del electorado republicano exige mantener la línea dura.

Para los mercados, el episodio es relevante porque reaviva el debate sobre la seguridad jurídica y el clima social en grandes áreas metropolitanas. Las protestas, que han afectado a zonas comerciales estratégicas de Minneapolis, se producen en un contexto en el que el consumo interno estadounidense ya muestra síntomas de fatiga por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

Ucrania, entre líneas rojas y presión de Washington

En el plano internacional, la información más sensible procede de las conversaciones entre Washington y Kiev. Según fuentes citadas por el Financial Times, la Administración Trump habría transmitido a Ucrania que las garantías de seguridad estadounidenses estarán condicionadas a la aceptación de un acuerdo de paz con Rusia que podría implicar la cesión del Donbás.

El esquema sería el siguiente: retirada de tropas ucranianas de la región, desmilitarización parcial y, a cambio, un compromiso de suministro de armamento y apoyo diplomático a largo plazo. El contraste con la posición oficial de Kiev resulta demoledor. El presidente Volodímir Zelenski insiste en que «ninguna cesión territorial puede ser el punto de partida de la negociación», una línea roja que comparten amplios sectores de la sociedad ucraniana y buena parte de los socios europeos.

El diagnóstico es inequívoco: Estados Unidos quiere reducir su exposición directa al conflicto mientras mantiene capacidad de influencia, mientras que la UE teme que un acuerdo precipitado abra la puerta a futuras revisiones de fronteras en el continente. Para los inversores, cualquier atisbo de compromiso sigue traduciéndose en volatilidad en el precio del gas y en las primas de riesgo soberano de Europa del Este.

El eje UE-India se acelera

Frente a la imprevisibilidad de Washington, Bruselas se afana en tejer nuevas alianzas. La Unión Europea y la India se disponen a anunciar un acuerdo de libre comercio tras casi dos décadas de negociaciones intermitentes. El pacto prevé una reducción sustancial de aranceles en sectores como el automóvil, los textiles o los productos farmacéuticos, y se interpreta como un movimiento estratégico para diversificar proveedores y reducir la dependencia tanto de China como de Estados Unidos.

Para India, el acuerdo supone un espaldarazo a su aspiración de convertirse en gran fábrica global en los próximos años. Se estima que sus exportaciones hacia la UE podrían aumentar en torno a un 20% en los primeros tres años, gracias a la rebaja de tasas y a un marco regulatorio más predecible. Para Europa, la gran ganancia reside en el acceso preferente a un mercado de más de 1.400 millones de habitantes y en la posibilidad de atraer inversión india hacia sectores como energías renovables, digitalización y defensa.

Este eje emergente refuerza además la cooperación en seguridad marítima en el Índico y abre la puerta a proyectos conjuntos de infraestructuras que compitan con la Nueva Ruta de la Seda china. Lo más grave, desde la óptica estadounidense, es que evidencia la voluntad europea de construir márgenes de autonomía estratégica ante los bandazos de la política comercial de Trump.

Energía: gas desbocado y red eléctrica al límite

El otro gran protagonista del día es el gas natural estadounidense. Tras dispararse casi un 30% el lunes, los contratos de febrero retroceden este martes hasta los 6,605 dólares por millón de BTU, pero acumulan todavía un alza superior al 117% en solo cinco sesiones, el mayor repunte desde 1990. La causa inmediata es la ola de frío que cubre buena parte del país y que ha obligado a elevar al máximo el uso de calefacción.

La tormenta ha reducido alrededor de un 12% la producción nacional y ha puesto bajo tensión la red eléctrica que abastece a unos 67 millones de personas, especialmente en el Medio Oeste y la Costa Este. Empresas distribuidoras advierten de posibles cortes programados y piden ahorro energético a los hogares, mientras los operadores de futuros tratan de calibrar cuánto durará el episodio.

Para Europa, este rally es un recordatorio incómodo de su propia vulnerabilidad energética. Aunque el llenado de reservas de gas es hoy mucho más holgado que en los años inmediatamente posteriores a la invasión rusa de Ucrania, cualquier shock en el mercado estadounidense repercute en los precios del gas natural licuado que llega a los puertos europeos.

Los índices digieren el riesgo

Con este telón de fondo, los principales índices se mueven con cautela a primera hora de la mañana europea. El SPX se sitúa en torno a los 6.950 puntos, con un avance del 0,50%, mientras que el Nasdaq 100 ronda los 25.700 puntos, ganando un 0,42%. En España, el Ibex 35 abre con tono positivo, cerca de los 17.680 puntos, lo que supone una subida cercana al 0,78%, apoyado en el tirón de los valores ligados a materias primas y banca.

En divisas, el dólar apenas se mueve y el índice DXY suma un discreto 0,06%, mientras que el VIX, conocido como “índice del miedo”, se mantiene en la zona de 16 puntos, aún baja en términos históricos pero con un repunte del 0,37% que refleja la inquietud por los frentes abiertos. En materias primas energéticas, el Brent corrige hasta los 64,5 dólares, un 0,4% a la baja, y el WTI estadounidense se desliza hacia los 60,5 dólares, con una caída del 0,56%.

Incluso el bitcoin se contagia de esta prudencia: el criptoactivo se mantiene en torno a los 88.500 dólares, con un avance muy moderado del 0,16%, lejos de los vaivenes de sesiones anteriores. El diagnóstico general es de mercados en modo espera, pendientes de cifras macro, resultados y, sobre todo, de los próximos movimientos de la Casa Blanca.

27 de enero de 2026

La agenda macro y de resultados del día

En el plano de los datos, la sesión viene cargada. China ha publicado a primera hora las cifras de beneficio industrial, clave para medir la salud del sector manufacturero del que depende buena parte de la demanda mundial de materias primas. En Europa, los inversores estarán atentos a la confianza del consumidor en Francia y a la tasa de paro en España, indicadores decisivos para calibrar la fortaleza del consumo interno y el margen de maniobra de los gobiernos.

Al otro lado del Atlántico, la atención se centra en el empleo privado de ADP, el dato semanal del llamado libro rojo sobre ventas minoristas y los indicadores de confianza del consumidor que publica el Banco Central de EE. UU. Cifras mejores de lo esperado podrían reavivar la narrativa de “economía sobrecalentada” y empujar de nuevo al alza las expectativas de tipos, algo que chocaría con el deseo de los mercados de ver pronto un ciclo sostenido de recortes.

En el terreno corporativo, la sesión viene marcada por los resultados del cuarto trimestre de gigantes como UnitedHealth, UPS, General Motors, RTX, American Airlines o Boeing. Sus cifras ofrecerán una radiografía precisa del estado de sectores clave: sanidad, logística, automoción, defensa y aerolíneas. Lo que digan sus ejecutivos sobre demanda, precios y costes laborales pesará tanto o más que las cuentas en sí. En un momento de máxima sensibilidad geopolítica, cualquier referencia a cambios en las cadenas de suministro o a nuevas incertidumbres regulatorias puede desencadenar movimientos bruscos en bolsa.