La plata salta un 12% y marca un máximo histórico de 115 dólares
La plata encadenó este lunes una sesión histórica al dispararse más de un 12% hasta los 115,08 dólares por onza, un máximo absoluto que consolida su papel como refugio en un entorno de tensión geopolítica creciente. El movimiento se produce después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara a Canadá con imponer aranceles del 100% si Ottawa culmina un acuerdo comercial con China, y en plena reactivación del debate sobre la seguridad en el Ártico y Groenlandia. A ello se suma un factor decisivo: la inminente reunión de la Reserva Federal y el anuncio del próximo presidente del banco central estadounidense, que puede redefinir el horizonte de tipos. En ese cóctel de riesgo, los inversores están dejando un mensaje inequívoco: vuelven a buscar protección en los metales.
Un salto histórico impulsado por la incertidumbre
El movimiento de la plata no es un simple rebote técnico. El metal llegó a subir un 12,48% intradía, hasta los 115,08 dólares por onza, un nivel que hace apenas un año muchos analistas seguían calificando de “escenario extremo”. Según operadores consultados por las grandes mesas de negociación, el volumen negociado en futuros superó en más de un 40% la media de los últimos tres meses, lo que revela la entrada simultánea de dinero especulativo y posiciones de cobertura.
En paralelo, el oro avanzó un 2,22% hasta 5.093,35 dólares, mientras el platino subía un 2,96% hasta 2.852,83 dólares y el paladio se anotaba un fuerte 6,07% hasta 2.138,23 dólares. El diagnóstico es claro: no se trata de un movimiento aislado en un solo activo, sino de una rotación coordinada hacia todo el complejo de metales preciosos.
Tarifa del 100%: la amenaza que enciende los metales
El detonante inmediato ha sido la nueva ofensiva comercial de Trump. La advertencia de imponer aranceles del 100% a Canadá si avanza en un acuerdo de libre comercio con China introduce un elemento de ruptura en una de las relaciones económicas más estables del mundo desarrollado. Estados Unidos y Canadá son socios estructurales en energía, automoción y materias primas; cualquier escalada arancelaria en ese eje se traduce en volatilidad casi automática.
La consecuencia es clara: los inversores descuentan más fricción en el comercio internacional, cadenas de suministro vulnerables y costes más altos para sectores clave. En ese contexto, la plata emerge como un activo doblemente atractivo: refugio financiero y metal industrial con uso en electrónica, energías renovables y defensa.
Además, la amenaza a Canadá llega en un momento en el que los mercados daban por hecho una cierta “normalización” tras años de guerra comercial con China. La reaparición del riesgo arancelario a gran escala rompe ese relato. El contraste con otras regiones, que siguen apostando por acuerdos multilaterales, resulta demoledor para la percepción de estabilidad del bloque norteamericano.
China, Canadá y el Ártico: un nuevo tablero geoeconómico
Lo más grave para los mercados no es solo el tono de la amenaza, sino el mensaje de fondo: el Ártico y Groenlandia vuelven al centro del tablero geoeconómico. El renovado foco en la seguridad y el control de recursos en esa región, con China intentando aumentar su presencia indirecta, introduce una capa adicional de riesgo estratégico.
Las grandes reservas de minerales críticos, rutas marítimas más cortas por el deshielo y potencial energético convierten al Ártico en una zona donde se cruzan los intereses de Estados Unidos, Canadá, Rusia y la propia China. En este contexto, los metales preciosos se benefician como “seguro general” frente a un mapa geopolítico más fragmentado.
Según estimaciones de casas de análisis, cerca del 15% de las compras recientes de plata en los mercados de futuros responden ya a estrategias de cobertura ligadas a escenarios de tensión prolongada entre potencias. “No se trata solo del titular del día; es la sensación de que los grandes bloques están entrando en una fase de rivalidad estructural”, apunta una firma especializada en materias primas.
La Reserva Federal, en el punto de mira de los inversores
Mientras la geopolítica se recalienta, los mercados miran también hacia Washington por un motivo diferente: la próxima reunión de la Reserva Federal y la decisión sobre quién será el nuevo presidente del banco central. Trump ha dejado claro que quiere un perfil más acomodaticio, crítico con las subidas de tipos de los últimos años.
La mera posibilidad de un giro en la Fed alimenta dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, la expectativa de tipos más bajos en el medio plazo podría apoyar a la renta variable y al crédito. Por otro, refuerza la percepción de que el banco central puede estar sometido a una presión política creciente, erosionando su credibilidad. Cuando esa sospecha aparece, los metales preciosos reaccionan casi siempre al alza.
Los operadores empiezan a descontar que la probabilidad de un recorte de tipos en los próximos 6-9 meses ha aumentado, incluso si la inflación se mantiene incómodamente cerca del 3%. En ese escenario, un dólar potencialmente más débil y una política monetaria más flexible encajan con precios de la plata y el oro en niveles muy elevados durante más tiempo.
Oro, platino y paladio: el resto del tablero de metales
Aunque la plata se ha llevado los titulares, el resto del complejo de metales preciosos dibuja un patrón igual de revelador. El oro, con su subida del 2,22% hasta 5.093,35 dólares, consolida un nuevo escalón de precios que habría sido impensable con los tipos en niveles precrisis. La relación oro/plata se ha estrechado hacia el entorno de 44 veces, frente a ratios de 70-80 que se consideraban normales hace apenas unos años, lo que indica un comportamiento especialmente agresivo de la plata.
Platino y paladio, con avances del 2,96% y 6,07% respectivamente, recogen además la parte industrial del miedo: automoción, hidrógeno, electrónica avanzada. Ese movimiento sugiere que el mercado no solo busca refugio; también está apostando por tensiones en cadenas de suministro y políticas industriales más intervencionistas.
El diagnóstico es inequívoco: los metales se han convertido en el barómetro adelantado de la ansiedad global. La pregunta ya no es si los precios son altos, sino cuánto tiempo puede mantenerse este nivel sin provocar ajustes bruscos en otros activos.
Riesgos de burbuja y escenarios para los próximos meses
Con la plata marcando nuevos máximos, el riesgo de que se esté formando una burbuja especulativa empieza a colarse en los informes de varias casas de inversión. En los últimos tres meses, el metal acumula revalorizaciones superiores al 35%, muy por encima de lo que justificarían por sí solos los fundamentales de oferta y demanda.
Sin embargo, reducir el movimiento a pura euforia sería simplificar en exceso. La combinación de incertidumbre geopolítica, dudas sobre la Fed y temores de fragmentación comercial ofrece un suelo sólido para precios altos durante un tiempo. La clave estará en si los flujos hacia productos financieros ligados a la plata —ETFs, futuros y derivados— mantienen el ritmo actual o se desinflan ante cualquier señal de distensión política.
Un escenario plausible para los próximos meses es una alta volatilidad en un rango elevado, con correcciones puntuales del 10%-15% que no alteren la tendencia de fondo mientras no se despejen las incógnitas sobre la política comercial de Estados Unidos y el nuevo rumbo de la Fed.

