Saudí TV: posible pacto para liberar 800 barcos atrapados en Ormuz

La televisión saudí Al-Hadath anticipa un acuerdo “en horas” para reabrir gradualmente el estrecho y rebajar el bloqueo que asfixia el comercio energético.

Buque

Foto de Kurt Cotoaga en Unsplash
Buque Foto de Kurt Cotoaga en Unsplash

Un cuello de botella por el que pasa más de un cuarto del petróleo marítimo mundial se acerca, por fin, a su primer deshielo. Saudi Al-Hadath asegura que el desbloqueo del tránsito de buques varados en el Estrecho de Ormuz podría llegar “en las próximas horas”, con un esquema de reapertura gradual. Lo más grave es lo que queda detrás: meses de atasco, sobrecostes disparados y un precedente de control político sobre la navegación que puede redefinir el riesgo en la región.

Un acuerdo “en horas”, con letra pequeña

La señal llega desde Riad. Al-Hadath, canal estatal saudí, sitúa un “avance” inminente para reactivar el movimiento de los buques varados en Ormuz, supuestamente a través de acuerdos para aliviar el bloqueo a cambio de una reapertura gradual. En el Golfo, la semántica importa: no es lo mismo “abrir” que “permitir pasar”, ni “corredor seguro” que “tránsito condicionado”. Y ese matiz es, precisamente, el que inquieta a navieras y aseguradoras.

La experiencia reciente invita a la cautela. Incluso cuando la presión diplomática aumenta, el tráfico no se normaliza por decreto: la congestión, las inspecciones y la verificación de rutas convierten cualquier desescalada en un proceso por fases. Mientras tanto, cientos de barcos siguen operando como hoteles flotantes con tripulaciones agotadas, consumo adicional de combustible y ventanas de entrega rotas. La consecuencia es clara: aun con acuerdo, el coste económico ya está incorporado y tardará en desinflarse.

Los datos que nadie quiere ver: el petróleo que depende de Ormuz

Ormuz no es un paso simbólico. Es un interruptor físico del mercado energético. En 2024, el flujo de petróleo por el estrecho promedió 20 millones de barriles diarios, el equivalente a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos. Además, el corredor concentró más de una cuarta parte del comercio mundial de crudo por mar y alrededor de un quinto del comercio global de GNL, con Qatar como actor central.

A esto se suma un sesgo geográfico que amplifica el golpe: el 84% del crudo y condensado que transita Ormuz se dirige a Asia; China, India, Japón y Corea del Sur concentran el 69% de esos flujos. El contraste con Europa resulta demoledor: el impacto directo es menor, pero el contagio de precios es inmediato. En un entorno de inflación sensible, cualquier sobresalto en energía se filtra a transporte, alimentos y tipos de interés, aunque el barril no toque máximos.

La economía real del bloqueo: fletes, seguros y costes ocultos

El atasco no solo encarece el petróleo; reconfigura el coste de mover cualquier cosa. Maersk ha llegado a cuantificar el impacto operativo en unos 500 millones de dólares al mes por el aumento de costes de combustible durante la crisis, trasladando parte vía recargos a clientes. Y aun así, el consejero delegado, Vincent Clerc, intentó rebajar el dramatismo: «La reapertura tendría un impacto limitado» en los flujos de carga. Esa frase resume el dilema: el daño principal no es la falta absoluta de mercancía, sino la suma de ineficiencias.

Con más de 800 buques y unas 20.000 personas afectadas por la paralización, las cadenas de suministro se han vuelto impredecibles: escalas saltadas, contenedores fuera de posición y entregas que dejan de ser “just in time”. El mercado lo penaliza rápido: Maersk mantuvo previsiones, pero su acción acusó el golpe en plena incertidumbre inflacionaria. Y las primas de “riesgo de guerra”, una vez reprecificadas, rara vez vuelven al punto de partida a la primera.

El origen de la escalada: control, permisos y una autoridad paralela

Más allá del ruido, el bloqueo ha introducido una idea peligrosa: convertir el estrecho en una ventanilla política. En pleno pulso con Washington, informes citados por CBS señalaban que Teherán habría articulado una “autoridad” para aprobar tránsitos y cobrar peajes, exigiendo a las navieras información detallada sobre propiedad, seguro o tripulación. Es, de facto, un cambio de régimen: del derecho de paso a la autorización administrativa.

El cierre —situado por distintas fuentes entre finales de febrero y principios de marzo— se ha vinculado a la guerra y a la estrategia de presión en la región, con episodios de ataques e incidentes marítimos que han congelado la voluntad de riesgo de los armadores. En paralelo, Arabia Saudí ha presionado para rebajar la tensión, consciente de que la crisis no distingue banderas cuando el mercado de seguros etiqueta toda la zona como “alto riesgo”.

Alternativas insuficientes: oleoductos que no cubren la hemorragia

Cuando Ormuz se atasca, todos miran al mapa de tuberías. Pero los números no cuadran. La EIA estima que la capacidad disponible para evitar el estrecho mediante infraestructuras saudíes y emiratíes ronda 2,6 millones de barriles diarios, una cifra relevante, sí, pero pequeña frente a los 20 millones que suelen pasar por el corredor.

Arabia Saudí cuenta con el oleoducto Este-Oeste (nominalmente 5 millones b/d, con expansiones puntuales hasta 7 millones), y Emiratos con la conexión hacia Fujairah (1,8 millones b/d). Irán, por su parte, tiene el corredor Goreh-Jask con capacidad efectiva cercana a 300.000 b/d, aunque su uso ha sido irregular. Este hecho revela el verdadero problema: hay vías de escape, pero no suficientes ni siempre operativas al máximo. Y, además, desplazar crudo por tierra no elimina el encarecimiento del transporte marítimo global; solo mueve el cuello de botella a otro tramo.

Reapertura lenta y cicatriz estratégica

Aunque el acuerdo se materialice, el mercado no volverá al “antes” en 24 horas. La reapertura gradual implica colas, escoltas, revisiones y un “efecto muelle”: semanas de barcos entrando y saliendo a trompicones, con terminales saturadas y calendarios rehaciéndose sobre la marcha. Wired advertía ya de que, incluso con reapertura, la recuperación logística puede tardar meses por la acumulación de retrasos y la reposición de equipos.

El riesgo mayor, sin embargo, es político. Si la región normaliza el tránsito condicionado, las primas de riesgo se cronifican y el comercio asume un nuevo peaje invisible. En 2021, el atasco del Canal de Suez demostró cómo un solo punto puede bloquear el planeta; Ormuz añade un ingrediente más tóxico: la voluntad de control. El diagnóstico es inequívoco: cuando el petróleo y el GNL se convierten en instrumento de negociación, la volatilidad deja de ser un susto y pasa a ser estructura.

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