Starmer defiende una relación pragmática del Reino Unido con China
El primer ministro británico, Keir Starmer, afirmó este miércoles que el Reino Unido puede mantener una relación “pragmática” y constructiva con China sin poner en riesgo su estrecha alianza estratégica con Estados Unidos. Las declaraciones se produjeron al inicio de una visita oficial de cuatro días a Pekín, centrada en diplomacia, comercio y seguridad, en un momento de crecientes tensiones geopolíticas y de redefinición del papel de las potencias intermedias en el escenario global.
Durante su llegada a la capital china, Starmer subrayó que su enfoque de política exterior se basa en el pragmatismo y el sentido común, rechazando tanto el aislamiento como una confrontación innecesaria con Pekín. El jefe del Gobierno británico sostuvo que ignorar a China no es una opción realista para una economía abierta como la del Reino Unido, dado el peso económico, tecnológico y político del gigante asiático en el mundo actual.
Starmer recalcó que el diálogo con China no implica complacencia ni renuncia a principios fundamentales. Según explicó, Londres puede comprometerse con Pekín en ámbitos como el comercio, el cambio climático o la estabilidad internacional, al tiempo que mantiene una postura firme en cuestiones relacionadas con la seguridad nacional, los derechos humanos y el respeto al orden internacional basado en normas.
Relación con EE. UU., un pilar inamovible
El primer ministro fue especialmente claro al señalar que el vínculo con Estados Unidos sigue siendo central para la política exterior británica. Destacó que la cooperación con Washington en materia de defensa, seguridad, inteligencia y comercio constituye uno de los pilares estratégicos del Reino Unido y no está en cuestión, independientemente del acercamiento diplomático a China.
En este sentido, Starmer insistió en que una política pragmática hacia Pekín no debe interpretarse como un alejamiento de Washington, sino como un ejercicio de equilibrio diplomático en un mundo cada vez más multipolar. “Podemos ser aliados sólidos de Estados Unidos y, al mismo tiempo, dialogar de forma responsable con China”, vino a resumir el líder laborista.
Seguridad nacional como línea roja
Uno de los mensajes centrales del viaje fue que la seguridad nacional británica no es negociable. Starmer afirmó que cualquier cooperación con China se llevará a cabo bajo estrictos controles y evaluaciones, especialmente en sectores sensibles como infraestructuras críticas, tecnología avanzada, telecomunicaciones y defensa.
El primer ministro remarcó que el Reino Unido seguirá protegiendo sus intereses estratégicos y que el compromiso con China no implicará tolerar actividades que puedan poner en riesgo la soberanía, la estabilidad democrática o la seguridad de sus aliados. Esta postura busca tranquilizar tanto a la opinión pública británica como a los socios occidentales, en un contexto de creciente escrutinio sobre la influencia china en Europa.
Objetivos de la visita a Pekín
La visita oficial de Starmer a China tiene una agenda amplia que incluye reuniones de alto nivel con dirigentes chinos, encuentros con líderes empresariales y conversaciones sobre cooperación económica y comercial. El Gobierno británico aspira a reforzar el acceso de empresas del Reino Unido al mercado chino, promover inversiones bilaterales y explorar oportunidades en sectores como la energía verde, la innovación tecnológica y los servicios financieros.
Asimismo, se espera que el primer ministro aborde cuestiones de seguridad regional y global, incluida la estabilidad en Asia-Pacífico, el conflicto en Ucrania y los desafíos derivados de la rivalidad entre grandes potencias. Londres busca proyectarse como un actor diplomático relevante capaz de mantener canales abiertos incluso en contextos de alta tensión internacional.
encuentros con líderes empresariales y conversaciones sobre cooperación económica y comercial
El papel de las potencias intermedias
Las declaraciones de Starmer se producen poco después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmara en el Foro Económico Mundial de Davos que las llamadas “potencias intermedias” deberían cooperar más estrechamente para influir en el orden internacional. Starmer pareció alinearse con esta visión, sugiriendo que países como el Reino Unido pueden desempeñar un papel de puente entre grandes bloques geopolíticos.
Desde esta perspectiva, Londres busca posicionarse como un interlocutor creíble tanto para Estados Unidos como para China, capaz de defender sus intereses nacionales sin caer en una lógica de bloques rígidos que limite su margen de maniobra diplomática.
Un equilibrio complejo pero necesario
El enfoque defendido por Starmer refleja las dificultades crecientes para las democracias occidentales a la hora de gestionar sus relaciones con China. Por un lado, existe una dependencia económica significativa; por otro, preocupaciones persistentes sobre seguridad, valores democráticos y competencia estratégica.
Al apostar por una relación “pragmática”, el Gobierno británico intenta navegar entre estos dos polos, evitando tanto la confrontación directa como una cooperación acrítica. El éxito de esta estrategia dependerá de su capacidad para traducir el diálogo en beneficios concretos sin debilitar alianzas tradicionales ni comprometer principios fundamentales.