Giro diplomático de Londres hacia Pekín

Starmer rompe el hielo con Xi y reabre la relación del Reino Unido con China

El primer ministro británico, Keir Starmer, ha protagonizado un movimiento diplomático de alto voltaje al reunirse en Pekín con el presidente chino, Xi Jinping, en la primera visita de un jefe de Gobierno del Reino Unido a China desde 2018. El encuentro marca un punto de inflexión tras años de relaciones congeladas y abre la puerta a una nueva etapa definida por Londres como “más sofisticada”, pero cargada de riesgos políticos y estratégicos.

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EPA/LAUREN HURLEY HANDOUT

Un viaje cargado de simbolismo político

La visita de Starmer a Pekín no es un gesto protocolario más. Se trata de la primera vez en más de seis años que un primer ministro británico pisa China, un dato que refleja hasta qué punto las relaciones bilaterales habían quedado dañadas tras el Brexit, las tensiones por Hong Kong y la creciente desconfianza occidental hacia el régimen chino.

El encuentro con Xi Jinping llega apenas unos meses después del cambio de liderazgo en Downing Street y busca enviar un mensaje claro: el Reino Unido quiere recuperar canales de diálogo directo con la segunda economía del mundo. El simple hecho de la reunión ya supone un giro respecto a la política de distanciamiento mantenida por gobiernos anteriores.

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El encuentro con Xi Jinping busca enviar un mensaje claro: el Reino Unido quiere
recuperar canales de diálogo directo con la segunda economía del mundo

Recepción oficial y mensajes calculados

Antes de reunirse con Xi, Starmer fue recibido en el Gran Palacio del Pueblo por Zhao Leji, presidente de la Asamblea Popular Nacional. Allí, el primer ministro británico dejó claro el enfoque de su viaje: “Hemos hecho este viaje porque creo firmemente que es de interés común encontrar formas positivas de trabajar juntos”, afirmó.

El mensaje fue cuidadosamente medido. Starmer subrayó que esta ha sido la “posición histórica” del Reino Unido, una forma de justificar el acercamiento sin renunciar explícitamente a las críticas pasadas. Al mismo tiempo, adelantó que esperaba “unos días muy productivos”, reforzando la idea de que el viaje no es simbólico, sino operativo.

“Una relación más sofisticada” con Pekín

En su primer intercambio público con Xi Jinping, Starmer habló de la necesidad de construir una relación “más sofisticada” entre Londres y Pekín. La elección del término no es casual. Implica un enfoque menos ideológico y más pragmático, basado en intereses mutuos, pero también en una gestión más compleja de las diferencias.

Desde Londres, esta “sofisticación” se traduce en cooperación económica y diplomática, sin ignorar cuestiones sensibles como derechos humanos, seguridad o dependencia tecnológica. El reto para Starmer es equilibrar el pragmatismo con la presión interna de sectores políticos y mediáticos que ven a China como un rival sistémico.

Starmer habló de la necesidad de construir una relación “más sofisticada” entre Londres y Pekín, un término no es casual que implica un enfoque menos ideológico y más pragmático, basado en intereses mutuos, pero también en una gestión más compleja de las diferencias.
Starmer habló de la necesidad de construir una relación “más sofisticada” entre Londres y Pekín, un término no es casual que
implica un enfoque menos ideológico y más pragmático, basado en intereses mutuos, pero también en una gestión más compleja de las diferencias.

El trasfondo económico del acercamiento

La economía es uno de los motores clave de este giro diplomático. China sigue siendo un socio comercial estratégico para el Reino Unido, especialmente en un contexto post-Brexit en el que Londres busca diversificar mercados y atraer inversión extranjera.

Las empresas británicas miran con interés sectores como la energía, las finanzas, la tecnología y los servicios, mientras que Pekín ve en el Reino Unido una puerta de entrada a mercados financieros globales. Sin embargo, este acercamiento se produce en un clima de creciente escrutinio sobre las inversiones chinas en infraestructuras críticas y sectores estratégicos.

Las sombras que planean sobre la visita

Pese al tono conciliador, la reunión no elimina los puntos de fricción. La situación de Hong Kong, las acusaciones de espionaje, el papel de China en el Indo-Pacífico y su relación con Rusia siguen siendo asuntos incómodos para Londres.

Starmer se enfrenta a una delicada línea roja: mejorar relaciones sin dar la impresión de que el Reino Unido suaviza su postura en cuestiones de valores democráticos. Para Xi, en cambio, el encuentro es una oportunidad de mostrar que China puede dialogar con potencias occidentales pese a la rivalidad geopolítica.

Un mensaje también para Washington y Bruselas

El viaje de Starmer no solo va dirigido a Pekín. También envía señales a Estados Unidos y la Unión Europea. Londres quiere demostrar que, aunque sigue alineado con sus aliados occidentales, tiene margen para desarrollar una política exterior autónoma y pragmática.

Este movimiento puede generar recelos, especialmente en Washington, donde la estrategia hacia China es cada vez más confrontacional. No obstante, Downing Street insiste en que el diálogo no implica alineamiento, sino una gestión realista de una relación inevitable.

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El viaje de Starmer no solo va dirigido a Pekín, también envía señales a Estados Unidos y la Unión Europea 
demostrando que tiene margen para desarrollar una política exterior autónoma y pragmática.

China busca romper su aislamiento diplomático

Desde la perspectiva china, la visita del primer ministro británico es una victoria simbólica. En un contexto de tensiones con Estados Unidos y fricciones con la UE, Pekín busca proyectar la imagen de un actor dispuesto al diálogo y al entendimiento con Occidente.

El encuentro con Starmer refuerza la narrativa china de que el aislamiento no es total y de que existen líderes europeos dispuestos a explorar vías de cooperación, incluso en un entorno internacional cada vez más polarizado.

Un equilibrio frágil para el futuro

El verdadero alcance de la visita se medirá en los próximos meses. Si se traduce en acuerdos concretos o en un relanzamiento sostenido del diálogo, Starmer habrá dado un paso estratégico relevante. Si, por el contrario, las tensiones resurgen, el gesto quedará como un intento fallido.

Por ahora, el Reino Unido y China han reabierto una puerta que llevaba años cerrada. El desafío será mantenerla abierta sin que el coste político y estratégico resulte demasiado alto para ninguna de las dos partes.

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