La combinación de despliegues militares, gestos simbólicos y amenazas legales dibuja un arranque de sesión marcado por la incertidumbre política

Trump agita el tablero geopolítico mientras los mercados optan por la calma tensa

Economía al día

La jornada arranca con un cóctel poco habitual: Estados Unidos mueve un portaaviones hacia Irán, María Corina Machado deja su medalla del Nobel de la Paz en la Casa Blanca, Donald Trump se autoproclama garante de una transición tecnocrática en Gaza y Elon Musk sugiere aplicar la Insurrection Act en Minnesota. Todo ello mientras Alemania confirma que su inflación cae al 1,8% y los mercados europeos abren con movimientos contenidos, con el SPX en 6.944 puntos (+0,26%) y el IBEX 35 retrocediendo un 0,3%. La geopolítica sube varios grados, pero por ahora los inversores apuestan por la prudencia, no por el pánico. La cuestión es cuánto puede durar esta aparente desconexión entre ruido político y precios de los activos.

Proyección de fuerza de EE. UU. frente a Irán

Washington ha decidido mover activos militares hacia Oriente Medio, incluido un portaaviones, en plena oleada de protestas y represión en Irán. El mensaje oficial es de disuasión, no de guerra. Trump ha insistido en que “no atacará a Irán” tras recibir informes de que la represión se habría detenido y de que unas 800 ejecuciones previstas han sido suspendidas.

Sin embargo, el gesto militar revela que la Casa Blanca no confía plenamente en la desescalada. La portavoz Karoline Leavitt lo sintetizó con un mensaje inequívoco: “todas las opciones siguen sobre la mesa”. El despliegue busca evitar que Teherán interprete la pausa en las ejecuciones como una señal de debilidad y, al mismo tiempo, enviar una señal tranquilizadora a aliados como Israel y las monarquías del Golfo.

Para los mercados energéticos, la consecuencia inmediata es un ligero repunte del riesgo geopolítico. No obstante, el movimiento de este viernes es moderado: el Brent se sitúa en 63,36 dólares (+0,17%) y el USOIL en 59,19 dólares (+0,05%). Los precios descuentan tensión, pero no interrupciones de suministro. El diagnóstico es claro: la diplomacia todavía tiene margen, pero el margen se estrecha.

El gesto de Machado que reordena el tablero venezolano

En paralelo, la líder opositora venezolana María Corina Machado ha protagonizado una escena cargada de simbolismo: dejó su medalla del Premio Nobel de la Paz en la Casa Blanca tras una reunión privada con Trump. El expresidente describió el gesto como “un maravilloso acto de respeto mutuo” y, según los primeros reportes, la medalla permanece en su posesión.

El Comité Nobel ha recordado que el galardón no puede ser transferido ni revocado, lo que subraya el carácter estrictamente político del gesto. Más que un traspaso formal, se trata de una puesta en escena con varios destinatarios: el régimen de Caracas, los aliados latinoamericanos y los propios votantes estadounidenses que observan cómo Trump se presenta como garante de la transición democrática en Venezuela.

Este hecho revela hasta qué punto el futuro político venezolano vuelve a ser una pieza relevante en la política exterior de Washington. Para los inversores, el mensaje es doble: por un lado, se refuerza la hipótesis de un levantamiento gradual de sanciones si avanza la transición; por otro, aumenta la dependencia de ese proceso respecto a los vaivenes de la política estadounidense. La estabilidad regulatoria en sectores como el petrolero o el minero seguirá condicionada a esta partida de ajedrez diplomático.

Gaza y la apuesta por un gobierno tecnocrático tutelado

Trump ha dado un paso más y ha anunciado su respaldo a un gobierno tecnocrático para Gaza. El plan prevé que un Comité Nacional para la Administración de Gaza gestione el territorio con el apoyo de una Junta por la Paz que el propio presidente presidiría. El esquema se complementaría con la colaboración de Egipto, Turquía y Catar para alcanzar un acuerdo de desmilitarización con Hamas.

La propuesta se asemeja a otros experimentos de gobernanza tutelada, desde los protectorados de posguerra hasta los modelos de administración internacional en los Balcanes. La clave será la legitimidad interna: un gobierno tecnocrático puede estabilizar la economía y las infraestructuras, pero corre el riesgo de ser percibido como una imposición externa si no incorpora representación palestina creíble.

Desde el punto de vista de los mercados, Gaza tiene un impacto directo limitado, pero encaja en un patrón más amplio de reconfiguración de alianzas en Oriente Medio. Si el plan prospera, podría reducir la probabilidad de escaladas militares recurrentes en la región, lo que se traduciría en una prima de riesgo geopolítico algo menor sobre el petróleo y los activos de la zona. Si fracasa, los inversores habrán infravalorado de nuevo el riesgo de un conflicto crónico.

Alemania enfría la inflación, pero no la incertidumbre

En el frente macroeconómico, la noticia clave llega de Berlín. La inflación anual en Alemania se situó en el 1,8% en diciembre, frente al 2,3% de noviembre, confirmando la fuerte desaceleración adelantada por los datos preliminares. En términos mensuales, el índice de precios permaneció sin cambios, mientras que los precios de la energía cayeron un 1,3% interanual. La inflación subyacente se mantiene algo más elevada, en el 2,4%, y el índice armonizado avanza un 2%.

La consecuencia es clara: el ciclo de subidas de tipos del BCE queda definitivamente atrás, pero el debate ahora se desplaza al ritmo de las bajadas. Una inflación por debajo del 2% en la mayor economía de la eurozona refuerza el argumento de quienes piden recortes más rápidos para evitar una recesión prolongada. Sin embargo, la resistencia de la subyacente alimenta la prudencia de los halcones.

El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Estados Unidos mantiene una inflación algo más alta pero con crecimiento sólido, Alemania encadena trimestres de debilidad industrial. La combinación de precios contenidos y actividad floja deja al BCE ante un dilema clásico: estabilizar la inflación a costa de un crecimiento anémico, o acelerar los recortes y arriesgarse a reavivar las presiones de precios.

Minnesota, nuevo laboratorio de polarización estadounidense

Al otro lado del Atlántico, la tensión política se concentra en Minnesota. Tras varios tiroteos protagonizados por agentes del ICE en Minneapolis, con un fallecido y un herido, se han desatado protestas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. En este contexto, Elon Musk ha afirmado que “es hora de invocar la Insurrection Act” en el estado.

La Ley de Insurrección permite al presidente desplegar tropas federales para sofocar disturbios internos, una herramienta legalmente disponible pero políticamente explosiva. Trump ya había advertido que podría recurrir a ella si las autoridades locales no frenan los ataques contra agentes federales. El simple hecho de que esta posibilidad se plantee abiertamente demuestra hasta qué punto la seguridad interior se ha convertido en arma arrojadiza en la batalla política estadounidense.

Para los mercados, la principal preocupación no es la violencia aislada, sino la erosión progresiva de la confianza institucional. Cada vez que se menciona la Insurrection Act, los inversores recuerdan la fragilidad del equilibrio entre poderes en la primera economía del mundo. Por ahora, el impacto se diluye: el índice de volatilidad VIX cae un 5,44%, hasta 15,83 puntos, reflejando cierta complacencia. Pero la historia reciente demuestra que estos episodios pueden escalar con rapidez.

Bancos centrales en el foco: Bowman y Jefferson

La agenda del día incluye además intervenciones de Michelle Bowman y Philip Jefferson, miembros de la Reserva Federal. Sus mensajes serán escrutados en busca de pistas sobre el calendario de recortes de tipos en Estados Unidos. Con la inflación moderándose y la producción industrial que se publica hoy en el punto de mira, cualquier matiz más dovish o más hawkish puede mover el dólar y los tipos a largo plazo.

El índice dólar (DXY) se mantiene en 99,29 puntos (-0,06%), señal de un ajuste mínimo a la espera de esas referencias. La Fed se juega su credibilidad: un giro demasiado rápido podría alimentar burbujas en bolsa y crédito; uno demasiado lento pondría en riesgo la parte más frágil del mercado laboral. La experiencia de 2019 y 2022 pesa en la memoria de los inversores, que temen tanto el exceso de prudencia como el de audacia.

En paralelo, Europa mira de reojo a Washington. Una Fed que recorte antes y más deprisa podría apreciar el euro, aliviar las importaciones energéticas y, al mismo tiempo, complicar la competitividad de las exportaciones europeas. El tablero monetario sigue siendo global, no regional.

Así abren los mercados: riesgo político alto, volatilidad baja

Con este telón de fondo, las pantallas de las 8:30 hora de Europa central muestran una apertura sorprendentemente ordenada. El SPX avanza un 0,26%, hasta 6.944,47 puntos, apoyado por el tirón tecnológico reflejado en un NDX que sube un 0,32% hasta 25.547 puntos. En España, el IBEX 35 retrocede un 0,3% y se sitúa en 17.642 puntos, lastrado por bancos y utilities en un contexto de tipos a la baja.

El bitcóin (BTCUSDT) se mueve plano, en 95.600 dólares (-0,01%), mientras que el oro cede un 0,22%, hasta 4.605 dólares la onza, señales de que ni los activos refugio ni los más especulativos marcan un movimiento de ruptura. La volatilidad contenida contrasta con el ruido político: los inversores parecen asumir que ninguno de los frentes abiertos desembocará de forma inmediata en una crisis sistémica.

Este hecho revela, sin embargo, una vulnerabilidad: cuando la percepción de riesgo se mantiene demasiado baja durante demasiado tiempo, cualquier choque inesperado puede provocar ajustes bruscos de precios. La historia de la última década —desde el Brexit hasta la pandemia— demuestra que la tranquilidad aparente puede cambiar en cuestión de días.

16 de enero de 2026