Trump reactiva la Doctrina Monroe tras la operación militar en Venezuela

Desde Mar-a-Lago, el expresidente detalla la captura de Maduro, decreta embargo total al petróleo venezolano y advierte a Rusia, China, Irán y Cuba de una “segunda ola” militar

@realDonaldTrump
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La crisis venezolana ha entrado en una fase inédita. Desde Mar-a-Lago, el expresidente Donald Trump ha explicado con todo detalle la operación nocturna que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa en Caracas, describiéndola como una maniobra “letal, rápida y perfecta”. Al mismo tiempo, anunció un embargo total al petróleo venezolano, la entrada inmediata de grandes petroleras estadounidenses en el país y la reactivación abierta de la Doctrina Monroe como eje de la política de Washington en el hemisferio.

El mensaje va mucho más allá del parte militar. Trump habló de una “transición justa y juiciosa” en Venezuela, deslizó la existencia de una segunda ola de operaciones ya preparada y lanzó un aviso directo a potencias como Rusia, China, Irán y Cuba, a las que acusó de “jugar con fuego” en la región.

La combinación de operación relámpago, embargo energético y doctrina geopolítica marca un antes y un después: Venezuela se convierte en el laboratorio donde se redefine la relación de Estados Unidos con América Latina y con sus rivales globales.

Una comparecencia calculada desde Mar-a-Lago

La puesta en escena no fue casual. Desde el salón principal de Mar-a-Lago, rodeado de banderas estadounidenses y con una escenografía de mensaje a la nación, Trump presentó la operación en Venezuela como “un éxito total” y como la prueba de que Estados Unidos “no tolerará dictaduras hostiles en su patio trasero”.

El expresidente relató que la orden se dio tras semanas de preparación y que siguió la incursión en tiempo real, con mapas y pantallas en directo desde el centro de mando. Subrayó que la acción se ejecutó en menos de tres horas, en la franja entre las 2 y las 5 de la madrugada, cuando la seguridad en Caracas era más vulnerable.

El relato tuvo un claro componente de mensaje interno: reivindicar el poder militar estadounidense, exhibir capacidad de decisión y colocar a Venezuela como ejemplo de una nueva etapa de “firmeza sin complejos” en política exterior. Pero también incluyó guiños a los mercados y a los socios regionales, con repetidas referencias a la reconstrucción económica y a las oportunidades de inversión que, según dijo, se abren tras la caída de Maduro.

Un asalto nocturno “letal, rápido y perfecto”

Sin entrar en detalles operativos sensibles, Trump describió la maniobra como “letal, rápida y perfecta”, insistiendo en que se trató de una intervención “quirúrgica” en pleno corazón de Caracas.

Según su versión, la operación combinó:

  • Fuerzas especiales desplegadas por aire, que irrumpieron en los complejos residenciales y militares donde se sospechaba que se encontraba Maduro.

  • Apoyo aéreo y electrónico para neutralizar defensas, comunicaciones y posibles contraataques de las fuerzas leales al régimen.

  • Un dispositivo de extracción inmediata hacia un buque de la Armada estadounidense situado en aguas internacionales.

Trump aseguró que “no hubo bajas estadounidenses”, aunque admitió heridos entre el personal implicado, y recalcó que “Maduro fue capturado antes de alcanzar la zona más segura del complejo”. La detención de su esposa se habría producido casi en paralelo, para evitar cualquier intento de negociación o fuga.

Con ambos ya bajo custodia estadounidense, el expresidente adelantó que serán juzgados en Estados Unidos por cargos relacionados con narcotráfico, corrupción masiva y violaciones de derechos humanos, cerrando así, en sus palabras, “un capítulo oscuro del chavismo”.

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Embargo total y desembarco de petroleras estadounidenses

La comparecencia incluyó un anuncio de enorme alcance económico: un embargo total al petróleo venezolano, acompañado de la entrada de grandes compañías energéticas estadounidenses para encargarse de la reconstrucción del sector.

El esquema que deslizó Trump se basa en tres piezas:

  • Suspensión inmediata de todas las compras y transacciones con la petrolera estatal venezolana en los mercados internacionales.

  • Otorgamiento de licencias especiales a un grupo reducido de petroleras de Estados Unidos y aliados para auditar, reparar y operar campos y refinerías clave.

  • Diseño de un plan de inversiones a 10-15 años, orientado a recuperar progresivamente una producción que podría duplicarse desde los niveles actuales hasta acercarse de nuevo a los 2 millones de barriles diarios.

La narrativa oficial presenta este desembarco como una “reconstrucción necesaria” tras años de abandono y mala gestión. Sin embargo, plantea interrogantes de fondo sobre el grado de control que mantendrá el futuro gobierno venezolano sobre sus recursos y sobre la participación de otros actores, desde empresas europeas y asiáticas hasta socios tradicionales como Rusia y China.

Advertencia de “segunda ola” militar y pulso con potencias rivales

Uno de los pasajes más llamativos del discurso fue la referencia explícita a una “segunda ola” militar ya preparada. Trump no detalló qué implicaría esa fase, pero dejó claro que se activaría “si alguien se atreve a desafiar la soberanía de Estados Unidos en el hemisferio”.

El aviso iba dirigido, sin mencionar nombres, a Rusia, China, Irán y Cuba, países que han mantenido estrechos vínculos con Caracas en los últimos años. Desde ventas de armamento y acuerdos energéticos hasta cooperación en inteligencia, estos actores han visto en Venezuela una pieza estratégica de su presencia en América Latina.

La captura de Maduro y el embargo petrolero golpean de lleno esos intereses. La amenaza de una segunda fase militar —que podría incluir desde nuevos ataques selectivos hasta despliegues navales reforzados— actúa como mensaje de disuasión en un momento en que la competencia entre potencias se ha intensificado en distintos escenarios, del Mar Negro al Indo-Pacífico.

Nicolás Maduro
Nicolás Maduro

El regreso explícito de la Doctrina Monroe

El giro más profundo del discurso fue quizá el más ideológico. Trump proclamó que Estados Unidos reinstaura formalmente la Doctrina Monroe como pilar de su acción en el hemisferio occidental: “América para los americanos, y muy especialmente para los americanos de Estados Unidos”, llegó a decir.

En términos prácticos, esto implica:

  • Reafirmar que ninguna potencia extrahemisférica será aceptada como actor militar de peso en América Latina.

  • Justificar medidas de presión económica, diplomática e incluso militar frente a gobiernos percibidos como aliados de rivales estratégicos de Washington.

  • Reforzar alianzas con países que acepten este marco, a cambio de apoyo financiero, seguridad y acceso preferente a mercados.

Para algunos analistas, se trata de un retroceso geopolítico hacia lógicas propias del siglo XX, con riesgo de alimentar nuevas tensiones y nacionalismos en la región. Para otros, es una reafirmación calculada de un liderazgo que, a juicio de Washington, había sido erosionado por la penetración económica de China y por la presencia militar de Rusia y otros actores.

Reconstrucción económica: oportunidades, tutelas y sombras

En el terreno económico, la ofensiva se presenta como una oportunidad de “reset” total para Venezuela: inversiones millonarias, entrada de tecnología, saneamiento parcial de la deuda y reapertura gradual del comercio internacional.

Trump habló de proyectos de largo plazo en infraestructuras clave —puertos, refinerías, redes eléctricas— y de un nuevo modelo de distribución de los ingresos petroleros. Según el esquema anunciado, una parte significativa de esos recursos se destinaría a programas sociales y de reconstrucción interna, bajo supervisión de organismos internacionales y socios occidentales.

Sin embargo, la letra pequeña plantea cuestiones delicadas:

  • ¿Qué margen real de decisión tendrán las autoridades venezolanas en la negociación de contratos y reparto de beneficios?

  • ¿Cómo se garantizará que la población vea mejoras tangibles en empleo, salarios y servicios, y no solo un repunte de cifras macroeconómicas?

  • ¿Qué papel jugarán en este nuevo esquema los actores que han sostenido al país durante los años de sanciones, desde socios regionales hasta empresas de otros bloques?

La reconstrucción, en definitiva, se perfila como un proceso en el que la presencia estadounidense será decisiva, pero en el que la percepción de tutela externa puede alimentar resistencias internas y tensiones con antiguos aliados de Caracas.

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Soberanía, legitimidad y el lugar de los venezolanos en la nueva etapa

Más allá de la dimensión estratégica, la operación abre un debate profundo sobre soberanía y legitimidad. Para una parte de la sociedad venezolana, la captura de Maduro y el fin de su régimen pueden verse como la única vía realista para cerrar un ciclo de hiperinflación, represión y colapso institucional. Para otra, el papel central de la intervención militar estadounidense despierta recelos históricos y temores a un nuevo periodo de dependencia externa.

La pregunta de fondo es qué espacio ocuparán los venezolanos de a pie en las decisiones que se tomen a partir de ahora: diseño del nuevo gobierno, gestión de recursos, justicia y reconciliación. La promesa de una transición “justa y juiciosa” deberá medirse en hechos: apertura a elecciones competitivas, inclusión de distintas sensibilidades políticas y garantías de que la reconstrucción no se convierte en una simple redistribución de poder entre élites internas y externas.

En ese equilibrio entre seguridad, intereses energéticos y aspiraciones democráticas se jugará el verdadero impacto de la operación que Trump ha presentado como el gran hito de su política hacia Venezuela.

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