Zelenski ofrece frenar ataques energéticos si Rusia hace lo mismo
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha planteado una tregua limitada pero estratégica en plena guerra con Rusia: Kiev dejaría de atacar infraestructuras energéticas rusas si Moscú acepta hacer lo mismo. La propuesta, formulada ante periodistas, se alinea con las expectativas de Estados Unidos en el marco de los contactos trilaterales para explorar una desescalada del conflicto. Sin embargo, el gesto llega acompañado de un mensaje contundente al Kremlin y de un rechazo frontal a cualquier encuentro con Vladímir Putin en Moscú, evidenciando que la diplomacia sigue atrapada entre la presión militar y el cálculo político.
La propuesta de Zelenski se centra en uno de los puntos más sensibles del conflicto: las infraestructuras energéticas. Desde hace meses, tanto Ucrania como Rusia han intensificado los ataques contra centrales eléctricas, refinerías y redes de distribución, conscientes de que el impacto sobre la energía se traduce en presión directa sobre la población civil y la economía. Al ofrecer detener estos ataques de forma recíproca, Kiev busca reducir el sufrimiento interno y, al mismo tiempo, enviar una señal de voluntad negociadora a sus aliados occidentales.
energéticas, conscientes de su impacto directo sobre la población civil y la economía.
Zelenski dejó claro que la iniciativa no sería unilateral. Ucrania solo aceptaría frenar sus operaciones si Rusia se compromete de manera equivalente. El planteamiento apunta a una desescalada táctica, no a un alto el fuego general, pero podría sentar un precedente relevante si se materializa en acuerdos verificables.
El papel de Estados Unidos en la ecuación
El presidente ucraniano subrayó que esta posible tregua encaja con las iniciativas promovidas por Washington en el marco de las conversaciones trilaterales. Zelenski insistió en que Kiev apoya todos los esfuerzos estadounidenses orientados a reducir tensiones y avanzar hacia un cese de hostilidades, lo que refuerza la imagen de Ucrania como socio alineado con la estrategia occidental.
No obstante, el propio Zelenski reconoció que la fecha y el lugar de la próxima reunión trilateral podrían cambiar, precisamente por el deterioro del contexto geopolítico. Este matiz refleja la fragilidad del proceso diplomático, condicionado por la evolución del frente militar y por la falta de confianza mutua entre las partes.
Infraestructura energética como arma de guerra
El énfasis en la energía no es casual. Los ataques contra centrales y redes eléctricas han sido uno de los instrumentos más eficaces para debilitar al adversario sin necesidad de avances territoriales. En Ucrania, estos bombardeos han provocado apagones masivos y problemas de calefacción, especialmente durante el invierno. En Rusia, los ataques ucranianos a refinerías y depósitos de combustible han tenido un impacto económico y simbólico relevante.
Una tregua en este ámbito aliviaría la presión sobre millones de civiles y reduciría el riesgo de una crisis energética aún mayor en la región. Sin embargo, su viabilidad depende de mecanismos de control y de la disposición real de Moscú a limitar una de sus principales palancas de presión.
El rechazo frontal a un encuentro en Moscú
Pese al tono conciliador en lo energético, Zelenski fue tajante al descartar un encuentro con Vladímir Putin en Moscú, tras una invitación lanzada desde el Kremlin. “Es imposible”, afirmó, cerrando la puerta a cualquier gesto que pudiera interpretarse como una concesión política o simbólica.
Lejos de eso, el presidente ucraniano lanzó un desafío directo al líder ruso: dijo que él mismo podría invitar a Putin a Kiev, aunque añadió con ironía que lo haría “si se atreve”. Este comentario refuerza la narrativa de firmeza de Zelenski y subraya que, pese a las propuestas parciales de tregua, no existe un clima real para un diálogo directo al más alto nivel.
Diplomacia bajo tensión y cálculo estratégico
La combinación de una oferta limitada de desescalada y un discurso desafiante ilustra la estrategia dual de Kiev. Por un lado, Zelenski busca mostrar flexibilidad ante sus aliados, especialmente Estados Unidos, para mantener el apoyo político, militar y financiero. Por otro, evita cualquier gesto que pueda percibirse como debilidad frente a Rusia o como una renuncia a sus líneas rojas.
Esta postura refleja también la presión interna y externa a la que está sometido el liderazgo ucraniano. La guerra se prolonga, el desgaste económico es elevado y los aliados occidentales observan con atención cualquier oportunidad de reducir la intensidad del conflicto sin comprometer sus propios intereses estratégicos.
¿Una oportunidad real o un gesto simbólico?
La propuesta de Zelenski abre una ventana, aunque estrecha, para una reducción parcial de la violencia. Sin embargo, la experiencia reciente sugiere que este tipo de iniciativas suelen enfrentarse a obstáculos prácticos y políticos. La falta de confianza entre Kiev y Moscú, unida a la lógica militar del conflicto, dificulta la implementación de compromisos limitados.
Aun así, el movimiento tiene un valor estratégico: coloca a Ucrania en una posición proactiva de cara a la comunidad internacional y traslada la presión a Rusia para que responda. Si Moscú rechaza la oferta, Kiev podrá argumentar que intentó avanzar hacia una desescalada razonable.
En definitiva, la oferta de Zelenski de frenar ataques a infraestructuras energéticas si Rusia hace lo mismo refleja la complejidad del momento actual. Hay señales de búsqueda de alivio en áreas concretas, pero el enfrentamiento político y militar sigue siendo profundo. Mientras no exista un marco más amplio de negociación y garantías creíbles, cualquier tregua parcial será frágil y reversible.
La guerra, por ahora, continúa marcada por la desconfianza, los gestos calculados y una diplomacia que avanza con dificultad entre los escombros del conflicto.

