El IBEX pierde los 18.000 puntos lastrado por la gran tecnología
La presión vendedora sobre la gran tecnología estadounidense vuelve a pasar factura al parqué español, que pierde de nuevo la cota psicológica de los 18.000 puntos. El IBEX 35 abría este viernes con descensos y se encamina a encadenar su cuarta sesión consecutiva en negativo, con un retroceso cercano al 0,7% en la semana. El detonante llega de Wall Street: Apple se deja alrededor de un 5% en el mercado fuera de horas y Cisco Systems se hundió un 12%, evaporando unos 40.000 millones de dólares de capitalización tras advertir de una contracción de márgenes por el encarecimiento de la memoria. La sacudida arrastró al Nasdaq Composite un 2% abajo y ha reactivado la búsqueda de refugio en el bono del Tesoro. Todo ello en la antesala de un dato clave: la inflación de Estados Unidos, con una subyacente que el consenso sitúa en el 0,3% mensual y una tasa interanual que podría moderarse del 2,7% al 2,5%.
Un nivel psicológico que se resquebraja
La pérdida de los 18.000 puntos tiene un componente simbólico que va más allá del mero ajuste técnico. A las 08:02 GMT, el IBEX 35 caía 74,8 puntos, un 0,40%, hasta los 17.823,10 puntos, consolidando una corrección que se aproxima ya al 0,68% en el conjunto de la semana. Con este movimiento, el índice pone tierra de por medio respecto al máximo reciente y confirma que la zona de los 18.000 ha pasado, al menos de momento, de ser soporte a convertirse en resistencia.
El movimiento no es aislado. El índice paneuropeo FTSE Eurofirst 300 se mantenía prácticamente plano, sin cambios relevantes, reflejando un tono de mercado mixto: ventas en sectores cíclicos y financieros, frente a la resistencia de utilities, infraestructuras y algunos valores defensivos. El diagnóstico es inequívoco: los inversores prefieren reducir riesgo a la espera del dato de inflación estadounidense, aun a costa de renunciar a parte del rally de enero que había impulsado a muchas bolsas a máximos de varios años.
Lo más grave para el selectivo español es que esta corrección llega en un momento en el que los resultados empresariales han sido, en términos generales, sólidos y el flujo de revisiones de beneficios no apunta a un deterioro inminente. Sin embargo, el miedo a un nuevo episodio de volatilidad en Wall Street pesa más que los fundamentales domésticos. El contraste con otras fases de mercado —en las que el IBEX sufría por debilidades propias— resulta elocuente: ahora el problema viene de fuera, pero el impacto en los precios es igual de contundente.
Tecnológicas bajo sospecha: de Cisco a Apple
El epicentro del terremoto vuelve a estar en la tecnología estadounidense. El miércoles, Cisco Systems reconoció un margen por debajo de lo previsto, señalando explícitamente el encarecimiento de los chips de memoria como principal factor de presión. La reacción fue fulminante: las acciones se desplomaron un 12%, borrando de un plumazo esos 40.000 millones de dólares de valor en bolsa y enviando un mensaje inquietante al resto del sector.
A ello se suma la presión sobre Apple, que en el mercado fuera de horas llegó a perder en torno a un 5% por el temor a que el enfriamiento del consumo digital y la competencia en dispositivos y servicios se traduzcan en una contracción de márgenes más rápida de lo previsto. En un mercado dominado por estrategias cuantitativas y algoritmos sensibles a los movimientos de las grandes capitalizaciones, este tipo de correcciones actúa como una señal de venta automática sobre el conjunto del sector.
Paradójicamente, el golpe llega justo cuando Applied Materials ha aportado uno de los pocos contraargumentos alcistas. La compañía pronosticó ingresos y beneficios para su segundo trimestre fiscal por encima de las expectativas, apoyándose en el auge de la demanda de procesadores de inteligencia artificial y en una potencial escasez mundial de memoria que impulse la venta de equipos de fabricación de chips. Sin embargo, este dato positivo no ha sido suficiente para neutralizar el temor a que la tecnología entre en una fase en la que el crecimiento se compre solo a costa de sacrificar rentabilidad. El resultado es un sector bajo sospecha y una volatilidad elevada que se contagia a las bolsas europeas.
Bonos al alza y rotación defensiva en Europa
Mientras la tecnología tambalea, el dinero vuelve a mirar hacia los bonos soberanos. La búsqueda de refugio ha impulsado las compras en el Tesoro estadounidense, con el rendimiento del bono a diez años cediendo varios puntos básicos y reflejando un descenso en las expectativas de tipos reales a corto plazo. La consecuencia inmediata es una presión adicional sobre las entidades financieras —que ven estrecharse el margen de tipos futuros— y un apoyo relativo para los sectores defensivos.
En la bolsa española, este patrón se aprecia con claridad. Frente al retroceso del índice, valores como Cellnex se anotan subidas en torno al 1,4%, mientras las grandes eléctricas como Iberdrola avanzan en torno al 0,1% y la petrolera Repsol registra ligeras alzas próximas al 0,1%. La lectura es evidente: la preferencia actual del inversor pasa por negocios con ingresos recurrentes, visibilidad regulatoria y capacidad de trasladar parcialmente la inflación a tarifas o contratos de largo plazo.
El contraste con el comportamiento de los bancos es demoledor y adelanta uno de los grandes debates del año: hasta qué punto el ciclo de tipos ha tocado techo y la rentabilidad del sector financiero se verá limitada por el aplanamiento de la curva. En este contexto, las utilities y las infraestructuras recuperan protagonismo como refugio clásico de cartera, pese a cotizar ya con primas de valoración frente a su media histórica. El giro hacia la calidad, más que hacia el crecimiento puro, marca la sesión y explica parte de la pérdida de tracción del IBEX en la zona de los 18.000 puntos.
El dato de inflación que puede mover los tipos
Más allá de la volatilidad intradía, toda la atención del mercado está puesta en el dato de inflación subyacente de Estados Unidos que se publica este viernes. El consenso de analistas apunta a un avance mensual del 0,3%, suficiente para que la tasa interanual se modere del 2,7% al entorno del 2,5%. La diferencia entre cumplir o no esa previsión puede marcar el tono de las bolsas y de los bonos durante semanas.
Los analistas de Bankinter lo resumen así en su canal de Telegram: "Si el IPC sale como parece, se sumará al impulso que ofrecerá Applied Materials a la tecnología y tendremos una sesión positiva en bolsas. Los bonos también celebrarían un dato de inflación en descenso y tendríamos un cierre de semana positivo tras los retrocesos de ayer y la erraticidad de las sesiones previas". El mensaje implícito es claro: el riesgo de un susto inflacionista sigue muy presente y el mercado se ha vuelto extremadamente dependiente de cada publicación macro.
En términos de política monetaria, un dato en línea con el 0,3% permitiría reforzar el escenario de rebajas graduales de tipos por parte de la Reserva Federal en los próximos trimestres, con el mercado de futuros descontando ya varias bajadas acumuladas en los próximos doce meses. Si, por el contrario, la lectura sorprende al alza, el golpe sería doble: repunte de las rentabilidades de los bonos, represión de los múltiplos de la renta variable y nueva sacudida a un sector tecnológico que cotiza con primas elevadas. El IBEX, muy sensible a los flujos globales, quedaría de nuevo a merced de lo que ocurra al otro lado del Atlántico.
El contraste entre bancos y eléctricas en el IBEX
Donde mejor se aprecia el cambio de narrativa es en el sector bancario español. A media mañana, entidades como Santander caen alrededor de un 1,5%, BBVA retrocede cerca de un 0,8%, Caixabank cede en torno al 0,6%, mientras Sabadell, Bankinter y Unicaja registran descensos más moderados, entre el 0,2% y el 1%. Después de dos años en los que los bancos han sido el motor del IBEX gracias a la subida de tipos, el mercado empieza a cuestionar cuánto recorrido adicional queda en su historia de revalorización.
La presión sobre la deuda de largo plazo —con una curva que coquetea con el aplanamiento— alimenta la idea de que el pico de márgenes de intermediación podría estar cerca. Además, la creciente competencia en depósitos y la normalización del crédito tras el boom postpandemia reducen la capacidad de seguir expandiendo beneficios al mismo ritmo. En este contexto, cualquier indicio de menor inflación o de un giro más dovish de la Reserva Federal y del BCE se traduce en tomas de beneficios sobre el sector financiero.
En paralelo, los grandes valores no financieros del índice aguantan mejor el chaparrón. Telefónica se mueve prácticamente plana, Inditex consigue avances en torno al 0,3%, mientras Iberdrola, Cellnex y Repsol consolidan su papel como ancla defensiva del selectivo. Este hecho revela una rotación de libro: de bancos y cíclicos hacia utilities, infraestructuras y consumo estable. Para el inversor internacional, el IBEX deja de ser solo una apuesta por el repricing bancario y vuelve a ser una foto más equilibrada, aunque con una beta elevada a los vaivenes macro globales.
Trump reabre el frente arancelario con Taiwán y el acero
Como si la ecuación de tipos e inflación no fuera suficientemente compleja, el frente comercial vuelve a colarse en el radar de los mercados. Según avanzó el diario Financial Times, el presidente de EEUU, Donald Trump, planea reducir algunos aranceles sobre productos de acero y aluminio, al tiempo que consolida un nuevo marco arancelario con Taiwán. El acuerdo recíproco firmado por Washington y Taipéi fija un arancel del 15% para las importaciones procedentes de la isla, mientras Taiwán se compromete a recortar progresivamente los aranceles sobre la práctica totalidad de los productos estadounidenses.
Este movimiento tiene varias lecturas. Por un lado, supone un guiño a los socios industriales estadounidenses que consumen acero y aluminio, aliviando parcialmente unos gravámenes que encarecían sus costes en plena transición energética y reconfiguración de cadenas de suministro. Por otro, consolida la estrategia de la Casa Blanca de reordenar las alianzas comerciales en Asia para reducir la dependencia de China, premiando a socios considerados estratégicos, como Taiwán, a cambio de un mayor acceso a sus mercados.
Para Europa, y en particular para España, el impacto potencial es doble. El sector siderúrgico y metalúrgico europeo se enfrenta a la competencia de productos asiáticos en un terreno de juego cada vez más intervenido por decisiones políticas estadounidenses. Al mismo tiempo, las compañías exportadoras españolas pueden beneficiarse indirectamente de una mayor apertura del mercado taiwanés a productos occidentales de alto valor añadido. Sin embargo, el riesgo de nuevas represalias cruzadas y de una escalada arancelaria global sigue latente, añadiendo una capa más de incertidumbre a un entorno ya de por sí frágil.
Un IBEX atrapado entre la macro y los beneficios
Con todos estos elementos sobre la mesa, el IBEX se mueve en un terreno particularmente resbaladizo. Por un lado, las valoraciones relativas del índice siguen siendo atractivas frente a otros grandes parqués europeos, con un PER medio inferior al del DAX y el CAC y una rentabilidad por dividendo que supera el 4% en varias de sus grandes cotizadas. Por otro, la composición del selectivo —muy expuesto a bancos, energéticas y grandes valores cíclicos— le hace especialmente sensible a cualquier giro tanto en la política monetaria como en el comercio internacional.
Los resultados publicados hasta ahora no dibujan un escenario de recesión inminente. Al contrario, muchas compañías han reiterado objetivos anuales y han mejorado ligeramente sus guías, apoyadas en una demanda interna que resiste mejor de lo esperado y en la aportación creciente de mercados internacionales. Sin embargo, la bolsa no descuenta solo el presente, sino la foto de beneficios a 12-18 meses vista. Y en esa ventana, el riesgo de que la desaceleración global erosione márgenes y volúmenes es real.
Así, el selectivo español queda atrapado entre dos narrativas que compiten: la de unos fundamentales razonablemente sólidos y la de un entorno macro-financiero plagado de incógnitas. Mientras no se despejen las dudas sobre el rumbo de la inflación en Estados Unidos, el calendario de bajadas de tipos y la estabilidad del comercio global, es probable que el IBEX siga oscilando en un rango lateral, con episodios de corrección rápida cada vez que Wall Street estornude y con la cota de los 18.000 puntos convertida en el primer gran termómetro de confianza.