El IBEX rebota hacia 18.200 puntos y mira a la Fed
El IBEX 35 ha abierto la sesión con un rebote de en torno al 0,2%-0,4%, acechando de nuevo los 18.200 puntos tras dos jornadas de alta volatilidad. El movimiento llega en un contexto de extrema cautela: el mercado respira por la sorpresa negativa en las ventas minoristas de diciembre en EEUU, pero mantiene la vista clavada en el informe de empleo que se publicará hoy, retrasado por el último cierre parcial del Gobierno estadounidense. La combinación de consumo que se enfría y mercado laboral todavía resistente ha reforzado las apuestas de que la Reserva Federal volverá a recortar tipos este año, con los futuros descontando casi dos bajadas de 25 puntos básicos y una probabilidad creciente de un tercer movimiento antes de diciembre. La consecuencia es clara: sube la renta fija, el oro se sostiene y la renta variable europea avanza a trompicones, con avances muy moderados.
Un rebote que se queda a las puertas de los 18.200
El arranque de la jornada deja una fotografía ambivalente. El IBEX 35 ha llegado a marcar alrededor de 18.197 puntos, con subidas cercanas al 0,4%, para después moderarse hacia el +0,2% y estabilizarse en torno a los 18.152 puntos. Los números son positivos, pero el tono no es eufórico: la palabra clave en las mesas de negociación es “cautela”.
Este movimiento se produce tras una jornada previa de toma de beneficios, después de dos sesiones de rebote, en las que el selectivo llegó a poner en cuestión el soporte de los 18.000 puntos. El contraste con el arranque del año sigue siendo favorable —el índice acumula todavía ganancias anuales de en torno al 4%-5%—, pero la sensación es que el margen para avanzar sin la validación de los datos macro se ha estrechado al máximo.
Lo más grave, desde la óptica de los gestores, es que la referencia clave del día —el empleo en **Estados Unidos— llega contaminada por dos factores: la revisión anual del mercado laboral, que puede restar hasta 900.000 puestos al cómputo de los últimos doce meses, y el retraso en la publicación por culpa del último cierre administrativo en Washington. Este hecho revela un entorno de elevada incertidumbre estadística que complica aún más las decisiones de inversión.
La renta fija toma el mando
Mientras la renta variable española avanza con pies de plomo, el verdadero protagonista de la sesión vuelve a ser el mercado de bonos soberanos. La lectura de ventas minoristas planas en diciembre en EEUU (0,0% mensual frente al 0,4% esperado) ha devuelto tracción a la deuda, con descensos generalizados de las rentabilidades tanto en Treasuries como en bonos europeos.
La reacción ha sido manual: un consumo más débil implica, en teoría, menos presión sobre la inflación futura y, por tanto, mayor margen para recortar tipos. Los futuros sobre los fondos federales ya descuentan casi por completo dos bajadas de 25 puntos básicos en 2026 y otorgan una probabilidad significativa —en torno al 40%-50%— a un tercer recorte antes de final de año. La consecuencia inmediata ha sido un aumento de la duración en muchas carteras y entradas selectivas en deuda corporativa de alta calidad.
El contraste con la renta variable resulta demoledor: mientras las curvas de tipos empiezan a dibujar un escenario de normalización monetaria gradual, los índices bursátiles europeos apenas reaccionan. En el caso del IBEX, el peso de la banca —beneficiada por tipos altos— y de sectores cíclicos ligados al consumo y a la energía genera un balance delicado entre el alivio por los recortes futuros y el miedo a un enfriamiento más abrupto de la economía estadounidense.
El empleo estadounidense, juez y parte
El gran foco del día es el informe de empleo de enero en EEUU. El consenso espera un aumento de 70.000 nóminas no agrícolas, frente a los 50.000 puestos creados en diciembre, y una tasa de paro estable en el 4,4%. Son cifras modestas para un mercado laboral que durante años se ha caracterizado por crecimientos superiores a los 150.000 empleos mensuales, pero coherentes con un 2025 marcado por la desaceleración.
Además, el informe incluye la revisión anual del BLS, en la que se espera un ajuste a la baja en torno al 0,6% del empleo total, es decir, cerca de 900.000 puestos menos de los inicialmente contabilizados, frente a un recorte histórico mucho más suave del 0,2%. Esa revisión puede reescribir la narrativa de los últimos trimestres y reforzar la idea de que el mercado laboral llevaba meses mostrando una fortaleza aparente superior a la real.
“Probablemente hay más interés de lo habitual en el informe de empleo de EE.UU. tras los datos mixtos recientes”, advertían desde Morningstar Asia, subrayando que “si las cifras son moderadas, aumentarán las expectativas de recorte de tipos por parte de la Fed”. A la vez, los analistas de Link Securities recuerdan que unos datos peores de lo esperado podrían disparar el miedo a una ralentización más intensa del crecimiento, pese a favorecer a corto plazo a los activos más sensibles a los tipos. Esa tensión entre recortes “buenos” (por inflación controlada) y recortes “malos” (por recesión) es, hoy, el verdadero campo de batalla de los mercados.
Las dudas sobre el consumo se cuelan en la ecuación
El empleo no llega en el vacío. Lo hace después de que las ventas minoristas de diciembre en EEUU se hayan estancado (0,0% mensual), tras un avance revisado del 0,6% en noviembre y por debajo del +0,4% previsto. En términos interanuales, el consumo crece algo más del 2%, lejos de las tasas superiores al 3% que sostenían buena parte del optimismo sobre la economía estadounidense.
Este freno llega en paralelo a una desaceleración del crecimiento salarial, que se sitúa en torno al 0,7% en el cuarto trimestre, el ritmo más bajo en más de cuatro años, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. El diagnóstico es inequívoco: la capacidad del consumidor estadounidense para seguir tirando del carro del crecimiento se ve erosionada por unos tipos de interés todavía elevados y por la pérdida de poder adquisitivo acumulada.
Para el IBEX, estas señales son un arma de doble filo. Por un lado, un consumidor estadounidense más débil puede lastrar exportaciones, turismo y beneficios empresariales de compañías españolas con fuerte presencia internacional. Por otro, refuerza las probabilidades de recortes de tipos que alivien las condiciones financieras globales. La lectura que hagan los inversores de ese equilibrio —entre menor crecimiento y menor coste de financiación— determinará si el selectivo consolida el actual rebote o vuelve a poner en riesgo los 18.000 puntos.
Banca y grandes valores: un mapa mixto en el selectivo
La fotografía sectorial del IBEX refuerza la idea de un mercado en modo “esperar y ver”. En la apertura, el mejor comportamiento lo firma ArcelorMittal, con subidas cercanas al 3%, apoyada en la mejora de márgenes y en la expectativa de que un ciclo de tipos más bajos reactive la demanda industrial. Le siguen Indra, con avances próximos al 1%, y entidades como Banco Sabadell o la petrolera Repsol, que se anotan repuntes de alrededor del 0,7%.
En la parte baja del índice destacan las caídas de Grifols, que cede en torno al 2%, y de la farmacéutica Rovi, con retrocesos moderados. El gigante textil Inditex registra descensos leves, reflejando la sensibilidad del sector consumo a cualquier señal de enfriamiento económico.
Entre los grandes valores financieros, Banco Santander se mueve con avances muy tímidos tras haber soportado buena parte de la corrección previa, mientras BBVA, Caixabank, Bankinter y Unicaja Banco alternan ligeras subidas y bajadas. La consecuencia es clara: el IBEX se sostiene gracias a un grupo reducido de valores industriales, energéticos y de infraestructuras, mientras la banca y el consumo frenan cualquier intento de ruptura clara al alza.
La sombra alargada de la inteligencia artificial
Más allá de los datos macro, un elemento inquieta de forma creciente a los inversores: el impacto potencial de la inteligencia artificial (IA) sobre los modelos de negocio tradicionales. Un informe interno de Renta 4 advertía de los “temores sobre la disrupción que puede suponer la IA sobre el modelo de negocio tradicional de muchas empresas (software, servicios legales y financieros, seguros...)”, que estarían provocando ventas indiscriminadas, sin distinguir entre ganadores y perdedores del nuevo paradigma.
En los últimos días, las aseguradoras europeas han sufrido correcciones relevantes después de que sus homólogas estadounidenses fueran penalizadas por el riesgo de que nuevas herramientas de IA alteren de forma radical la cadena de valor del sector, desde la tarificación hasta la gestión de siniestros. El contraste con las grandes tecnológicas —las principales impulsoras de la inversión en IA— añade una capa adicional de volatilidad: el mercado teme que la “suma cero” entre los que ganan y pierden se traduzca, a corto plazo, en un aumento del riesgo sistémico.
Para el IBEX, todavía con un peso relativamente bajo de compañías puramente tecnológicas, el efecto es más indirecto, pero no menos relevante: las valoraciones de empresas de servicios, consultoría y software nacional empiezan a incorporar primas de riesgo adicionales, al tiempo que los grandes bancos siguen de cerca cómo la automatización avanzada puede recortar costes… o erosionar márgenes si la competencia se acelera más de lo previsto.
Asia, el yen y la nueva ecuación de riesgo
El frente asiático tampoco ofrece demasiada tranquilidad. La arrolladora victoria electoral de Sanae Takaichi y su Partido Liberal DemocráticoPartido Liberal Democrático ha dado lugar a un rebote del yen, en un movimiento que los inversores interpretan como el inicio de una etapa de mayor claridad política pero también de posibles cambios en la política económica y monetaria de Japón.
El fortalecimiento de la divisa nipona tiene varios efectos en cadena: presiona a la baja a la renta variable japonesa más dependiente de las exportaciones, afecta a los flujos globales hacia activos asiáticos y reordena, en parte, el mapa de carry trade que durante años ha utilizado al yen como moneda de financiación barata. La consecuencia indirecta para Europa es un entorno de mayor sensibilidad a los movimientos de tipos y de divisas, que tiende a amplificar los vaivenes de índices como el IBEX.
En este contexto, cualquier noticia que altere la percepción sobre el ritmo de normalización monetaria del Banco de Japón o sobre la agenda fiscal de Takaichi puede añadir volatilidad adicional a unas bolsas europeas que, de momento, intentan digerir un cóctel de factores externos cada vez más complejo.