Los futuros de Wall Street arrancan en rojo mientras el mercado descuenta más inflación, menor crecimiento y un aumento del riesgo geopolítico sobre Irán

El 15% arancelario de Trump pone en guardia al Dow Jones

La decisión de Donald Trump de elevar al 15% los aranceles globales, apenas 48 horas después de anunciar un recargo del 10%, ha sido suficiente para teñir de rojo los futuros de Wall Street en la preapertura del lunes. A primera hora, el Dow Jones cedía en torno a un 0,3%, el Nasdaq 100 retrocedía un 0,4% y el S&P 500 caía un 0,33%, en un movimiento que refleja tanto el shock arancelario como el creciente ruido geopolítico. En paralelo, el euro avanzaba alrededor de un 0,2% frente al dólar, hasta la zona de los 1,18 dólares, señal de un billete verde algo más débil. Sobre el tablero, además, un elemento explosivo: el exagente de la CIA y conocido whistleblower John Kiriakou sostiene que la Casa Blanca prepara un ataque contra Irán “el lunes o el martes”.

FR TORO DE WALL STREET
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De un 10% “temporal” a un 15% global en cuestión de horas

El anuncio de Trump supone subir cinco puntos porcentuales la tasa arancelaria global apenas un fin de semana después de presentar un recargo del 10% como medida inicial. El mensaje que recibe el mercado es inequívoco: la Casa Blanca está dispuesta a armar la política comercial a golpe de improvisación, con muy poco margen para que empresas y socios ajusten sus cadenas de suministro.

Según estimaciones de mercado, un arancel del 15% sobre el grueso de las importaciones podría encarecer el coste de entrada de bienes en Estados Unidos en entre 120.000 y 180.000 millones de dólares anuales, dependiendo de las exenciones finales por sectores estratégicos. Este hecho revela un giro de fondo: los aranceles dejan de ser una herramienta quirúrgica para convertirse en un impuesto generalizado sobre el consumo y la inversión.

La consecuencia es clara. Las multinacionales con fuerte dependencia del mercado estadounidense deberán decidir entre absorber parte del golpe en márgenes o trasladarlo rápidamente a precios. Y cuanto más amplio y súbito es el salto arancelario, menor capacidad tienen para suavizar ese impacto. De ahí que los analistas hablen ya de un “segundo capítulo” de la guerra comercial, esta vez más transversal y menos negociado que en la etapa 2018-2019.

Wall Street descuenta más inflación y menos crecimiento

La reacción de los futuros refleja un diagnóstico nítido: más presión inflacionista y menor crecimiento potencial. Un 15% generalizado sobre bienes importados actúa como un impuesto indirecto que, en el corto plazo, eleva el nivel de precios sin mejorar la productividad. El contraste con la narrativa de “desinflación suave” que había dominado las últimas semanas resulta demoledor.

Los gestores consultados hablan de una posible reducción de entre 0,3 y 0,5 puntos del PIB estadounidense en un horizonte de 12-18 meses si el nuevo arancel se mantiene y se acompaña de represalias selectivas de los socios comerciales. El impacto sería especialmente visible en bienes de equipo, automoción, electrónica de consumo y textil, segmentos altamente expuestos a cadenas globales.

En paralelo, la Reserva Federal se enfrenta a un dilema incómodo. Por un lado, el shock arancelario puede reavivar la inflación importada; por otro, el enfriamiento del comercio y de la inversión empresarial puede golpear el crecimiento y el empleo industrial. La consecuencia es un escenario de política monetaria menos predecible, justo cuando el mercado empezaba a confiar en una senda de recortes graduales de tipos a partir de finales de año. “Los aranceles reintroducen un riesgo de estanflación que el mercado creía superado”, resume un estratega de renta variable estadounidense.

El euro sube y el dólar pierde su aura de refugio inmediato

Que el euro suba alrededor de un 0,2% hasta los 1,1810 dólares en un contexto de caídas en los futuros de Wall Street es un matiz relevante. Tradicionalmente, las sacudidas de riesgo global venían acompañadas de un fortalecimiento del billete verde como activo refugio. Esta vez, en cambio, el origen del shock está directamente en Washington.

El diagnóstico es inequívoco: parte del mercado comienza a leer los aranceles como un factor estructuralmente negativo para los activos estadounidenses, al encarecer costes, generar incertidumbre regulatoria y tensar las relaciones con socios clave. La prima de riesgo política de Estados Unidos se mueve, silenciosa, pero de forma visible.

Para la zona euro, el movimiento es ambiguo. A corto plazo, un euro algo más fuerte refleja la búsqueda de alternativas al dólar, pero también presiona a la baja la competitividad de sus exportaciones, justo cuando las economías más abiertas —Alemania, Países Bajos, Irlanda— encadenan trimestres de debilidad. Si Washington mantiene el 15% durante varios meses, Bruselas se verá obligada a definir una respuesta estratégica, ya sea vía contramedidas, acuerdos sectoriales o más apoyo fiscal interno a las industrias expuestas.

El factor Irán: una amenaza militar en plena tensión comercial

La advertencia de John Kiriakou añade una capa de riesgo difícil de cuantificar. El exagente de la CIA sostiene que la Administración prepara un ataque contra Irán “el lunes o el martes”, en un contexto de tensiones crecientes en Oriente Medio. Aunque la información no ha sido confirmada por fuentes oficiales, el mero hecho de que circule una hipótesis así es suficiente para alterar las expectativas de los operadores.

La historia reciente muestra que cualquier acción militar directa contra Irán suele traducirse en repuntes inmediatos del precio del crudo, episodios de volatilidad en las bolsas y un desplazamiento masivo hacia activos refugio como el oro y la deuda soberana de máxima calidad. Si ese shock se combina con un endurecimiento arancelario global, el resultado podría ser un doble golpe sobre el crecimiento mundial: por el lado energético y por el lado comercial.

Lo más grave para los mercados no es solo el riesgo en sí, sino la sensación de que las decisiones de política exterior y económica se coordinan poco y se comunican peor. “Es el tipo de entorno en el que el error de cálculo geopolítico se paga muy caro en los mercados”, admite un analista de materias primas. En este contexto, cualquier señal de de-escalada o de apertura negociadora tendrá un efecto multiplicador en los precios de los activos.

Sectores en la diana: automoción, tecnología y consumo

Aunque el anuncio de Trump se presenta como un 15% global, los inversores asumen que el impacto será muy desigual por sectores. La automoción figura entre los grandes damnificados: fabricantes y proveedores dependen de cadenas de suministro altamente internacionalizadas, con componentes que cruzan varias fronteras antes de llegar a la línea de ensamblaje. Un recargo adicional del 5% sobre piezas y vehículos importados puede erosionar márgenes ya ajustados.

En tecnología y electrónica de consumo, el problema es similar. Buena parte del hardware que alimenta el ecosistema digital —desde servidores hasta smartphones— se fabrica fuera de Estados Unidos. Aun cuando parte de la producción se haya relocalizado en los últimos años, el grueso de la cadena sigue en Asia. Los analistas calculan que, si el 15% se consolida, algunas marcas tendrán que subir precios entre un 3% y un 7% para mantener rentabilidades.

En bienes de consumo masivo, el efecto será más difuso pero igualmente relevante. Textil, calzado, juguetes o electrodomésticos de gama media podrían encarecerse de forma perceptible para el consumidor final. La consecuencia es un posible deterioro de la confianza de los hogares, en un momento en que el consumo explica más de dos tercios del PIB estadounidense. El contraste con el impulso fiscal de años anteriores resulta evidente.

Quién paga realmente la factura de un 15% global

La Casa Blanca insiste en que los aranceles son una forma de hacer que “otros países paguen” por años de desequilibrios comerciales. Sin embargo, la evidencia acumulada en la última década sugiere lo contrario: la mayor parte del coste acaba recayendo sobre empresas y consumidores del país que impone el recargo.

En el corto plazo, los importadores afrontan un aumento inmediato de sus costes. Pueden intentar renegociar precios con sus proveedores, buscar nuevos orígenes o recortar márgenes. Pero cuando el salto arancelario es brusco y amplio, como ocurre al pasar del 10% al 15% en cuestión de horas, el margen de maniobra se reduce. Los distribuidores terminan trasladando parte del incremento a los precios finales.

Si el nuevo régimen arancelario se mantiene, el resultado probable será una inflación algo más alta de lo previsto y un consumo algo más débil. Es decir, justo lo contrario del escenario ideal en una economía que ya muestra signos de fatiga en inversión industrial y vivienda. En el plano internacional, socios clave de Estados Unidos también se verán empujados a responder, lo que abre la puerta a una escalada de medidas y contramedidas que reduciría aún más el comercio global.

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