El Bundesbank eleva la inflación al 2,9% en 2026

La entidad advierte de que la crisis de Oriente Medio frenará otra vez la recuperación alemana.

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La primera economía europea vuelve a tropezar con el mismo muro: la energía. El Bundesbank advierte de que el encarecimiento del petróleo y el gas por la guerra en Oriente Medio empujará la inflación alemana hasta el 2,9% en 2026, muy por encima del objetivo de estabilidad del BCE. Lo más grave no es solo el repunte de precios, sino el contexto: Alemania apenas crecerá un 0,5% este año y seguirá atrapada en una recuperación débil. El diagnóstico es inequívoco: sin estímulo fiscal, la locomotora europea estaría otra vez al borde de la contracción.

El golpe energético

El Bundesbank sitúa el origen del deterioro en la subida de los precios energéticos derivada del conflicto en Oriente Medio. El impacto es directo: carburantes, calefacción, transporte y costes industriales vuelven a tensionarse. Pero también es indirecto. La energía más cara se filtra después en alimentos, bienes industriales y servicios, con un retraso que prolonga el daño durante varios trimestres. Por eso la inflación no bajaría de forma clara hasta 2028, cuando el banco central alemán prevé una tasa del 1,9%.

Crecimiento bajo mínimos

La previsión de PIB deja poco margen para el optimismo. Alemania crecería solo 0,5% en 2026, 0,8% en 2027 y 1,4% en 2028. Son cifras débiles para una economía que arrastra años de pérdida de competitividad, costes laborales elevados y dependencia exterior. El contraste resulta demoledor: incluso cuando el rebote llegue, el potencial de crecimiento alemán apenas avanzará entre 0,3% y 0,4% anual, según el propio Bundesbank.

Empresas bajo presión

El nuevo shock energético golpea especialmente al tejido industrial. Las compañías afrontan más costes, cuellos de botella en suministros y menor demanda. Este hecho revela una vulnerabilidad estructural: Alemania sigue siendo una potencia exportadora muy dependiente de energía asequible y cadenas globales estables. Cuando ambos factores fallan, la inversión privada se repliega. Además, los tipos de interés más altos encarecen la financiación y frenan proyectos de capital, vivienda y modernización productiva.

El salvavidas fiscal

La economía alemana no caerá más por una razón: gasto público. El Bundesbank calcula que la política fiscal expansiva evitará una caída del PIB en el semestre de verano y aportará alrededor de 1,3 puntos porcentuales al crecimiento acumulado hasta 2028. La defensa y la inversión pública serán claves. Sin embargo, el precio será elevado: el déficit público podría subir del 2,8% en 2025 al 4,9% en 2028, mientras la deuda se acercaría al 70% del PIB.

Inflación persistente

El problema no termina en la energía. La inflación subyacente —sin alimentos ni energía— seguirá alta: 2,6% en 2026, 2,5% en 2027 y 2,3% en 2028. Esto confirma que el encarecimiento inicial puede trasladarse a costes laborales, transporte, producción y servicios. La energía no solo sube la factura: cambia toda la estructura de precios. Para el BCE, este escenario complica cualquier relajación monetaria rápida y obliga a mantener una vigilancia estrecha sobre salarios y márgenes empresariales.

El riesgo que viene

El escenario central del Bundesbank asume que la tensión energética se moderará. Pero el propio organismo reconoce un riesgo evidente: si el conflicto se prolonga o afecta de forma duradera al suministro por rutas críticas como el estrecho de Ormuz, el golpe sobre precios y crecimiento sería mucho mayor. Un acuerdo entre Estados Unidos e Irán podría aliviar la presión energética y devolver oxígeno a la economía global. Sin ese alivio, Alemania afrontaría otra fase de estanflación blanda: poco crecimiento, precios altos y empresas cada vez más cautas.

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