Asia desafía los aranceles mientras el petróleo se desploma un 5%
Las bolsas asiáticas avanzan pese a las nuevas barreras comerciales de Estados Unidos, apoyadas por la tecnología y el alivio energético tras la tregua con Irán.
Las principales bolsas de Asia-Pacífico han comenzado la semana con avances generalizados pese a la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses de entre el 10% y el 12,5% sobre cerca de 60 socios comerciales. El mercado ha optado, al menos provisionalmente, por mirar más allá de la escalada proteccionista.
El giro ha llegado desde la energía. El petróleo ha caído más de un 5% después de que Estados Unidos e Irán pausaran sus ataques, reduciendo el temor a una interrupción prolongada de los suministros. La tecnología ha completado el impulso. Sin embargo, la aparente calma esconde un equilibrio frágil: tarifas más elevadas, rutas energéticas amenazadas y un comercio mundial sometido a una nueva prueba de resistencia.
Una subida contra pronóstico
El comportamiento de los índices asiáticos resulta significativo porque coincide con una medida que, en condiciones normales, debería haber elevado la aversión al riesgo. El Nikkei 225 avanzó un 0,38%, mientras el Hang Seng de Hong Kong ganó un 0,94%.
En China continental, el Shanghai Composite subió un 0,48%, pero el movimiento más intenso se produjo en Shenzhen, cuyo índice compuesto se revalorizó un 1,45%. Australia también destacó con un avance del 1,05% en el S&P/ASX 200.
La excepción fue Corea del Sur. El Kospi retrocedió un 0,62%, reflejo de que la recuperación regional no ha sido homogénea. La elevada exposición de sus grandes compañías industriales y tecnológicas al comercio internacional convierte a Seúl en uno de los mercados más sensibles a cualquier endurecimiento arancelario.
El petróleo cambia el ánimo
La caída del crudo ha proporcionado el principal argumento para comprar acciones. El Brent descendió alrededor de un 5%, mientras el petróleo estadounidense llegó a perder más de un 5,5%, después de varias semanas marcadas por el temor a una escalada militar en Oriente Próximo.
La pausa en los ataques entre Washington y Teherán ha abierto un espacio para la diplomacia y ha reducido temporalmente la prima de riesgo incorporada al precio de la energía. El Brent llegó a superar recientemente los 100 dólares por barril, antes de retroceder hacia el entorno de los 92 dólares.
La consecuencia es clara: un petróleo más barato reduce costes industriales, contiene las expectativas de inflación y mejora los márgenes empresariales. Para las economías asiáticas importadoras de energía, el alivio es especialmente relevante.
Aranceles de nueva generación
Estados Unidos ha activado gravámenes de entre el 10% y el 12,5% sobre decenas de socios comerciales. Las medidas sustituyen parcialmente anteriores instrumentos arancelarios y buscan reforzar jurídicamente la estrategia proteccionista estadounidense.
Aunque el porcentaje puede parecer moderado frente a las amenazas de tarifas superiores formuladas en etapas anteriores, su alcance es considerable. Afectar simultáneamente a cerca de 60 economías implica encarecer una parte significativa de las cadenas globales de suministro.
Lo más grave no es únicamente el arancel, sino la incertidumbre que genera. Las empresas desconocen cuánto durará el nuevo marco, qué productos podrían incorporarse y si los países afectados responderán con medidas equivalentes.
La tecnología sostiene los índices
El sector tecnológico ha vuelto a ejercer de amortiguador. Las expectativas sobre inteligencia artificial, semiconductores y centros de datos mantienen el interés por compañías asiáticas vinculadas a la fabricación de chips, componentes electrónicos y equipamiento digital.
Shenzhen representa con claridad ese fenómeno. Su subida del 1,45%, muy superior a la de Shanghái, apunta a una preferencia por valores tecnológicos y empresas orientadas al crecimiento.
Sin embargo, el diagnóstico exige prudencia. Muchas de estas compañías dependen de componentes fabricados en varios países antes de completar el producto final. Una cadena sometida a múltiples aranceles puede perder competitividad incluso cuando la demanda tecnológica permanece fuerte.
El yen recupera terreno
El dólar cayó un 0,20% frente al yen y se situó alrededor de los 163,52 yenes. El movimiento es reducido, pero relevante en un mercado acostumbrado a vigilar cualquier posible intervención de las autoridades japonesas.
Un yen excesivamente débil favorece a los exportadores nipones, pero encarece las importaciones energéticas y alimentarias. La caída del petróleo permite compensar parcialmente ese problema, ofreciendo al Banco de Japón un margen algo mayor para gestionar su política monetaria.
El contraste resulta evidente: Japón se beneficia simultáneamente del descenso del crudo y del dinamismo exportador, aunque la fortaleza de las barreras comerciales estadounidenses amenaza con deteriorar esa combinación.
Una tregua todavía reversible
La reacción positiva de los mercados no equivale a una desaparición del riesgo. El estrecho de Ormuz continúa condicionado por la tensión militar y la normalización del tráfico marítimo no está garantizada. Además, persisten amenazas sobre rutas alternativas del mar Rojo.
La pausa entre Estados Unidos e Irán reduce la presión inmediata, pero no reconstruye por sí sola la seguridad energética internacional.
Si las hostilidades regresan, el petróleo podría recuperar rápidamente la prima geopolítica perdida. Si la tregua se consolida, las bolsas contarían con un apoyo adicional: menor inflación, costes logísticos más bajos y menos presión sobre los bancos centrales.
La factura llegará después
Los inversores han premiado el alivio energético inmediato y han aplazado el análisis completo de los aranceles. Esa jerarquía puede cambiar cuando las empresas comiencen a publicar previsiones sobre costes, exportaciones y márgenes.
La evidencia económica sugiere que las tarifas amplias pueden aumentar la recaudación en determinadas fases, pero también deteriorar el bienestar y estimular represalias comerciales. Un estudio reciente sitúa los aranceles compatibles con una mejora del bienestar en una franja de entre el 0% y el 10%, por debajo de algunos de los gravámenes aplicados ahora.
Asia ha ganado la primera sesión. La batalla decisiva comenzará cuando los nuevos costes atraviesen las aduanas y lleguen a las cuentas de resultados.