El Nikkei lidera Asia-Pacífico con una subida del 2,3%
La sesión asiática de este miércoles ha confirmado el giro de sentimiento que se vivió en Wall Street tras el último movimiento de la Casa Blanca. Los principales índices de la región han abierto con subidas generalizadas, en un contexto de creciente incertidumbre por el nuevo arancel global del 10% anunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como respuesta al fallo del Tribunal Supremo que tumbó sus anteriores gravámenes unilaterales. El Nikkei 225 japonés lidera el rebote con avances superiores al 2%, seguido por el Kospi surcoreano y las plazas chinas, mientras el dólar se debilita frente al yen. Al mismo tiempo, en Tokio se escenifica otra batalla clave: la presión política de la primera ministra Sanae Takaichi para frenar nuevas subidas de tipos choca con la prudencia del gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda.
De Wall Street a Tokio: el rebote inmediato
El optimismo ha viajado en línea recta desde Nueva York a Asia-Pacífico. Tras una sesión alcista en Wall Street, los inversores asiáticos han replicado el movimiento con fuerza. A las 7:05 horas CET, el Nikkei 225 subía un 2,36%, es decir, unos 1.354 puntos, apuntalando la recuperación de la renta variable japonesa. Al mismo tiempo, el dólar cedía un 0,14% frente al yen, hasta las ¥155,66, un ajuste modesto pero significativo tras semanas de fortaleza del billete verde.
Un minuto después, el Kospi surcoreano avanzaba un 1,85% (unos 110 puntos), mientras que en Australia el S&P/ASX 200 había cerrado ya con una subida del 1,18%, equivalente a 106 puntos. En China continental, el compuesto de Shanghái ganaba un 0,91% y el de Shenzhen un 1,34%, mientras el Hang Seng de Hong Kong sumaba un 0,38% (100 puntos).
La lectura inmediata del mercado es clara: el fallo del Supremo que obliga a desmontar parte del andamiaje arancelario de Trump elimina, por ahora, el escenario más extremo; el nuevo arancel del 10%, aunque agresivo, parece percibido como más acotado en el tiempo y jurídicamente más frágil que el esquema anterior.
El giro de Trump: un arancel único del 10%
Lejos de asumir la derrota, Trump ha reaccionado con un nuevo golpe de efecto. Apenas horas después de que el Tribunal Supremo declarase ilegales las tarifas impuestas al amparo de la ley de poderes de emergencia (IEEPA), la Casa Blanca anunciaba un arancel global del 10% sobre casi todas las importaciones, apoyándose esta vez en la Sección 122 de la Trade Act de 1974.
Este instrumento permite al presidente imponer aranceles de hasta el 15% durante un máximo de 150 días para corregir desequilibrios de balanza de pagos, sin necesidad de aprobación previa del Congreso. Trump se sitúa deliberadamente en ese margen, configurando un arancel “puente” que busca ganar tiempo mientras la Administración explora otras vías legales más duraderas.
La consecuencia inmediata es doble: por un lado, los mercados descuentan que el golpe inflacionista de la nueva ronda de tarifas será menos intenso y potencialmente más breve que el de la batería anterior; por otro, se abre un periodo de enorme inseguridad regulatoria, en el que empresas e inversores deben recalcular constantemente sus cadenas de suministro ante la posibilidad de que, pasados esos 150 días, llegue una nueva vuelta de tuerca legislativa.
Un fallo histórico del Supremo y un vacío muy caro
El origen de este nuevo capítulo se encuentra en una sentencia que muchos analistas califican ya de histórica. Con una mayoría de 6-3, el Tribunal Supremo ha dictaminado que la IEEPA no autoriza al presidente a fijar aranceles globales, recordando que la Constitución reserva el poder de imposición de tributos al Congreso.
La decisión no sólo supone un revés político para la Casa Blanca, sino que abre un agujero financiero potencialmente masivo: los cálculos preliminares apuntan a que el Tesoro podría enfrentarse a devoluciones de hasta 175.000 millones de dólares en tarifas cobradas al amparo del esquema ahora invalidado, con estimaciones de otros centros de análisis que sitúan el impacto máximo en torno a los 3 billones de dólares a lo largo de la próxima década si se deshicieran todos los gravámenes anteriores.
“La consecuencia es clara: el presidente pierde su interruptor de ‘on/off’ sobre los aranceles, y el centro de gravedad vuelve al Capitolio”, resumen fuentes jurídicas consultadas por medios estadounidenses. Para los mercados, el mensaje es ambiguo: se desmonta parte de la incertidumbre asociada a la discrecionalidad de Trump, pero se abre un periodo de litigios, devoluciones y renegociaciones comerciales que puede prolongarse durante años.
La respuesta de Asia: Nikkei, Kospi, China y Hong Kong
La reacción de las bolsas asiáticas revela hasta qué punto la región sigue siendo el termómetro de la economía real. Japón y Corea del Sur, altamente expuestos a las exportaciones industriales hacia Estados Unidos, han liderado las subidas. Un Nikkei por encima del 2% indica que los inversores descuentan un escenario en el que, pese al nuevo arancel, la eliminación de las tarifas más agresivas reduce el riesgo de recesión global inmediata.
En Corea, el rebote del Kospi favorece especialmente a los grandes conglomerados tecnológicos y de automoción, históricamente sensibles a cualquier cambio en el coste de entrada al mercado estadounidense. En China, las subidas del 0,9%-1,3% en Shanghái y Shenzhen se interpretan como un respiro táctico en la guerra comercial, pero también como una oportunidad para reorientar exportaciones hacia terceros mercados si Washington mantiene la presión. En Hong Kong, el avance más moderado del Hang Seng refleja el peso de financieras y energéticas, más cautas ante el posible repunte de la volatilidad del dólar.
La fotografía de conjunto es la de un mercado que celebra el alivio inmediato pero que mantiene la vista puesta en los próximos 150 días de “arancel puente”.
Takaichi vs Ueda: el pulso soterrado sobre los tipos en Japón
Mientras los titulares globales se concentran en Trump y el Supremo, en Tokio se libra otra batalla decisiva. Según las filtraciones conocidas, la primera ministra Sanae Takaichi ha trasladado al gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, su oposición a nuevas subidas de tipos en el corto plazo. El mensaje llega en un momento delicado: Japón apenas comienza a salir de décadas de tipos negativos y compras masivas de activos, y cualquier movimiento brusco puede desestabilizar tanto al yen como a la deuda pública.
Para Takaichi, un endurecimiento prematuro pondría en riesgo la recuperación de la demanda interna y deterioraría la competitividad de las exportaciones justo cuando entra en vigor el nuevo arancel estadounidense. Para Ueda, que ha iniciado un tímido giro hacia la normalización monetaria, mantener el tipo oficial demasiado bajo durante más tiempo amenaza con cronificar las presiones inflacionistas importadas y alimentar burbujas en activos financieros.
El contraste con la situación de la Reserva Federal y del BCE resulta demoledor: mientras Estados Unidos y la eurozona manejan ya ciclos de bajadas graduales tras las grandes subidas posteriores a la pandemia, Japón sigue atrapado entre la necesidad de sostener el crecimiento y el riesgo de perder el control del yen si se percibe que va demasiado por detrás en el ajuste.
Inflación, comercio y cadenas de suministro: el nuevo tablero
El nuevo arancel global del 10% reabre un debate que muchos daban casi por cerrado: ¿hasta qué punto es compatible una economía mundial fragmentada con la estabilidad de precios? Los estudios de la Reserva Federal y de varios bancos centrales estimaban que la oleada arancelaria previa elevó la inflación estadounidense en torno a 1-1,5 puntos porcentuales, al tiempo que trasladaba parte del coste a socios comerciales clave en Asia y Europa.
Ahora, el diseño temporal de la Sección 122 introduce un elemento adicional: empresas y gobiernos deben decidir si reaccionan como si el arancel fuera estructural o si lo tratan como una perturbación transitoria de 150 días. En el primer caso, veremos acelerarse el rediseño de cadenas de suministro, con más producción regionalizada y mayores costes fijos. En el segundo, primará la gestión de inventarios y el uso de coberturas financieras para absorber el golpe sin remodelar por completo la estructura de producción.
Este hecho revela hasta qué punto la política comercial estadounidense se ha convertido en el principal factor de riesgo global, muy por encima de los ciclos de tipos. La combinación de un arancel amplio, un fallo judicial histórico y una respuesta monetaria todavía incierta configura un tablero en el que cada decisión puede tener efectos multiplicadores sobre el precio final que paga el consumidor.