China agrieta el monopolio de ASML y hunde los chips

El avance chino en litografía y la financiación masiva de Nvidia a sus propios clientes desatan una corrección histórica en las bolsas asiáticas y obligan al mercado a revisar el precio de la inteligencia artificial.

La Bolsa de Corea del Sur se desplomó cerca de un 10,7% y tuvo que activar su cortafuegos de emergencia. Samsung Electronics perdió un 13,4% y SK Hynix cayó un 14,7% en una sesión que ha cambiado el relato dominante sobre la inteligencia artificial.
El detonante no ha sido una caída de beneficios. Tampoco una advertencia empresarial. Ha sido algo más profundo: China comienza a fabricar maquinaria de litografía que Occidente trató de mantener fuera de su alcance.
Al mismo tiempo, los inversores cuestionan la red de financiación construida alrededor de Nvidia, OpenAI y los grandes centros de datos.
Cuando los resultados son récord y las acciones caen, el problema deja de ser el negocio. El problema es el precio pagado por él.

Corea activa el freno de emergencia

El Kospi cerró en 6.023,66 puntos, con una caída próxima al 11%, después de que la Bolsa de Corea suspendiera temporalmente la negociación mediante sus mecanismos automáticos de protección. La liquidación alcanzó de lleno a los dos grandes fabricantes nacionales de memoria, fundamentales para los servidores de inteligencia artificial.

Samsung perdió más del 13% y SK Hynix casi un 15%. En Japón, Kioxia sufrió también fuertes ventas, mientras el Nikkei retrocedió alrededor de un 4% y la Bolsa de Taiwán cayó un 4,7%.

Según Bloomberg Línea, SK Hynix habría llegado a destruir alrededor de 570.000 millones de dólares de capitalización desde sus máximos de junio, aunque la cifra depende del punto de referencia y del tipo de cambio utilizado.

China agrieta el muro de ASML

El mercado reaccionó a las informaciones sobre una empresa estatal de Shanghái que habría comenzado a fabricar máquinas de litografía ultravioleta profunda por inmersión, conocidas como DUV.

Hasta ahora, ASML dominaba prácticamente este segmento de alta precisión. Las restricciones occidentales pretendían impedir que Pekín accediera a determinadas máquinas capaces de fabricar chips avanzados. Sin embargo, la presión exterior ha acelerado la sustitución tecnológica interna.

Las primeras unidades chinas podrían entregarse a fabricantes como SMIC, Hua Hong y CXMT, con una producción todavía reducida: alrededor de cinco máquinas en 2026 y hasta 20 durante 2027, según las informaciones disponibles.

Un avance todavía limitado

Afirmar que China ha destruido por completo el monopolio de ASML resulta prematuro. Pekín habría avanzado en litografía DUV por inmersión, pero sigue sin demostrar una alternativa equivalente a las máquinas de ultravioleta extremo, o EUV, utilizadas para imprimir las capas más complejas de los semiconductores de última generación.

ASML explica que los sistemas EUV trabajan con una longitud de onda de 13,5 nanómetros, más de 14 veces inferior a la empleada por la tecnología DUV. Ambas tecnologías son complementarias, pero no intercambiables.

Lo relevante, por tanto, no es que China haya alcanzado ya la frontera tecnológica. Es que ha comenzado a reducir una dependencia que Occidente consideraba estructural.

Nvidia y el dinero circular

La segunda inquietud procede de Nvidia. La compañía negocia garantías financieras por unos 250.000 millones de dólares vinculadas a un gran proyecto de OpenAI en Ohio y estudia financiar hasta 350.000 millones adicionales para la adquisición de equipos y procesadores.

El esquema ha despertado dudas porque el proveedor de chips estaría respaldando financieramente a uno de sus principales compradores. La financiación, conviene precisarlo, no se contabiliza automáticamente como una venta. Sin embargo, sí puede sostener artificialmente la demanda futura si el cliente depende del fabricante para financiar las compras.

El riesgo no está necesariamente en el fraude contable. Está en la calidad de los ingresos y en la concentración de las operaciones.

El crédito manda otra señal

El coste de asegurar la deuda de Nvidia mediante derivados de crédito registró su mayor subida diaria desde que estos contratos comenzaron a negociarse activamente. Los CDS a cinco años llegaron a ampliarse alrededor de 14 puntos básicos, hasta unos 82 puntos, tras conocerse conversaciones sobre compromisos de infraestructura superiores a 750.000 millones de dólares.

No significa que el mercado espere una quiebra de Nvidia. La compañía mantiene una posición financiera extraordinariamente sólida. Pero este hecho revela que los inversores de crédito comienzan a exigir una prima mayor ante la magnitud de sus compromisos.

Cuando el mercado de bonos se protege antes que la Bolsa, la señal merece atención.

Los beneficios ya no bastan

El desplome de los fabricantes de chips no responde a una recesión en sus cuentas. La demanda de memorias avanzadas continúa siendo elevada y los beneficios del sector siguen en niveles históricos.

Sin embargo, las valoraciones incorporaban un escenario casi perfecto: crecimiento continuo de la inteligencia artificial, escasa competencia china, financiación abundante y gasto ilimitado de los grandes centros de datos.

La aparición simultánea de un competidor tecnológico, costes financieros crecientes y operaciones circulares rompe esa comodidad. La consecuencia es clara: los inversores ya no preguntan cuánto gana una empresa, sino cuánto crecimiento futuro han pagado por adelantado.

El riesgo llega a las carteras

La corrección no afecta únicamente a grandes fondos tecnológicos. Nvidia, Samsung, SK Hynix y ASML forman parte de índices, fondos cotizados y planes de pensiones globales. Su peso convierte cualquier caída coordinada en un problema para millones de ahorradores.

La experiencia de la burbuja tecnológica del año 2000 dejó una lección incómoda: una empresa puede tener un producto revolucionario y, aun así, ser una mala inversión si su valoración descuenta décadas de éxito sin margen para el error.

China no ha derrotado todavía a ASML. Nvidia tampoco ha dejado de ser rentable. Pero el mercado ha descubierto que el precio de la perfección también puede desplomarse.

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