España rompe la barrera del 10% de paro y alcanza 22,8 millones de ocupados

La tasa de desempleo cae al 9,87%, su nivel más bajo desde 2008, después de que el mercado laboral sumase 486.000 trabajadores entre abril y junio.

Oficina de empleo
Oficina de empleo

España ha logrado reducir su tasa de paro por debajo del 10% por primera vez desde 2008. La Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2026 sitúa el desempleo en el 9,87%, casi un punto menos que el 10,83% registrado entre enero y marzo.

El número de ocupados aumentó en 486.000 personas durante el trimestre, hasta alcanzar el máximo histórico de 22.779.000 trabajadores. Al mismo tiempo, el paro descendió en 213.300 personas y quedó situado en 2.495.300 desempleados. El mercado laboral español rompe así una barrera psicológica que permanecía intacta desde el inicio de la crisis financiera.

Un récord de empleo

El dato más relevante de la EPA no es únicamente la caída del desempleo. España nunca había contado con tantos trabajadores ocupados.

Los 22,78 millones de empleos representan un crecimiento trimestral del 2,18% y un avance de 510.200 trabajadores respecto al mismo periodo del año anterior. Incluso después de corregir los efectos estacionales, la ocupación aumentó un 0,54%, lo que confirma que la mejora no responde exclusivamente a las contrataciones vinculadas al verano.

La población activa también alcanzó un máximo histórico de 25.274.300 personas, tras crecer en 272.700 durante el trimestre. Este hecho revela que el mercado está absorbiendo nuevos trabajadores sin provocar un aumento paralelo del paro.

El impulso de los servicios

La creación de empleo volvió a concentrarse en el sector servicios, que incorporó cerca de 400.000 ocupados entre abril y junio. La llegada de la temporada turística, la hostelería y las actividades comerciales explican una parte importante del incremento.

La construcción sumó 56.600 trabajadores y la industria añadió otros 38.200 empleos. La agricultura fue la excepción, con una pérdida aproximada de 6.200 ocupados.

La consecuencia es clara: España continúa dependiendo en gran medida de actividades sensibles al calendario turístico. Sin embargo, la mejora simultánea de la industria y la construcción introduce una señal más sólida que la observada en otras fases expansivas.

La estacionalidad sigue pesando

El segundo trimestre suele ser favorable para el empleo. Semana Santa, el inicio de la campaña turística y la preparación de la temporada estival impulsan tradicionalmente las contrataciones.

Por ello, la caída trimestral del paro, cercana al 7,9%, debe interpretarse con cautela. El descenso desestacionalizado fue mucho más moderado, del 0,37%, aunque mantuvo la dirección positiva.

Lo más grave sería confundir un trimestre excepcional con la desaparición de los problemas estructurales. El mercado laboral sigue expuesto a oscilaciones intensas entre campañas y a una elevada concentración del empleo en sectores de productividad media o baja.

Una barrera histórica

La tasa del 9,87% devuelve el desempleo español a niveles que no se observaban desde 2008, antes de que la crisis inmobiliaria destruyera millones de puestos de trabajo.

El descenso resulta especialmente significativo porque, durante buena parte de las últimas dos décadas, España ha mantenido tasas de paro muy superiores a las de las principales economías europeas. En los peores momentos de la anterior crisis, el indicador llegó a rozar el 27%.

El diagnóstico es inequívoco: se ha producido una mejora histórica. Pero bajar del 10% no significa haber cerrado la brecha con Europa. España continúa necesitando más empleo estable, mayor productividad y una relación más estrecha entre formación y demanda empresarial.

Menos hogares sin empleo

La recuperación también se refleja en los hogares. El número de familias con todos sus miembros ocupados aumentó en 228.800, mientras que los hogares con todos sus integrantes en paro disminuyeron en 86.500.

Este indicador tiene una relevancia que trasciende la estadística. La concentración del desempleo dentro de una misma familia incrementa el riesgo de pobreza, dependencia de ayudas públicas y exclusión social prolongada.

Una reducción sostenida de estos hogares puede aliviar la presión sobre determinadas prestaciones y mejorar la capacidad de consumo. No obstante, el efecto dependerá de la duración de los contratos, las jornadas efectivamente trabajadas y la evolución de los salarios reales.

La prueba llegará después del verano

El próximo examen será comprobar cuánto empleo sobrevive al final de la temporada turística. El tercer trimestre todavía contará con el apoyo del verano, pero los datos del otoño mostrarán si la economía ha consolidado una base laboral menos estacional.

La evolución de los costes empresariales, la inversión, las exportaciones y el consumo marcará el ritmo. También será determinante la capacidad de transformar el crecimiento del empleo en mejoras de productividad.

España ha roto una barrera histórica y se acerca a los 23 millones de ocupados. El avance es indiscutible. La cuestión pendiente es si el país puede convertir este récord en una estructura laboral resistente cuando desaparezca el impulso de la temporada alta.

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