La menor tensión geopolítica relaja las primas de riesgo del petróleo

El crudo cede un 1% al enfriarse el riesgo en Irán

EPA/LARRY W. SMITH

La sesión del lunes ha devuelto cierta calma al mercado del petróleo. El barril de Brent y el West Texas Intermediate (WTI) han recortado en torno a un 1%, después de varios días en los que los operadores se cubrían ante el temor a una escalada militar en Oriente Medio. El giro se produce tras las insinuaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que podría retrasar una intervención militar directa en Irán, lo que ha reducido, de momento, el riesgo de un corte abrupto de suministro. Sin embargo, la tregua es frágil: el mercado sigue vigilando tanto la relación entre Washington y Teherán como la amenaza de nuevos aranceles sobre la Unión Europea, a raíz del último choque diplomático por Groenlandia. 

La tensión en Irán se enfría… por ahora

El factor que ha devuelto algo de aire al mercado es la percepción de menor inmediatez de un conflicto abierto con Irán. Después de varias semanas en las que se barajaban ataques selectivos sobre infraestructuras energéticas clave, Trump dejó caer que podría retrasar cualquier acción militar, mandando una señal de contención que los operadores han leído como una rebaja en la probabilidad de un choque directo en el corto plazo.

Esa matización ha sido suficiente para que se desinflen parte de las primas de riesgo geopolítico que se habían incorporado al precio del barril. El WTI para entrega en febrero caía un 0,98%, hasta los 58,86 dólares, mientras que el Brent de marzo retrocedía un 1,04%, hasta 63,46 dólares en las primeras horas de negociación. En un mercado que mueve alrededor de 100 millones de barriles diarios, una alteración de apenas un 2% del suministro potencial por un conflicto en el Golfo puede justificar repuntes de entre el 10% y el 15% en los precios. Por eso, cualquier gesto que apunte a contención tiene impacto inmediato.

Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: la tensión de fondo no ha desaparecido, solo se ha desplazado en el tiempo. Los inversores saben que un incidente en el Estrecho de Ormuz o un ataque a instalaciones estratégicas podría reabrir el escenario alcista en cuestión de horas.

Un mercado que descuenta menos riesgo de corte de suministro

La caída del 1% en el petróleo refleja, sobre todo, un ajuste en las probabilidades que el mercado asigna a un interrupción del flujo de crudo desde Oriente Medio. Cerca del 20% del petróleo transportado por mar pasa por el Estrecho de Ormuz, una ruta que Irán ha amenazado en varias ocasiones con bloquear si se intensifican las sanciones o los ataques a su territorio.

En los últimos días, las coberturas a través de derivados habían aumentado de forma notable, extendiendo el rally iniciado a medida que se endurecía la retórica entre Washington y Teherán. La moderación verbal de Trump ha reducido el peso de los escenarios extremos en los modelos de las grandes casas de trading. Un operador de materias primas lo resume así: “el mercado sigue nervioso, pero ha dejado de descontar el peor de los casos como escenario base”.

Este hecho revela hasta qué punto los precios del crudo están hoy más pegados a la geopolítica que a los fundamentales clásicos de oferta y demanda. A pesar de que la producción de la OPEP+ se mantiene contenida y algunos países siguen teniendo dificultades estructurales para sostener sus niveles de bombeo, el movimiento de la sesión responde menos a barriles físicos y más a probabilidades asignadas en las pantallas.

Tarifa sobre Groenlandia: ruido añadido en la relación con la UE

Mientras se enfría el frente iraní, se abre otro foco de incertidumbre: la amenaza de nuevos aranceles de Estados Unidos a la Unión Europea, a raíz del insólito choque por Groenlandia. Trump ha deslizado la posibilidad de castigar comercialmente a la UE después del rechazo frontal a sus aspiraciones sobre el territorio danés.

A primera vista, la relación entre Groenlandia y el barril de Brent puede parecer remota. Pero el mercado de materias primas está extremadamente interconectado. El temor a que la Casa Blanca abra un nuevo frente arancelario con Europa, más allá de los contenciosos ya activos (aeronáutica, acero, automóviles), añade un componente adicional de volatilidad al conjunto de activos de riesgo.

Para el petróleo, el canal de transmisión sería doble. Por un lado, una escalada en la guerra comercial podría lastrar el crecimiento del PIB europeo en varias décimas, reduciendo la demanda de crudo en el segundo mayor bloque económico del mundo. Por otro, un clima de mayor enfrentamiento político complica cualquier coordinación transatlántica en materia de sanciones y seguridad energética. La consecuencia es clara: aunque el movimiento de hoy es bajista, el tablero sigue cargado de posibles detonantes alcistas y bajistas.

Un precio aún alto en perspectiva histórica reciente

Pese al retroceso de este lunes, los niveles actuales de 63-64 dólares para el Brent y unos 59 dólares para el WTI siguen situándose en la parte media-alta del rango de los últimos doce meses. En algunos momentos de 2023 y 2024, el barril llegó a coquetear con los 70-75 dólares, espoleado por recortes de producción coordinados y por episodios puntuales de tensión en Rusia, Libia o Nigeria.

El contraste con el desplome vivido en 2020, cuando el WTI llegó a cotizar incluso en terreno negativo en contratos concretos, resulta demoledor. En apenas cuatro años, el mercado ha pasado de una crisis por sobreoferta y colapso de demanda a un entorno en el que cualquier incidente geopolítico añade una capa extra de encarecimiento energético. Para economías importadoras netas como la española, cada subida sostenida de 10 dólares en el barril puede traducirse en hasta 0,3 puntos adicionales de inflación y en varios miles de millones de euros de factura energética extra.

Lo más relevante es que el actual nivel de precios no refleja un boom de demanda, sino una combinación de gestión disciplinada de la oferta por parte de la OPEP+ y de primas de riesgo geopolítico que van y vienen al ritmo de los titulares.

Cómo impacta en inflación, bancos centrales y consumidores

La evolución del petróleo es uno de los factores que más de cerca siguen los bancos centrales. Un barril estabilizado en la zona de 60-65 dólares actúa como un compromiso imperfecto: no dispara la inflación de manera inmediata, pero tampoco la ayuda a caer con rapidez hacia los objetivos del 2% que persiguen la Reserva Federal o el Banco Central Europeo.

Para los hogares, el impacto es directo. En función de la estructura de impuestos especiales y margen de comercialización, una variación del 10% en el precio del crudo puede trasladarse en cuestión de semanas a una subida de entre el 4% y el 6% en los combustibles en el surtidor. La caída del 1% registrada hoy apenas aliviará la presión, pero sí puede frenar, de momento, nuevas escaladas.

Para las empresas intensivas en energía —transporte por carretera, aerolíneas, industria pesada—, cada jornada de moderación en el precio del barril reduce la urgencia de repercutir costes al cliente final, algo clave en un contexto en el que la demanda interna en Europa muestra signos de fatiga. “Cualquier respiro, aunque sea de unos pocos dólares, es bienvenido cuando vienes de dos años de fuertes subidas acumuladas”, admiten fuentes del sector logístico.

La mirada de las petroleras y de la OPEP+

Desde el lado de la oferta, las grandes petroleras y los países productores observan este leve retroceso con una mezcla de prudencia y cálculo estratégico. Para la OPEP+, un crudo algo más barato reduce presiones políticas en los países consumidores, pero demasiada debilidad podría obligar a nuevos recortes coordinados para sostener sus ingresos fiscales.

Las inversiones en exploración y producción siguen por debajo de los niveles previos a la pandemia en muchas regiones. Según estimaciones de la industria, la inversión global en upstream se sitúa todavía un 15%-20% por debajo de los picos de mediados de la década pasada. Con este telón de fondo, los productores prefieren un entorno de precios relativamente altos pero estables, frente a picos y desplomes que complican la planificación.

Las grandes cotizadas del sector, por su parte, han aprendido la lección del último ciclo: priorizan disciplina de capital, reducción de deuda y retribución al accionista frente a grandes apuestas de expansión. Un barril en el entorno actual les permite mantener márgenes holgados sin despertar la ira de consumidores y gobiernos.

Escenarios de corto plazo para el barril

A muy corto plazo, los analistas manejan tres grandes escenarios. El primero, de estabilidad relativa, asume que la tensión con Irán se mantiene contenida, que no se materializan nuevos aranceles entre Estados Unidos y la Unión Europea y que la economía global crece en torno al 3% anual. En ese caso, el Brent se movería en una banda de 60-70 dólares, con el WTI ligeramente por debajo.

El segundo escenario contempla una escalada geopolítica que afecte de forma directa a la producción o al transporte en Oriente Medio. Bastaría con una reducción del 3%-4% de la oferta global efectiva para que el mercado pusiera a prueba de nuevo la zona de 80-90 dólares, al menos temporalmente. Sería el guion más incómodo para bancos centrales y gobiernos.

El tercero, de sesgo bajista, pasa por un deterioro más intenso de la economía mundial, bien por una nueva guerra comercial o por un shock financiero. En ese caso, la demanda de crudo podría caer en 1-1,5 millones de barriles diarios, arrastrando los precios por debajo de 60 dólares y poniendo bajo presión a los productores con costes más elevados.