El DAX y el FTSE caen mientras el petróleo supera los 90 dólares

La escalada militar entre Estados Unidos e Irán vuelve a bloquear el estrecho de Ormuz, dispara la energía y castiga especialmente a aerolíneas, automovilísticas y compañías industriales.

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Las principales Bolsas europeas abrieron este lunes en negativo después de que la ofensiva estadounidense sobre distintos objetivos iraníes provocara una nueva respuesta militar de Teherán. El Brent volvió a superar los 90 dólares por barril, mientras crecía el temor a una interrupción prolongada del tráfico energético por el estrecho de Ormuz.

El impacto inicial fue contenido, pero generalizado. El DAX alemán cedió un 0,27%, el FTSE 100 británico perdió un 0,56%, el CAC 40 francés retrocedió un 0,25% y el Euro Stoxx 50 bajó un 0,21%. La consecuencia es clara: Europa vuelve a enfrentarse a una combinación incómoda de menor crecimiento, energía cara y nuevas presiones inflacionistas.

El petróleo vuelve a mandar

El verdadero epicentro de la jornada no estuvo en las Bolsas, sino en el mercado energético. El Brent llegó a superar los 90,9 dólares, con avances superiores al 3% durante algunos momentos de la sesión, mientras el West Texas Intermediate rondaba los 84 dólares.

El encarecimiento refleja el temor a que la confrontación entre Washington y Teherán limite todavía más la navegación por Ormuz, una de las arterias estratégicas del comercio mundial de hidrocarburos. Cualquier bloqueo sostenido trasladaría el coste de la guerra a consumidores y empresas, especialmente en las economías europeas más dependientes de las importaciones.

Aerolíneas y automóviles, bajo presión

Los inversores castigaron con especial intensidad a las empresas más expuestas al combustible y al ciclo industrial. IAG cayó alrededor de un 2% en Londres, mientras Renault perdió un 1,22% en París. Continental retrocedió un 1,38% y la energética italiana Enel llegó a desplomarse un 2,92%.

El diagnóstico es inequívoco. Las aerolíneas afrontan un incremento inmediato del coste del queroseno, mientras fabricantes y proveedores industriales temen nuevas alteraciones logísticas. A ello se suma la posibilidad de que el consumo vuelva a debilitarse si los hogares deben dedicar una mayor parte de su renta a carburantes, electricidad y calefacción.

Europa teme otra recaída inflacionista

La subida energética llega en un momento especialmente delicado para el Banco Central Europeo. El repunte del petróleo y del gas está elevando las rentabilidades de la deuda soberana: el bono alemán a diez años se situó alrededor del 3,15%, mientras el británico se acercó al 5%.

Lo más grave es que un nuevo shock de oferta reduciría el margen de actuación monetaria. Si la energía vuelve a contaminar los precios industriales y los servicios, el BCE podría verse obligado a mantener una política restrictiva durante más tiempo, aunque la actividad económica pierda impulso. El contraste con la crisis de 2022 resulta inevitable.

El estrecho que condiciona la economía mundial

Ormuz concentra una parte decisiva de las exportaciones energéticas del Golfo. Antes de la actual crisis, por esta vía transitaban aproximadamente 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo mundial.

Este hecho revela la fragilidad de una economía global que sigue dependiendo de unos pocos corredores marítimos. Aunque Europa ha diversificado proveedores desde la invasión rusa de Ucrania, continúa expuesta al precio internacional del crudo y del gas natural licuado. La diversificación ha reducido algunos riesgos políticos, pero no ha eliminado la vulnerabilidad energética.

Las divisas resisten el primer impacto

Pese a las ventas en renta variable, el mercado de divisas mostró una reacción más contenida. El euro se mantuvo cerca de 1,1436 dólares, mientras la libra cotizó alrededor de 1,3458 dólares.

La estabilidad sugiere que los inversores todavía interpretan la crisis como un shock concentrado principalmente en la energía y no como una ruptura sistémica de los mercados financieros. Sin embargo, esa percepción podría cambiar si los ataques se prolongan, aumenta el número de víctimas estadounidenses o se intensifican las restricciones al transporte marítimo.

Burnham hereda una economía vulnerable

La tensión coincide con la llegada de Andy Burnham al Gobierno británico, tras su elección como líder laborista y su relevo de Keir Starmer. Burnham debe asumir formalmente el cargo de primer ministro este lunes, en medio de presiones sobre el coste de la vida y las cuentas públicas.

Su margen inicial será reducido. Un petróleo persistentemente por encima de los 90 dólares encarecería el transporte, dificultaría la reducción de la inflación y elevaría la factura energética de los hogares. La crisis iraní amenaza así con marcar la agenda económica del nuevo Ejecutivo incluso antes de que presente sus primeras medidas.

Una apertura moderada con riesgos crecientes

Las caídas bursátiles inferiores al 1% muestran que no existe, por ahora, una huida desordenada del riesgo. Pero la aparente calma puede resultar engañosa. El Brent acumula una subida cercana al 30% desde sus mínimos de julio, impulsado por la ruptura de las conversaciones y la reanudación de las hostilidades.

La evolución dependerá menos de los resultados empresariales que de los movimientos militares alrededor de Ormuz. Europa ha abierto en rojo, pero el daño relevante podría aparecer después: inflación más persistente, tipos elevados, menores márgenes corporativos y una recuperación económica todavía más frágil.

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