El Dow rebota, pero los chips destapan la grieta de Wall Street: Japón bajo presión financiera
Wall Street inicia la semana intentando recuperar el pulso tras una corrección especialmente severa en el sector tecnológico. Los futuros del Dow Jones avanzaban alrededor de un 0,2% este lunes, frente al 0,4% del S&P 500 y el 0,8% del Nasdaq 100. El movimiento refleja una reacción técnica después de una semana en la que el índice industrial cedió un 0,9%, el S&P 500 perdió un 1,55% y el Nasdaq retrocedió un 2,9%.
El rebote, sin embargo, no elimina el problema de fondo. Giancarlo Prisco advierte de que bajo la aparente estabilidad del S&P 500 se está produciendo un desapalancamiento gradual, impulsado por algoritmos, coberturas con opciones y ventas forzadas. La corrección de los chips es la parte visible de un ajuste que afecta al coste del dinero, al mercado de divisas y a la sostenibilidad financiera de la inteligencia artificial.
Los semiconductores entran en zona de peligro
La caída del sector no puede interpretarse como una sesión aislada. El índice de semiconductores de Filadelfia perdió un 4,3% el pasado jueves y amplió posteriormente su descenso mensual hasta aproximadamente el 20%, umbral que técnicamente señala la entrada en un mercado bajista.
Desde los máximos de junio, algunos fondos cotizados especializados en chips acumulan retrocesos cercanos al 18%. Nvidia, AMD, Arm y otros fabricantes vinculados al auge de la IA han sufrido una rápida reducción de posiciones por parte de fondos que habían concentrado demasiado riesgo en una sola narrativa.
La corrección del 12% observada en determinados tramos no es, por tanto, el final del movimiento, sino una de sus fases. El mercado empieza a distinguir entre empresas con beneficios y flujo de caja reales y compañías cuya valoración dependía de inversiones futuras cada vez más costosas.
El coste oculto de la inteligencia artificial
La infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial exige centros de datos, redes eléctricas, chips avanzados y enormes cantidades de financiación. Mientras los tipos de interés permanecían bajos, ese gasto podía justificarse con expectativas de crecimiento a largo plazo. Ahora, la ecuación es más exigente.
Los rendimientos elevados de la deuda encarecen la construcción de centros de datos y reducen el valor presente de los beneficios futuros. Al mismo tiempo, las empresas tecnológicas deben demostrar que los miles de millones invertidos en capacidad informática se traducirán en ingresos recurrentes.
El contraste resulta incómodo. TSMC registró un nuevo trimestre récord y elevó su beneficio un 77%, pero el mercado castigó al sector por el aumento previsto de las inversiones y por el temor a que el ciclo de gasto haya avanzado más rápido que la monetización efectiva de la IA.
El yen amenaza el apalancamiento global
Otro foco de riesgo aparece lejos de Silicon Valley. El dólar se aproxima a los 162 yenes, frente a niveles cercanos a 100 yenes a finales de 2020. Esta depreciación aumenta la probabilidad de una intervención de las autoridades japonesas para sostener su moneda.
Durante años, numerosos inversores se endeudaron en yenes a bajo coste para adquirir acciones estadounidenses y otros activos con mayor rentabilidad. Es el denominado carry trade. Si Japón fuerza una apreciación de su moneda, esas operaciones pueden perder rentabilidad con rapidez y obligar a vender posiciones.
El precedente de 2024 permanece en la memoria: una subida del yen y el endurecimiento del Banco de Japón coincidieron con una caída cercana al 15% en el Nasdaq 100. No existe garantía de que el episodio se repita, pero la concentración actual en tecnología vuelve a amplificar cualquier movimiento cambiario.
El Dow resiste mejor que el Nasdaq
El arranque positivo del Dow Jones muestra que la corrección no afecta por igual a todo el mercado. En la última sesión de fuertes ventas tecnológicas, el índice industrial cayó apenas un 0,2%, frente al 1,5% del Nasdaq.
Energía, defensa, salud, transporte y servicios financieros están captando parte del capital que sale de los valores de crecimiento. Chevron se beneficia de la fortaleza del petróleo, mientras compañías como Lockheed Martin, RTX y Northrop Grumman reciben apoyo por el aumento del gasto militar y la tensión geopolítica.
No se trata necesariamente de una huida completa hacia activos defensivos. Es una rotación hacia beneficios presentes, contratos visibles y balances capaces de soportar tipos altos.
Tesla y Alphabet afrontan el examen decisivo
La publicación de resultados de Alphabet, Tesla e Intel marcará el tono de las próximas sesiones. El mercado examinará menos las promesas y más el flujo de caja, los márgenes y el retorno de las inversiones en inteligencia artificial. Más de 80 compañías del S&P 500 presentarán cuentas durante las dos próximas semanas.
En Tesla, la atención estará en la evolución de la demanda, el gasto tecnológico y la capacidad para financiar nuevos proyectos. En Alphabet, el punto crítico será comprobar si el crecimiento de la nube y los servicios de IA compensa el enorme desembolso en infraestructura.
El avance inicial del Dow ofrece alivio, pero no confirma que la corrección haya terminado. El S&P 500 recuperó recientemente el nivel de 7.500 puntos, aunque los analistas sitúan en torno a 7.421 una referencia técnica clave cuya pérdida podría activar nuevas ventas. Wall Street no atraviesa únicamente una toma de beneficios, sino una revisión del precio del riesgo. Los chips han sido el primer eslabón porque concentraban las valoraciones más exigentes. El yen, los tipos de interés y la geopolítica pueden determinar hasta dónde llega el ajuste.
El Dow comienza la semana en verde. Pero bajo ese rebote permanece una advertencia: cuando el apalancamiento se reduce, las ventas no siempre responden a que una empresa haya empeorado. A veces ocurren simplemente porque alguien, en otra parte del sistema, necesita liquidez.