Dow Jones en rojo, Nasdaq peor y petróleo en modo crisis

Trader EPA/JUSTIN LANE
La escalada entre Estados Unidos e Irán dispara el petróleo, hunde a los fabricantes de chips y deja al mercado pendiente de la Reserva Federal, la inflación y los resultados de la gran banca.

Wall Street ha cerrado en rojo tras una sesión dominada por el regreso del riesgo geopolítico y la corrección del sector tecnológico.
El Dow Jones perdió 138,31 puntos, un 0,26%, hasta los 52.498,70 enteros, aunque resistió mejor que el resto de los grandes índices gracias al avance de las compañías energéticas.
El S&P 500 retrocedió un 0,79% y el Nasdaq se dejó un 1,55%, arrastrado por la fuerte caída de los fabricantes de semiconductores.
El detonante fue la decisión de Donald Trump de reactivar el bloqueo sobre los puertos iraníes después de un nuevo intercambio de ataques.
El petróleo subió un 9,4% y devolvió a los mercados un temor que parecía contenido: la inflación energética.

El Dow resiste mejor

El Dow Jones terminó en 52.498,70 puntos, después de retroceder 138,31 enteros. La caída fue moderada frente a los descensos registrados por el S&P 500, que cerró en 7.515,47 puntos, y el Nasdaq Composite, situado en 25.873,18.

La composición del índice industrial explica parte de esa resistencia. El avance de las petroleras compensó parcialmente la debilidad de otros sectores, ya que el encarecimiento del crudo mejora las perspectivas de ingresos para las grandes compañías energéticas.

Sin embargo, el balance interno fue claramente negativo. En la Bolsa de Nueva York, las acciones a la baja superaron a las que avanzaron en una proporción de 1,63 a uno. En el Nasdaq, la relación fue todavía más desfavorable: aproximadamente dos valores bajaron por cada uno que subió.

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Irán devuelve la aversión al riesgo

La sesión quedó condicionada por la escalada entre Washington y Teherán. Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques durante el fin de semana, mientras Trump anunció la recuperación del bloqueo sobre los puertos iraníes.

La medida reavivó las dudas sobre el futuro de cualquier negociación y sobre la seguridad del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz. El mercado teme que una restricción prolongada sobre esta vía termine reduciendo la oferta disponible de petróleo.

El efecto fue inmediato. Los precios del crudo cerraron con una subida del 9,4%, una variación suficientemente intensa como para alterar las expectativas de inflación, consumo y política monetaria. Una crisis militar localizada vuelve a trasladarse al conjunto de la economía mundial.

Los chips lideran las pérdidas

El sector tecnológico sufrió el mayor castigo dentro del S&P 500. El índice de semiconductores de Filadelfia encabezó los descensos, con caídas especialmente pronunciadas en SanDisk, Marvell Technology e Intel, que perdieron entre un 6,1% y un 12,6%.

SK Hynix también concentró la atención. Sus acciones estadounidenses se hundieron un 9,3% después de haber avanzado más de un 12% durante su estreno del viernes en el Nasdaq.

La volatilidad vuelve a cuestionar las valoraciones acumuladas por las empresas vinculadas a la inteligencia artificial. Durante meses, los semiconductores han liderado tanto las subidas como las correcciones. Cuando el sector avanza, impulsa al mercado; cuando gira, amplifica cualquier episodio de aversión al riesgo.

La inflación vuelve al centro

El salto del petróleo introduce un problema adicional para la Reserva Federal. El mercado descuenta ya al menos una subida de tipos de 25 puntos básicos antes de que termine el año, según los datos recogidos por LSEG.

La atención se desplaza ahora hacia la comparecencia semestral del presidente de la Fed, Kevin Warsh, ante el Congreso. Los legisladores previsiblemente exigirán explicaciones sobre el impacto inflacionista de la guerra entre Estados Unidos e Irán y sobre la respuesta que prepara el banco central.

Las próximas cifras de precios al consumo y de producción permitirán comprobar hasta qué punto la energía comenzó a filtrarse hacia el resto de la economía durante junio. Un repunte sostenido reduciría el margen para mantener una política monetaria acomodaticia.

La gran banca toma el relevo

Bank of America, Citigroup, Goldman Sachs, JPMorgan Chase y Wells Fargo presentarán sus resultados trimestrales, marcando el inicio oficioso de la temporada de beneficios del segundo trimestre.

Los analistas esperan que las ganancias agregadas del S&P 500 crezcan un 23,7% interanual, frente al 19,2% previsto a comienzos de abril. Esa mejora deja el listón especialmente alto.

Los inversores examinarán no sólo los márgenes y la calidad del crédito, sino también la exposición de los bancos a la financiación de los grandes proyectos de inteligencia artificial. El volumen de emisiones corporativas destinado a centros de datos y capacidad tecnológica comienza a generar dudas sobre la sostenibilidad del ciclo inversor.

El consumo afronta otra prueba

Las ventas minoristas de junio ofrecerán una lectura decisiva sobre la fortaleza de los hogares estadounidenses. El consumo representa alrededor del 70% de la economía del país, por lo que cualquier deterioro afectaría rápidamente a las previsiones de crecimiento.

El encarecimiento de la gasolina puede reducir la renta disponible para otras compras y tensionar especialmente a los hogares con menores ingresos. Si la energía permanece elevada, el daño se trasladará desde las estaciones de servicio hacia alimentación, transporte y bienes discrecionales.

El mercado afronta así una combinación incómoda: resultados empresariales todavía sólidos, valoraciones exigentes y un choque energético capaz de alterar las expectativas en pocas sesiones.

Una semana sin margen

El volumen negociado alcanzó 15.910 millones de acciones, por debajo del promedio de 21.830 millones registrado durante las últimas 20 sesiones. La menor actividad no impidió que el deterioro del mercado fuera amplio: el Nasdaq contabilizó 3.178 valores a la baja, frente a sólo 1.592 al alza.

El Dow Jones ha contenido el golpe gracias a la energía, pero su caída confirma que la tensión ya no afecta únicamente a las tecnológicas. Los próximos datos de inflación, la comparecencia de Warsh y las cuentas de los bancos determinarán si el retroceso queda limitado a una jornada o abre una corrección más profunda.

Wall Street entra en la semana atrapada entre el petróleo, los tipos y una inteligencia artificial cuyo crecimiento ya no parece suficiente para neutralizar todos los riesgos.