La IA pincha y Wall Street tiembla porque OpenAI no cumple las expectativas
El relato de la inteligencia artificial como autopista de beneficios acaba de encontrarse un peaje inesperado. Un informe del Wall Street Journal sostiene que OpenAI no estaría cumpliendo objetivos internos de ingresos y captación de usuarios, justo cuando el mercado exige resultados para justificar el mayor ciclo de inversión tecnológica en décadas.
La reacción ha sido quirúrgica: Oracle cae con fuerza, SoftBank se hunde en Tokio y los valores ligados al “boom” de centros de datos y chips pierden tracción.
Y en medio del temblor, Apple aparece como el raro refugio del día.
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— Jose Vizner (@Josevizner) April 28, 2026
El informe que rompe el hechizo del “todo crece”
Lo que se ha puesto encima de la mesa no es un bache puntual, sino una duda estructural: si el líder de la fiebre generativa está creciendo menos de lo prometido, ¿quién paga la factura del despliegue? El Journal habla de metas no alcanzadas y de preocupación interna por el equilibrio entre crecimiento y compromisos de gasto. Cinco Días, en la misma línea, describe cómo esas dudas han reabierto el debate sobre la capacidad de OpenAI para financiar el siguiente tramo de inversión y cómo el mercado ha respondido castigando a socios e inversores.
El periodista Jose Vizner lo traduce en una frase que resume el día: “lo importante es el crecimiento, los nuevos ingresos, los nuevos usuarios”. Esa es la vara de medir. Y cuando el termómetro del crecimiento baja, el capital se vuelve impaciente. La consecuencia es clara: la IA deja de valorarse como promesa y empieza a cotizar como negocio.
Oracle, el termómetro del riesgo de infraestructura
Oracle se ha convertido en el “proxy” perfecto del riesgo: ha puesto dinero —y reputación— sobre el tablero de la nube para sostener la demanda de cómputo de OpenAI. Barron’s recuerda que el mercado teme la dependencia y el tamaño del compromiso: un acuerdo de 300.000 millones de dólares ligado a una estrategia que ya supera la mitad del gigantesco backlog de 553.000 millones de la compañía.
En la sesión, Oracle cotiza en torno a 166,5 dólares, con un descenso cercano al -3,7% y una horquilla intradía que muestra nervio (mínimo en 159,03). IBD también vincula el golpe al mismo detonante: el informe sobre OpenAI y la pregunta de si podrá sostener contratos futuros de computación si el crecimiento no acompaña.
El contraste resulta demoledor: no se penaliza tanto la tecnología como la estructura financiera que la sostiene.
SoftBank y el efecto dominó desde Tokio
La caída de SoftBank es el recordatorio de que la burbuja —si la hay— no es solo americana. El Wall Street Journal cifra el retroceso en Tokio en un -9,9%, directamente asociado a la lectura del mercado sobre OpenAI y su capacidad de mantener compromisos de cómputo que el propio medio sitúa por encima de 600.000 millones de dólares. Es el tipo de dato que convierte una discusión de modelos de negocio en un problema de balance.
Además, el castigo tiene una dimensión psicológica: SoftBank encarna la apuesta “total” por la IA, apalancada, y con un historial de inversiones que el mercado premia cuando acierta, pero castiga sin piedad cuando la tesis se tambalea. Cuando cae el inversor emblemático, cae la fe del resto. Y cuando cae la fe, el dinero busca liquidez.
En estas horas, el mensaje del mercado no es sofisticado: el precio de la apuesta sube cuando la visibilidad baja.
Los “siete magníficos”, en revisión, y Apple como excepción
Vizner habla de “día duro” para parte de las siete magníficas. Y el movimiento sectorial lo acompaña: Barron’s apunta descensos relevantes en semiconductores, con Nvidia alrededor del -2,8%, AMD cerca del -4% y Broadcom en el entorno del -5,2% tras el mismo catalizador. Es el típico ajuste que mezcla dos fuerzas: duda sobre el comprador (OpenAI) y recogida de beneficios en valores que venían corriendo.
La anomalía del día es Apple. Mientras se cuestiona el gasto desbocado en infraestructura de IA, el mercado premia al que no ha liderado la carrera de inversión. Apple cotiza al alza, en torno a 270,5 dólares (+1,08%). No es que Apple no vaya a IA; es que, hoy, el mercado valora la disciplina de capital más que la épica.
La economía real del “boom”: deuda, centros de datos y energía
El debate ya no es solo tecnológico, sino macrofinanciero: ¿cuánto cuesta escalar la IA y quién lo financia? En paralelo al golpe bursátil, se cuela la otra cifra incómoda: el ciclo de inversión de las grandes tecnológicas, con estimaciones de 700.000 millones en capex, según la lectura que recoge Barron’s. Cuando el coste de capital deja de ser casi gratis, ese capex exige retornos visibles.
Y la cadena se extiende a compañías periféricas. Oklo, vinculada al discurso de energía para centros de datos, cae hasta 70,56 dólares con un descenso del -7,07% en la sesión. Es el efecto dominó: si el mercado duda del ritmo de demanda de cómputo, revisa también las apuestas sobre la infraestructura que alimenta esa demanda.
La fotografía que deja el día es simple: la IA ha pasado de promesa a auditoría.
La pregunta incómoda: rentabilidad, usuarios y el miedo al “exceso”
El corazón del susto no es que la IA “pinche”, sino que el mercado empiece a exigir cuentas a la narrativa. Si OpenAI crece menos de lo que se había interiorizado, el ajuste no se limita a su perímetro: se traslada a quienes han construido, financiado o apalancado el nuevo ciclo (nube, chips, energía, crédito).
La historia tiene precedentes: el mercado siempre se enamora de una tecnología y, tarde o temprano, le pide un estado de resultados. En 2000 fue Internet; en 2021, la economía del “todo es plataforma”. La diferencia ahora es la escala del gasto y la velocidad del despliegue. Y ahí está el riesgo: que la corrección no venga por falta de innovación, sino por exceso de inversión anticipada.
En un día, Wall Street no ha renegado de la IA. Ha recordado, simplemente, que crecer no es lo mismo que ganar dinero.