El CEO de Disney, Iger, probablemente dimitirá antes de fin de año

El consejo se reúne la próxima semana para votar a su sustituto entre D’Amaro y Walden, mientras los analistas se dividen sobre si el gigante del entretenimiento necesita un gestor de parques o un perfil puro de contenidos
EPA_ALLISON DINNER
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Bob Iger vuelve a ser noticia por el motivo que llevaba años sobrevolando Burbank: planea dejar la dirección ejecutiva de Disney antes de que venza su contrato a final de año. Según avanzan fuentes cercanas al grupo, el consejo de administración se reunirá la próxima semana para votar a su sustituto, con dos nombres en la pole position: Josh D’Amaro, responsable de Parques, Experiencias y Productos, y Dana Walden, copresidenta de Disney Entertainment.
Iger, de 73 años, continuaría “varios meses” como CEO tras el anuncio, para pilotar la transición, y podría mantener un asiento en el consejo. Los analistas interpretan el movimiento como el inicio formal de la “era post-Iger”, tras casi dos décadas en las que el directivo ha marcado la estrategia de adquisiciones, streaming y parques de la compañía. La gran pregunta, coinciden, ya no es solo quién será el próximo consejero delegado, sino qué modelo de Disney se quiere para la próxima década.

NYSE Disney 2026-01-31 at 09.35.34
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Un relevo adelantado que el mercado ya descontaba

Entre los analistas de medios y entretenimiento, la noticia se ve menos como una sorpresa y más como la formalización de un proceso que Wall Street llevaba meses dando por hecho. Iger volvió a la silla de mando en 2022 con un mandato acotado: reordenar el grupo tras el fiasco de la era Chapek, estabilizar Disney+ y encarrilar una sucesión ordenada, algo que la propia compañía había gestionado mal en el pasado.

Desde entonces, el ejecutivo ha llevado a cabo recortes de costes por más de 7.000 millones de dólares, ha reestructurado divisiones y ha intentado devolver disciplina financiera a un grupo lastrado por las enormes inversiones en streaming. Las casas de análisis subrayan que el anuncio de una marcha antes del vencimiento del contrato encaja con esa hoja de ruta: Iger habría considerado cumplida la “misión de emergencia” y cede ahora el testigo para que el nuevo CEO diseñe el plan a diez años vista.

En términos bursátiles, los expertos apuntan a que parte de la prima “Iger” ya se había diluido en el precio de la acción. El foco de los inversores se desplaza ahora a la claridad del proceso de sucesión: un nombramiento rápido, una transición nítida y un mandato claro para el nuevo ejecutivo son vistos como condiciones esenciales para evitar nuevas dudas sobre el gobierno corporativo de Disney.

Dos candidatos, dos modelos: parques frente a contenidos

La preselección de Josh D’Amaro y Dana Walden es interpretada por los analistas como la materialización de dos visiones distintas de la compañía. D’Amaro, al frente de Parques, Experiencias y Productos, representa el corazón físico de Disney: resorts, cruceros, líneas de merchandising y la explotación directa de la propiedad intelectual en el mundo real. Bajo su área se concentra en algunos ejercicios cerca del 40% de los ingresos y una parte sustancial del beneficio operativo, gracias a márgenes más estables que los del negocio audiovisual.

Walden, por su parte, encarna el ADN de contenidos: series, cine, televisión y plataformas. Copreside la división de Disney Entertainment y es vista como una ejecutiva con gran ascendiente en Hollywood, clave para negociar con creativos, asegurarse derechos y gestionar catálogos en un entorno de guerra total del streaming.

Los informes de research reflejan una división clara:

  • Los más defensivos consideran que poner a un “hombre de parques” al frente ayudaría a reforzar la generación de caja, maximizar activos físicos y proteger el dividendo.

  • Los partidarios de Walden apuntan que el verdadero campo de batalla está en la propiedad intelectual y el streaming, y que Disney no puede permitirse perder terreno frente a plataformas rivales en el momento en que el sector entra en su fase de consolidación.

En ambos casos, los analistas coinciden en que el próximo CEO tendrá que equilibrar mucho más que en el pasado el peso entre parques, contenidos y tecnología, con la mirada puesta tanto en la experiencia física como en la digital.

El legado de Iger: grandes compras, deuda y la factura del streaming

Los departamentos de análisis coinciden en que el legado de Iger es profundamente ambivalente en términos financieros. Bajo su mando se cerraron operaciones históricas: la compra de Pixar, Marvel, Lucasfilm y los activos de Fox, movimientos que consolidaron a Disney como el dueño del catálogo más poderoso de la industria global. Esas adquisiciones dispararon la capacidad de la compañía para explotar franquicias y personajes, tanto en pantalla como en parques.

Sin embargo, los mismos informes recuerdan que esa estrategia incrementó de forma notable la deuda y obligó a elevar el listón de rentabilidad de cada proyecto. La apuesta por Disney+, lanzada en 2019, llegó acompañada de una década de inversiones multimillonarias en contenido y tecnología, que se tradujeron en pérdidas operativas de varios miles de millones de dólares en los primeros años de vida de la plataforma.

Los analistas señalan que, aunque Iger ha logrado reducir las pérdidas del negocio de streaming y acercarlo al punto de equilibrio, el esfuerzo realizado deja menos margen para nuevas aventuras corporativas. El próximo CEO hereda una empresa con un activo de IP incomparable, pero también con la exigencia de convertir ese músculo creativo en flujos de caja sostenibles, no en una sucesión de apuestas de alto riesgo.

Activistas, troceo y “valor oculto”: lo que vigilan los fondos

En este contexto, muchos informes recuerdan que la sucesión de Iger no se produce en el vacío, sino bajo la presión de inversores activistas que llevan tiempo reclamando cambios profundos: desde la entrada en el consejo de nuevos perfiles independientes hasta la posibilidad de segregar negocios (por ejemplo, separar parques de contenidos o sacar a bolsa determinadas divisiones).

Los gestores de fondos que siguen el valor de cerca apuntan que una parte del mercado cree que el valor intrínseco de Disney no se refleja en la cotización, en parte por la complejidad del grupo y por la falta de visibilidad sobre la rentabilidad de ciertas áreas. En ese sentido, el nombramiento del nuevo CEO será leído como una señal de qué grado de apertura al “desbloqueo de valor” está dispuesto a aceptar el consejo.

Un perfil como el de D’Amaro podría percibirse como apuesta por reforzar la integración actual y exprimir la sinergia entre parques y contenidos, mientras que Walden podría ser vista como más sensible a la idea de reordenar el portafolio audiovisual y priorizar aquellas marcas y formatos con mayor retorno. En cualquier caso, los analistas coinciden en que el margen de maniobra estará condicionado por la postura del consejo y por la presión de los grandes accionistas institucionales.

Disney+ y la guerra del streaming: menos crecimiento, más disciplina

En el terreno del streaming, los expertos dan por cerrada la etapa del “crecimiento a cualquier precio”. Los últimos trimestres han mostrado un enfriamiento del ritmo de altas en Disney+, especialmente en mercados maduros, y un mayor foco en elevar el ingreso medio por usuario mediante subidas de precio, paquetes conjuntos y publicidad.

Los informes señalan que, con una base global de decenas de millones de suscriptores, la prioridad del próximo CEO no será tanto ganar suscriptores a cualquier coste como maximizar el valor de los que ya tiene. Eso implica decisiones delicadas: cancelar proyectos, concentrar las inversiones en menos títulos pero de mayor impacto y coordinar la explotación de IP entre cine, televisión, streaming y parques.

Los analistas también destacan que Disney se enfrenta a una competencia más disciplinada: otras plataformas han empezado a moderar el gasto, aceptar la coexistencia y explorar acuerdos de licencia cruzada. En ese entorno, se espera que Iger deje al sucesor un plan de streaming más contenido en gastos, más exigente con el retorno y más integrado con el resto del grupo.

Cultura interna, talento creativo y la prueba de Hollywood

Otro de los puntos que los expertos ponen sobre la mesa es la gestión del talento creativo y la cultura corporativa. Los últimos años han estado marcados por huelgas en Hollywood, tensiones con guionistas y actores y debates internos sobre el rumbo de la marca Disney en cuestiones de diversidad, tono y audiencia.

Los análisis subrayan que Dana Walden llega con una larga experiencia en relaciones con showrunners, productores y estrellas, algo que muchos consideran crítico para mantener el flujo de contenidos de calidad que alimenta tanto el cine como las plataformas. D’Amaro, por su parte, ha demostrado capacidad para traducir las franquicias en experiencias físicas exitosas, pero su perfil está menos ligado a la negociación directa con el ecosistema creativo.

En este punto, las casas de análisis apuntan a que el consejo deberá resolver no solo quién entiende mejor la hoja de Excel, sino quién puede mantener a Disney como destino preferente del talento creativo en una industria donde las alternativas —desde plataformas rivales hasta productoras independientes— nunca han sido tan numerosas.

Lo que esperan los analistas del nuevo CEO

Más allá del nombre, los informes coinciden en varios elementos que el mercado querrá ver desde el primer día:

  • Un plan claro a tres o cinco años que detalle objetivos concretos para parques, streaming y cine.

  • Compromisos medibles sobre reducción de deuda y disciplina en inversiones.

  • Una estrategia definida para el negocio internacional, tanto en parques como en contenidos.

  • Una respuesta explícita a las inquietudes de los inversores activistas sobre el “valor oculto” en determinadas divisiones.

  • Y, sobre todo, señales de estabilidad tras años de cambios de timón, pandemias, guerras del streaming y crisis de reputación.

Los analistas coinciden en que el efecto inmediato del anuncio de Iger dependerá del tiempo que tarde el consejo en cerrar el relevo y de la reacción del mercado al perfil elegido. Un proceso rápido, acompañado de un mensaje sólido al mercado, podría reducir la prima de incertidumbre que pesa sobre la acción. Al contrario, una batalla pública por la sucesión o un nombramiento percibido como continuista sin respuestas nuevas podría alimentar la narrativa de que Disney ha ganado tiempo, pero aún no ha resuelto sus dilemas de fondo.

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