El Nikkei cae un 0,7% y arrastra a las bolsas asiáticas
Las principales bolsas de Asia-Pacífico han arrancado el viernes con signo claramente bajista, arrastradas por las pérdidas de Wall Street y por un nuevo sobresalto procedente de la economía china. El Nikkei 225 retrocedía un 0,7%, mientras el Hang Seng de Hong Kong caía un 1,44% y los índices de Shanghái y Shenzhen cedían un 0,28% y un 0,12%, respectivamente. Solo Seúl se desmarcaba, con un avance del 0,4% en el Kospi. Al mismo tiempo, los inversores digieren un dato especialmente inquietante: los precios de la vivienda nueva en China caen un 3,1% interanual en enero, el mayor descenso en siete meses. Y, en paralelo, Estados Unidos y Taiwán cierran un pacto comercial que fija aranceles del 15% y compromete compras por más de 84.000 millones de dólares entre 2025 y 2029.
Un arranque de sesión teñido de rojo en Asia
El arranque de la jornada en Asia-Pacífico ha estado dominado por las ventas. A primera hora de la mañana, el Nikkei 225 de Tokio se dejaba en torno a un 0,70%, siguiendo la estela de las caídas de la renta variable estadounidense en la sesión previa. En Hong Kong, el Hang Seng profundizaba el tono bajista con descensos superiores al 1,4%, mientras que en la China continental el Shanghai Composite y el Shenzhen Composite retrocedían un 0,28% y un 0,12%, respectivamente.
Australia tampoco escapaba al mal tono: el S&P/ASX 200 cedía alrededor de un 1,37%, penalizado por la corrección de mineras y valores financieros, muy sensibles al ciclo global. Solo el Kospi surcoreano lograba avanzar cerca de un 0,4%, apoyado en determinados valores tecnológicos y en la expectativa de una política monetaria doméstica algo más acomodaticia.
El patrón es claro: Asia replica el ajuste de riesgo visto en Wall Street, con recogida de beneficios en tecnología, bancos y cíclicos. Lo relevante para los gestores europeos no es tanto el porcentaje concreto de caída, sino el mensaje de fondo: la región más dependiente del comercio global vuelve a reaccionar con nerviosismo ante cualquier señal de frenazo en Estados Unidos y de deterioro adicional en China.
El pacto arancelario EE UU–Taiwán que reordena el tablero
Mientras los índices asiáticos se tiñen de rojo, un movimiento de fondo reconfigura el tablero comercial en la región. Washington y Taipéi han cerrado un acuerdo que rebaja los aranceles a las exportaciones taiwanesas hasta el 15%, alineándolos con los aplicados a otros socios asiáticos como Japón o Corea del Sur. A cambio, Taiwán se compromete a comprar más de 84.000 millones de dólares en bienes estadounidenses entre 2025 y 2029, principalmente gas natural licuado, petróleo, aviones civiles y equipamiento eléctrico.
El pacto va mucho más allá de una simple rebaja arancelaria. Incluye la eliminación o reducción de hasta el 99% de las barreras a productos estadounidenses, así como compromisos adicionales de inversión taiwanesa en la industria de semiconductores y tecnologías avanzadas en suelo norteamericano.
Este hecho revela una doble lectura para los mercados. Por un lado, refuerza la integración económica entre EE UU y su principal proveedor de chips avanzados, intentando blindar la cadena de suministro frente a cualquier shock procedente de China. Por otro, incrementa el riesgo de represalias comerciales o políticas por parte de Pekín, que ve cómo Taipéi estrecha aún más sus lazos con Washington. La consecuencia es clara: el acuerdo se convierte en un nuevo foco de volatilidad latente para las bolsas asiáticas y, por extensión, para las europeas.
China: la vivienda entra en su caída más profunda en siete meses
Si el frente geopolítico no fuera suficiente, el dato que más preocupa hoy a los inversores llega del mercado inmobiliario chino. Los precios de la vivienda nueva cayeron un 3,1% interanual en enero, tras un descenso del 2,7% el mes anterior. En términos mensuales, el ajuste fue del 0,4%, encadenando 31 meses consecutivos de contracción y marcando la mayor caída anual desde mediados del año pasado.
Además, 62 de las 70 grandes ciudades analizadas registran ya descensos de precios, una señal inequívoca de que la debilidad se ha generalizado mucho más allá de los grandes núcleos urbanos. Las múltiples rondas de estímulos —rebajas de tipos, flexibilización de hipotecas, compras selectivas por parte de empresas públicas— no están logrando frenar el ajuste en un sector que llegó a representar cerca de un cuarto del PIB chino en sus años de mayor expansión.
Lo más grave para los mercados no es solo el impacto directo sobre promotoras altamente endeudadas, sino el efecto riqueza sobre los hogares. Una vivienda que pierde valor frena el consumo y aumenta la preferencia por el ahorro, justo lo contrario de lo que necesita una economía que intenta reequilibrarse hacia la demanda interna. El diagnóstico es inequívoco: el motor tradicional del crecimiento chino sigue gripado y no hay señales claras de giro a corto plazo.
La reacción de los inversores: del Nikkei al Hang Seng
La combinación de datos débiles en China y ruido geopolítico se refleja de forma desigual en los índices asiáticos. En Japón, el Nikkei 225 corrige tras varias sesiones de fuertes avances, con ventas concentradas en exportadoras y tecnológicas. El ajuste se produce, además, en un contexto de yen aún débil frente al dólar, lo que obliga a reposicionar carteras tras un rally que había llevado al índice a coquetear con máximos históricos en términos nominales.
En Hong Kong, el Hang Seng vuelve a ser el termómetro más sensible al deterioro del sector inmobiliario chino. Las grandes promotoras y entidades financieras ligadas al crédito hipotecario acumulan meses de castigo, y cada nuevo dato de precios actúa como recordatorio de que el proceso de desapalancamiento está lejos de terminar. Un descenso del 1,4% en el índice puede parecer moderado, pero llega sobre una base ya muy castigada, con varios subíndices en niveles que recuerdan a otras fases de estrés financiero en la región.
En la China continental, las caídas más contenidas en Shanghái y Shenzhen esconden un movimiento más defensivo hacia valores estatales, utilities y empresas ligadas a sectores considerados estratégicos por Pekín. “El dinero se refugia en donde percibe que el Estado no va a dejar caer nada”, resume un gestor asiático consultado por varias casas de análisis.
Divisas y materias primas: el yen se debilita mientras manda el dólar
En el mercado de divisas, el movimiento clave de la madrugada ha sido la nueva depreciación del yen. El dólar avanzaba en torno a un 0,28% frente a la moneda japonesa, hasta la zona de los 153,1 yenes, niveles que se sitúan muy cerca de las cotas que en 2024 y 2025 activaron advertencias de intervención por parte del Ministerio de Finanzas nipón.
Una divisa tan débil favorece a corto plazo a los grandes exportadores japoneses, pero encarece las importaciones de energía y alimentos, aumentando la presión sobre los hogares. No es casual que las autoridades hayan reiterado en las últimas semanas que siguen “plenamente en guardia” ante movimientos desordenados del tipo de cambio, después de episodios de intervención directa en 2024 y 2025.
En paralelo, el dólar mantiene un tono firme frente a la mayoría de monedas asiáticas, respaldado por la expectativa de que la Reserva Federal mantenga tipos elevados durante más tiempo del previsto. Este contexto complica el margen de maniobra de bancos centrales emergentes y puede intensificar la salida de flujos hacia activos denominados en dólares si el sentimiento de riesgo vuelve a deteriorarse. Para los exportadores europeos de materias primas y bienes de equipo, un dólar fuerte combinado con una Asia más débil dibuja un escenario incómodo: más volatilidad y menor visibilidad de pedidos.
El contraste con Wall Street y lo que anticipa para Europa
El origen inmediato de la corrección asiática está en las caídas vistas en Wall Street, donde los principales índices cerraron en rojo tras una nueva sesión de dudas sobre el ritmo de recortes de tipos y la resistencia de los beneficios empresariales. Asia actúa, una vez más, como “sesión de ajuste” para los gestores globales, que aprovechan la liquidez de esos mercados para reposicionar carteras antes de la apertura europea.
Históricamente, una sesión bajista en Asia no garantiza un cierre negativo en Europa, pero sí suele anticipar un arranque de jornada con presión vendedora en sectores cíclicos: automoción, lujo, materiales, tecnología. En el caso español, la atención se centrará en las compañías con exposición relevante al sudeste asiático y a China, tanto en consumo como en infraestructuras y energías renovables.
La clave está en la lectura que haga el mercado de tres vectores simultáneos: enfriamiento chino, fortaleza del dólar y reconfiguración geopolítica en torno a Taiwán. Si estos tres factores se consolidan en las próximas semanas, el resultado probable será una rotación hacia valores defensivos, mayor prima de riesgo para emergentes y más exigencia sobre las expectativas de beneficios en Europa.
Riesgos geopolíticos y batalla por los semiconductores
El nuevo acuerdo entre Estados Unidos y Taiwán no se entiende solo en términos de comercio clásico. Se inscribe en la batalla estratégica por el control de la industria de semiconductores, el corazón tecnológico de la economía digital. Mientras Washington garantiza compras de energía y equipamiento por decenas de miles de millones e incentiva inversiones taiwanesas en fábricas de chips en suelo estadounidense, Pekín observa cómo se afianza un bloque económico que consolida la dependencia de Occidente respecto a Taipéi en chips avanzados.
Europa, por su parte, trata de no quedar relegada. El European Chips Act persigue duplicar la cuota de mercado global de semiconductores del bloque hasta el 20% en 2030, pero los propios organismos comunitarios y auditores independientes cuestionan la viabilidad de esa meta si no se aceleran inversiones y se coordinan mejor los proyectos nacionales.
El contraste con Asia resulta demoledor: mientras Taiwán y Corea del Sur consolidan su liderazgo industrial y Estados Unidos blinda su acceso mediante acuerdos de largo plazo, la UE sigue peleando por atraer una parte limitada de la capacidad productiva global. Aquí, el pacto Washington–Taipéi añade una presión adicional: la posible “preferencia americana” en futuras ampliaciones de capacidad, en detrimento de proyectos en Europa, si la rentabilidad ajustada al riesgo resulta claramente superior al otro lado del Atlántico.