Nvidia y SK Hynix devuelven el apetito a Wall Street pese al ruido geopolítico

El petróleo cae pese al pulso entre Estados Unidos e Irán mientras los inversores vuelven a apostar por chips e inteligencia artificial
The New York Stock Exchange building seen on Wall Street in the Financial District in downtown Manhattan, New York City.
The New York Stock Exchange building seen on Wall Street in the Financial District in downtown Manhattan, New York City.

Wall Street decidió mirar más a los chips que al Golfo Pérsico. Las bolsas estadounidenses cerraron al alza pese al deterioro militar en Oriente Medio, con nuevos ataques de Estados Unidos e Irán y un acuerdo de paz interino cada vez más debilitado. El Nasdaq avanzó un 1,3%, el S&P 500 subió un 0,81% y el Dow Jones ganó un 0,27%. Lo llamativo no fue solo la subida bursátil. Fue el desplome simultáneo del petróleo: el crudo estadounidense cayó un 2,3%, hasta 71,83 dólares, y el Brent retrocedió un 2,5%, hasta 76,05 dólares. El mercado vuelve a lanzar un mensaje poderoso: mientras la inteligencia artificial prometa beneficios, el miedo geopolítico queda en segundo plano.

Tecnología contra geopolítica

La jornada dejó una paradoja difícil de ignorar. La tensión militar aumentó en el Golfo, el tráfico por el estrecho de Ormuz volvió a resentirse y, aun así, los inversores compraron renta variable. Este comportamiento revela hasta qué punto el mercado ha interiorizado el riesgo geopolítico como un ruido asumible, siempre que no se traduzca en una subida sostenida del petróleo.

El índice MSCI global avanzó un 0,72%, una señal de que el optimismo no se limitó a Estados Unidos. Sin embargo, la clave estuvo en Wall Street. La tecnología volvió a ejercer de refugio de crecimiento, no de activo defensivo. El diagnóstico es claro: el inversor teme la guerra, pero teme más quedarse fuera del rally de la inteligencia artificial.

Los chips vuelven a liderar

El gran motor de la sesión fueron los semiconductores. El índice Philadelphia SE Semiconductor subió cerca de un 3% y encadenó su segunda jornada consecutiva de avances. Detrás del movimiento estuvo el entusiasmo por dos factores: la posibilidad de que China permita a empresas locales de IA un acceso limitado a los chips H200 de Nvidia y la fuerte demanda por la próxima colocación bursátil de SK Hynix en Estados Unidos.

La surcoreana prepara una venta de acciones por hasta 28.000 millones de dólares, con una operación más de siete veces sobresuscrita. La compañía prevé colocar sus ADR a 149 dólares y captar unos 26.500 millones para financiar fábricas y equipos destinados a cubrir la demanda de chips de IA. No es una emisión cualquiera. Sería la segunda mayor salida al mercado tras la OPV de SpaceX, valorada en 85.700 millones.

El petróleo pierde fuerza

El retroceso del crudo resultó decisivo para sostener el apetito por riesgo. Tras el salto inicial provocado por los ataques estadounidenses contra Irán, el mercado energético corrigió con fuerza. El Brent en 76,05 dólares y el WTI en 71,83 dólares indican que los operadores no ven, al menos por ahora, una interrupción estructural del suministro.

Lo más grave es que esa calma puede ser frágil. El estrecho de Ormuz sigue siendo una arteria crítica para el comercio energético global. Cualquier bloqueo parcial o ataque sostenido a buques dispararía primas de seguro, costes logísticos e inflación importada. La consecuencia sería clara: presión sobre bancos centrales, tipos más altos y menor atractivo para los activos de crecimiento que hoy lideran el rally.

Empleo estable, vivienda tensionada

Los datos macroeconómicos ofrecieron una lectura mixta. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo bajaron en 2.000, hasta 215.000, en la semana terminada el 4 de julio. La cifra apunta a un mercado laboral todavía resistente, pese a la moderación del crecimiento del empleo en junio.

El contraste llegó desde la vivienda. Las ventas de casas usadas cayeron un 2,4%, hasta una tasa anualizada de 4,09 millones de unidades, frente a los 4,20 millones esperados por los economistas. El problema no es solo la caída de operaciones. La escasez de inventario ha llevado los precios a máximos históricos, agravando la falta de accesibilidad para millones de hogares estadounidenses. Este hecho revela una economía fuerte en empleo, pero cada vez más desigual en capacidad de compra.

La Reserva Federal sigue condicionándolo todo

La deuda pública también envió una señal de alivio moderado. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años bajó al 4,547%, después de tocar máximos de siete semanas el miércoles. Ese retroceso ayudó a las tecnológicas, muy sensibles al coste del dinero y a las expectativas de descuento de beneficios futuros.

Sin embargo, la Reserva Federal sigue siendo el gran árbitro. Las actas de junio, las primeras bajo Kevin Warsh, mostraron una preocupación creciente por la inflación. El mercado ya asigna una probabilidad cercana al 87% a una subida de tipos este año, según CME FedWatch. John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, aseguró que no espera un repunte sostenido de la energía, pero evitó anticipar su voto. La prudencia no es casual.

Un rally exigente

El oro subió un 1,1%, hasta 4.121,12 dólares la onza, señal de que el miedo no ha desaparecido: solo convive con la euforia tecnológica. Este doble movimiento resume la sesión mejor que cualquier índice. Los inversores compran crecimiento, pero también pagan protección.

La lectura de fondo es incómoda. Wall Street sube porque cree que la IA puede sostener beneficios extraordinarios, nuevas fábricas, emisiones multimillonarias y valoraciones elevadas. Pero esa tesis depende de tres condiciones: petróleo controlado, tipos manejables y demanda tecnológica intacta. Si una de ellas se rompe, el giro puede ser brusco. Por ahora, los chips mandan. Oriente Medio inquieta. Y el mercado, una vez más, prefiere apostar por el futuro antes que cubrirse del presente.

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