El oro cae un 1% pese a la escalada militar en Oriente Próximo

Los metales preciosos retroceden mientras los ataques entre Estados Unidos e Irán elevan la tensión sobre el canal de Suez.

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El oro perdió este viernes más de un 1% y descendió hasta los 4.059,66 dólares por onza, pese al agravamiento de la crisis militar en Oriente Próximo. El movimiento rompe, al menos temporalmente, con la tradicional búsqueda de refugio que suele acompañar a los episodios de tensión geopolítica.

La caída se produjo mientras Estados Unidos e Irán mantenían su intercambio de ataques en distintos puntos de la región. Un dron alcanzó el puerto egipcio de Damietta, un incidente que amplificó el temor a posibles alteraciones del tráfico marítimo próximo al canal de Suez.

El mercado, sin embargo, optó por recoger beneficios. La incertidumbre ya no garantiza automáticamente subidas del oro cuando los precios se encuentran en niveles históricamente elevados y los inversores necesitan liquidez.

Un refugio que también corrige

El oro bajó un 1,09%, hasta los 4.059,66 dólares, a las 4.28 horas de la costa este estadounidense. El retroceso resulta significativo porque coincide con un escenario que, en otras circunstancias, habría impulsado la compra de activos defensivos.

Este hecho revela que el metal precioso no se mueve únicamente por el miedo geopolítico. También influyen la evolución del dólar, las expectativas sobre los tipos de interés, el posicionamiento especulativo y las ventas destinadas a materializar ganancias.

Después de una fuerte revalorización, cualquier señal de agotamiento puede activar órdenes de venta. El oro continúa actuando como refugio, pero no está protegido frente a las correcciones técnicas.

La plata lidera las pérdidas

La plata registró el descenso más intenso de la sesión entre los principales metales preciosos. Su precio cayó un 1,60%, hasta los 58,07 dólares por onza.

Su comportamiento suele ser más volátil que el del oro porque combina dos naturalezas: activo financiero y materia prima industrial. Esta segunda característica la hace más sensible a las perspectivas de crecimiento, a la producción manufacturera y a la demanda tecnológica.

El contraste resulta relevante. Mientras el oro puede beneficiarse de una crisis prolongada, la plata también descuenta el riesgo de que una escalada militar afecte al comercio, a la industria y al consumo energético. Más tensión no siempre equivale a más compras.

Presión sobre platino y paladio

El platino descendió un 0,92%, hasta los 1.638,90 dólares por onza, mientras que el paladio perdió un 0,87% y se situó en 1.268,88 dólares.

Ambos metales dependen en gran medida de la demanda industrial, especialmente de la automoción. Por ello, una crisis que amenace las rutas comerciales puede tener un efecto ambiguo: elevar el coste de suministro, pero también deteriorar las previsiones de producción.

La consecuencia es clara. Los inversores no están interpretando el conflicto exclusivamente como un problema de escasez, sino también como un posible freno económico. Ese temor explica que todo el complejo de metales preciosos cotizara en negativo.

Damietta enciende las alarmas

El ataque con un dron contra el puerto de Damietta, en Egipto, añade una dimensión especialmente delicada al conflicto. La instalación se encuentra vinculada a una de las principales rutas marítimas del planeta y cualquier extensión de la violencia hacia el entorno egipcio eleva el riesgo para el tráfico comercial.

El canal de Suez concentra una parte relevante del transporte mundial entre Asia y Europa. Una interrupción, aunque fuera parcial, obligaría a numerosas embarcaciones a rodear África, ampliando los tiempos de navegación y los costes logísticos.

El verdadero peligro para los mercados no es un ataque aislado, sino su capacidad para alterar las cadenas de suministro.

El dólar cambia la ecuación

La evolución del dólar constituye otra pieza esencial. El oro se negocia mayoritariamente en la moneda estadounidense, por lo que un fortalecimiento del billete verde encarece su compra para los inversores que operan con otras divisas.

En momentos de elevada incertidumbre, dólar y oro pueden competir como refugios. Cuando la demanda se concentra en liquidez estadounidense o en deuda pública, el metal puede quedar temporalmente relegado.

La geopolítica impulsa al oro cuando el temor domina, pero puede hundirlo cuando los inversores necesitan vender activos para cubrir posiciones o reforzar su caja.

Qué vigilan ahora los mercados

La atención se concentra en la duración del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán y en su posible extensión a infraestructuras energéticas o marítimas. Una escalada que afecte al canal de Suez o a otras rutas estratégicas podría disparar el petróleo, el transporte y los seguros.

En ese escenario, el oro tendría argumentos para recuperar terreno. Sin embargo, si los ataques permanecen contenidos y el dólar sigue fortaleciéndose, la corrección podría prolongarse.

El diagnóstico es inequívoco: los metales preciosos están descontando simultáneamente riesgo geopolítico, toma de beneficios y temor a una desaceleración económica. La próxima reacción dependerá menos de los titulares y más de si la crisis interrumpe realmente el comercio mundial.

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