Las reservas de petróleo de EEUU caen 2,18 millones en una semana

El dato privado del API apunta a un nuevo recorte de inventarios mientras el mercado paga prima de riesgo geopolítico.

Petróleo

Foto de Delfino Barboza en Unsplash
Petróleo Foto de Delfino Barboza en Unsplash

-2,18 millones en una semana. La señal llega del API. El mercado espera confirmación oficial. Y el crudo paga prima de riesgo.

Un dato privado que mueve futuros

La caída de 2,18 millones de barriles en las reservas estadounidenses, atribuida a las cifras privadas del American Petroleum Institute (API), vuelve a colocar a los inventarios en el centro del tablero. No es un dato menor: en un mercado donde cada barril “en almacén” funciona como seguro contra sobresaltos, cualquier descenso activa compras defensivas, estrecha el margen para errores logísticos y tensa las curvas de futuros.

La comparación con el último registro oficial disponible ayuda a calibrar el momento. En la semana cerrada el 1 de mayo, las existencias comerciales bajaron en torno a 2,3 millones hasta 457,2 millones de barriles, un nivel aún “ligeramente” por encima de la media estacional de cinco años, según recuentos oficiales citados en prensa financiera. En paralelo, el precio ya refleja nervios: el petróleo cotiza en zona de triple dígito y cada sorpresa en inventarios se traduce en volatilidad inmediata.

La causa inmediata: refinerías altas y gasolina en descenso

El inventario de crudo no se explica solo por producción. La clave suele estar en el trinomio refino–importaciones–demanda de combustibles. En el último informe oficial citado, las refinerías operaron en torno al 90,1% de capacidad, una cifra elevada que implica más crudo “quemado” a diario para sostener la oferta de gasolina y destilados.

El problema es que el consumo no espera. La gasolina encadenó otra caída —del orden de 2,5 millones de barriles— y la demanda se situó alrededor de 8,8 millones de barriles diarios, una combinación típica de temporada de conducción: más kilómetros, menos colchón. También bajaron los destilados en torno a 1,3 millones y permanecen por debajo de la referencia estacional.

Este patrón, si se repite en los datos del API, alimenta una lectura incómoda: la economía puede enfriarse por tipos altos, pero el sistema energético sigue ajustado. Y cuando el “ajuste” es físico, el precio manda.

Cushing y la logística: el termómetro que nadie ignora

Si hay un punto del mapa que el mercado vigila como si fuera un electrocardiograma es Cushing (Oklahoma), nodo de entrega del WTI. En el último dato oficial conocido, sus reservas cayeron en torno a 648.000 barriles hasta 29,1 millones, una cifra que, sin ser extrema por sí sola, adquiere peso cuando coincide con recortes en inventarios nacionales.

La otra palanca es el comercio exterior. Las importaciones se situaron cerca de 5,5 millones de barriles diarios y las exportaciones bajaron hacia 4,8 millones, lo que reordena el balance semanal y puede amplificar cualquier movimiento de stocks. En términos prácticos: si entra menos crudo del esperado o sale más producto refinado, los inventarios “desaparecen” con rapidez.

Por eso el API, aun siendo un indicador privado, funciona como aviso temprano. Si el descenso de 2,18 millones se confirma, el mensaje sería claro: el sistema sigue drenando barriles incluso antes de que llegue la parte más intensa de la demanda estival.

El colchón se estrecha: reservas estratégicas y shock global

A la tensión doméstica se suma un factor que suele pasar desapercibido hasta que se convierte en titular: la capacidad real de amortiguación. Las reservas estratégicas registraron en el último dato oficial una salida de aproximadamente 5,2 millones de barriles, hasta 392,7 millones, en un contexto de disrupciones externas.

Y fuera de EE UU, el diagnóstico es aún más severo. El escenario para 2026 apunta a fuertes drenajes de inventarios globales en el segundo trimestre y a un mercado condicionado por recortes de producción y restricciones de tránsito, con precios elevados como mecanismo de racionamiento.

“Los inventarios de gasolina y jet fuel se acercan a niveles críticamente bajos si la disrupción se prolonga”, advirtió un alto ejecutivo de un gran productor en declaraciones recogidas por prensa económica internacional.

Precios, inflación y el efecto dominó sobre la política monetaria

Cuando los inventarios caen, el mercado no discute: descuenta escasez. El WTI llegó a moverse en torno a 102 dólares por barril y el Brent cerca de 108, en una tercera sesión consecutiva de avance marcada por el riesgo geopolítico. Con esa referencia, cada dato semanal de reservas funciona como gasolina para el propio precio.

La consecuencia es inmediata en los surtidores y, por extensión, en la inflación. En Estados Unidos ya aparecen señales de estrés en combustibles: el diésel en Illinois alcanzó un récord de 6,06 dólares por galón el 12 de mayo de 2026, un nivel que erosiona márgenes logísticos y presiona costes empresariales.

Para los bancos centrales, el problema es doble. El petróleo caro actúa como impuesto regresivo y complica la desinflación justo cuando las economías intentan evitar una recesión técnica. En Europa, además, el euro no controla la materia prima y el shock entra por la balanza comercial.

Confirmación oficial y prima de riesgo persistente

El mercado espera la confirmación del dato oficial, el registro “con sello” que suele corregir o amplificar la señal del API. Si la caída de 2,18 millones se ratifica y viene acompañada de descensos en gasolina o destilados, el mensaje sería inequívoco: el colchón de EE UU se está estrechando en el peor momento, con el precio por encima de 100 dólares y el riesgo global aún sin disiparse.

Si, por el contrario, la cifra oficial matiza el recorte, el mercado no respirará del todo: la volatilidad ya está instalada. El escenario para 2026 sigue describiendo precios altos y una demanda más sensible al coste, precisamente porque el “seguro” de inventarios se ha vuelto más caro.

En este contexto, cada semana cuenta. Y cada barril también.

Comentarios