S&P 500 +0,5% y Nasdaq +0,44% antes de la Fed
El gran rally tecnológico en Wall Street suma ya cuatro sesiones consecutivas al alza y mantiene a los principales índices de Estados Unidos pegados a máximos de la semana. El S&P 500 avanzó un 0,5% hasta los 6.950 puntos, mientras el Nasdaq Composite ganó un 0,44% y se situó en 23.603 puntos, encadenando su mejor racha desde diciembre. El impulso volvió a llegar de un puñado de gigantes tecnológicos —con Apple, Microsoft, Alphabet, Broadcom y Meta a la cabeza— en una semana en la que sus propios resultados trimestrales se convertirán en el examen decisivo del rally impulsado por la euforia en torno a la inteligencia artificial. Todo ello, además, con la Reserva Federal a punto de iniciar una reunión de dos días en la que los tipos no se moverán, pero en la que la investigación penal sobre Jerome Powell y las dudas sobre la independencia del banco central amenazan con eclipsar el mensaje puramente económico.
Cuarta sesión al alza para Wall Street
La sesión de este lunes consolidó el rebote iniciado la semana pasada. Según los datos preliminares de cierre, el S&P 500 sumó 34,52 puntos (+0,5%) hasta 6.950,13, mientras que el Nasdaq Composite avanzó 102,54 puntos (+0,44%) hasta 23.603,78. El Dow Jones subió un 0,63%, 307,91 puntos, hasta 49.406,62. Todos ellos firmaron su mayor racha de avances desde diciembre y se sitúan en máximos de más de una semana.
Detrás del movimiento hay un patrón claro: el mercado sigue dispuesto a pagar múltiplos elevados por los grandes nombres de la tecnología y la comunicación, mientras reduce exposición a compañías más cíclicas o con narrativas menos ligadas a la IA. El diagnóstico es inequívoco: Wall Street está dispuesto a dar un voto de confianza adicional al sector tecnológico antes de conocer las cuentas, pero el margen de error se estrecha. La consecuencia es clara: cualquier decepción puede desencadenar correcciones violentas en índices muy concentrados en unas pocas compañías.
Las megatecnológicas tiran del S&P 500
El lunes, el peso del mercado volvió a recaer en los gigantes tecnológicos. Apple se disparó un 2,97%, mientras Microsoft sumó un 0,93%, Alphabet un 1,57% y Broadcom un 1,50%. Meta también se situó entre los valores más alcistas del S&P 500. Ese pequeño grupo de compañías de gran capitalización fue el principal responsable del avance del índice, subrayando de nuevo su dominio sobre el mercado estadounidense.
Este hecho revela hasta qué punto el S&P 500 se ha convertido en un índice cada vez más dependiente de un puñado de valores. En algunos momentos del año, las diez mayores compañías han llegado a concentrar en torno al 35%-40% de la capitalización total del índice, una proporción que históricamente solo se ha visto en fases muy avanzadas de ciclo alcista. El contraste con otros sectores resulta demoledor: bancos, energía o industriales mantienen un comportamiento mucho más moderado, lo que sugiere que el rally actual tiene más de apuesta temática (IA, datos, semiconductores) que de revalorización generalizada de la economía estadounidense.
Una apuesta masiva por la revolución de la IA
La semana supondrá una prueba de fuego para esa narrativa. Apple, Meta, Microsoft y Tesla presentan resultados en los próximos días, en un calendario que puede determinar el tono del mercado hasta bien entrado febrero. El rally de los últimos meses se apoya en la convicción de que la ola de inversión en inteligencia artificial se traducirá en crecimientos de ingresos de dos dígitos y márgenes resilientes, pese a la desaceleración de otras áreas de negocio.
Los inversores no solo quieren ver crecimiento, sino también disciplina. “El mercado ahora exige pruebas tangibles de que los miles de millones invertidos en IA empiezan a generar retorno operativo”, señalan gestores consultados por las casas de análisis. Lo más grave, desde el punto de vista de valoración, es que muchas de estas compañías cotizan ya con primas del 30%-40% sobre la media histórica del S&P 500. En ese contexto, un pequeño tropiezo en previsiones o en guías para 2026-2027 puede desencadenar un replanteamiento en bloque del negocio de la IA y provocar una rotación hacia sectores más defensivos. El riesgo no es tanto un profit warning aislado como un cambio de tono conjunto que rebaje las expectativas de “revolución inmediata” que hoy descuentan las cotizaciones.
Beneficios al alza, pero con el listón muy alto
Hasta el viernes, 64 compañías del S&P 500 habían publicado sus resultados trimestrales y un 79,7% superó las previsiones de los analistas, según datos de LSEG. La cifra es notablemente superior al promedio histórico cercano al 67%-70%. En apariencia, se trata de una temporada de resultados sólida, que en otras circunstancias justificaría un tono más complaciente en los índices.
Sin embargo, el contexto actual es distinto. Cuando las valoraciones parten de múltiplos exigentes, superar las estimaciones por un margen mínimo ya no es suficiente. El mercado penaliza especialmente los casos en los que las empresas baten en el trimestre, pero recortan previsiones o se muestran ambiguas sobre la segunda mitad del año. Este es el terreno de juego en el que se moverán las grandes tecnológicas esta semana. El contraste con otros episodios históricos, como la burbuja ‘dotcom’, es elocuente: hoy los balances son más sólidos y el flujo de caja, más robusto, pero el componente de expectativas casi perfectas vuelve a ser un factor clave.
La Fed, en el punto de mira político
En paralelo a los resultados, la Reserva Federal inicia el martes una reunión de dos días en la que los inversores dan prácticamente por seguro que los tipos de interés se mantendrán estables. El foco estará en el comunicado y, sobre todo, en las palabras de Jerome Powell en la rueda de prensa. Los mercados de futuros descuentan mayoritariamente que el primer recorte de tipos llegará hacia mediados de año, con una probabilidad que ronda el 60%-70% para junio, según las últimas estimaciones de los operadores.
Sin embargo, esta reunión llega en un contexto extraordinario: Powell se enfrenta a una investigación del Departamento de Justicia por su testimonio ante el Senado sobre un proyecto de renovación de las sedes de la Fed, y el presidente Donald Trump ha dejado entrever que está cerca de decidir el nombre de su sucesor al frente del banco central. “La amenaza a la independencia de la Fed se ha convertido en una variable macro más”, resumen varios estrategas. La consecuencia potencial es un aumento de la prima de riesgo institucional: si el mercado percibe que las decisiones de tipos pueden responder a presiones políticas, el coste de financiación a largo plazo podría repuntar incluso en un entorno de recortes oficiales.
El oro marca un nuevo récord histórico
En este contexto de tensiones políticas y dudas sobre la trayectoria de la política monetaria, el oro volvió a actuar como refugio. El metal precioso marcó un máximo histórico por encima de los 5.100 dólares la onza, un nivel impensable hace apenas dos años. La subida impulsó con fuerza a las mineras auríferas que cotizan en Estados Unidos, con Gold Fields, Harmony Gold y Newmont entre las principales beneficiadas de la sesión.
El diagnóstico de los analistas es claro: el oro ya no solo descuenta el ciclo de tipos, sino también el ruido político y el temor a que la credibilidad de las instituciones económicas se deteriore. Además, en un entorno en el que los inversores han reducido exposición a bonos del Tesoro ante la volatilidad generada por el enfrentamiento entre la Casa Blanca y la Fed, el metal precioso recupera protagonismo como activo diversificador. El contraste con la renta variable es evidente: mientras los índices marcan máximos de la semana, el récord del oro señala que una parte relevante del mercado sigue comprando cobertura frente a escenarios más adversos.
Intel y Tesla ponen la nota negativa
No todo fueron subidas en la sesión. Las acciones de Intel prolongaron el desplome iniciado el viernes, cuando el fabricante de chips sufrió su mayor caída en casi 18 meses tras presentar unas previsiones de ingresos y beneficios por debajo de las expectativas. El mercado castigó especialmente la debilidad de las guías en segmentos clave y la percepción de que la compañía llega tarde a algunas de las áreas más rentables de la revolución de la IA, como los aceleradores especializados.
Por su parte, Tesla lastró al sector de consumo discrecional, que fue el único de los once grandes sectores del S&P 500 que cerró en negativo. La compañía de Elon Musk se enfrenta a una combinación incómoda: presión competitiva creciente, especialmente de fabricantes asiáticos, y dudas sobre su capacidad para mantener márgenes elevados en un entorno de guerra de precios. Este hecho revela la fragilidad de un rally que, pese a los máximos en índices, sigue dejando cadáveres ilustres en el camino. El mensaje para el inversor es inequívoco: la dispersión entre ganadores y perdedores dentro del propio universo tecnológico es cada vez mayor.