S&P 500 retrocede tras la Fed: frena en 6.978; Dow Jones, plano en 49,015
La sesión de este miércoles en Wall Street dejó una imagen engañosamente tranquila. El S&P 500 retrocedió apenas un 0,01%, hasta los 6.977,87 puntos, después de superar intradía por momentos la barrera de los 7.000 puntos por primera vez en su historia. El Nasdaq Composite avanzó un 0,17% hasta 23.857,83 puntos, y el Dow Jones sumó un 0,03%, hasta 49.015,96 puntos, en un cierre casi plano que esconde un mensaje claro: la Reserva Federal ha decidido no mover ficha… y el mercado tendrá que seguir esperando. La institución mantuvo los tipos en el 3,5%-3,75%, reconoció una inflación aún elevada y un mercado laboral que empieza a estabilizarse, pero evitó comprometerse con la fecha del primer recorte. En paralelo, nombres como Texas Instruments, AT&T o Seagate protagonizaron fuertes subidas tras sus resultados, mientras los inversores aguardan el arranque de la temporada de cuentas de los “Magníficos 7” para comprobar si la apuesta por la inteligencia artificial sigue justificando las valoraciones récord.
Un cierre plano tras un nuevo hito del S&P 500
La fotografía de la sesión resume bien el momento del mercado: índices en máximos históricos o muy cerca de ellos, pero sin euforia adicional. El S&P 500 perdió apenas 0,73 puntos, un simbólico 0,01%, para cerrar en 6.977,87 puntos, después de haber superado durante la jornada el umbral psicológico de los 7.000 puntos. Ese pequeño retroceso refleja toma de beneficios puntual más que un cambio de tendencia, pero confirma que cada nuevo escalón exige ahora noticias especialmente positivas para seguir impulsando el rally.
El Nasdaq Composite, más expuesto a la tecnología y al comercio asociado a la inteligencia artificial, avanzó 40,73 puntos, un 0,17%, hasta 23.857,83 puntos, apoyado en la expectativa de resultados sólidos de Microsoft, Meta y Tesla. El Dow Jones Industrial Average, más cíclico y con fuerte peso industrial, sumó 12,55 puntos, un 0,03%, hasta 49.015,96 puntos, lo que le mantiene también en zona de récords.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado de acciones está caro, pero no encuentra todavía un catalizador claro para corregir. Mientras los beneficios empresariales y la liquidez acompañen, las ventas parecen limitarse a ajustes intradía tras tocar nuevos máximos, como el hito de los 7.000 puntos del S&P 500.
Una Fed inmóvil con tipos en el 3,5%-3,75%
La Reserva Federal cumplió el guion. El banco central mantuvo el tipo oficial en el rango 3,5%-3,75%, con ocho de los diez miembros del comité votando a favor de la pausa. En su comunicado, la Fed subrayó que la inflación sigue siendo elevada y que el crecimiento económico continúa siendo “sólido”, lo que justifica, a su juicio, un enfoque prudente. La institución eliminó, eso sí, la referencia a que los riesgos a la baja para el empleo habían aumentado, sustituyéndola por un mensaje más neutral: el mercado laboral muestra “algunos signos de estabilización”.
Tras la decisión, los futuros sobre tipos de interés reforzaron la apuesta de que el primer recorte no llegará antes de junio, con las probabilidades implícitas desplazándose hacia la parte media del año. Antes de la reunión, parte del mercado había llegado a descontar la posibilidad de un gesto anticipado en primavera; tras el mensaje de ayer, esa opción se ha desvanecido prácticamente.
Para los índices, el impacto fue limitado: la decisión estaba plenamente descontada. Pero a nivel de narrativa, la Fed envía una señal clara: no está dispuesta a correr el riesgo de relajar demasiado rápido su política, aunque eso suponga mantener la presión sobre los activos más sensibles al coste de la financiación.
Empleo estable, inflación terca: el mensaje entre líneas
Más allá de los titulares, el verdadero termómetro del ánimo del mercado fue la rueda de prensa de Jerome Powell. El presidente de la Fed evitó cuidadosamente cualquier compromiso explícito sobre la trayectoria futura de los tipos y repitió el mantra de la “dependencia de los datos”. Reconoció que tanto los riesgos al alza para la inflación como los riesgos a la baja para el empleo se han reducido, pero insistió en que no se han movido lo suficiente como para justificar un giro más agresivo.
El operador Michael James, de Rosenblatt Securities, resumió bien la sensación general: “Tanto si eras alcista como si eras bajista antes de la rueda de prensa, saliste sintiéndote prácticamente igual”. O dicho de otro modo, la Fed no quiso sorprender a nadie. Para el mercado, esto tiene doble lectura. Por un lado, reduce el riesgo de un error de comunicación que desate una corrección violenta. Por otro, prolonga la incertidumbre sobre el calendario de recortes, lo que mantiene la prima de riesgo exigida a los activos más endeudados.
La conclusión es clara: no hay aún un deterioro suficiente en el empleo como para forzar un recorte preventivo, ni una mejora lo bastante contundente en la inflación como para que la Fed pueda permitirse anunciar un ciclo más rápido de bajadas. Ese punto intermedio explica, en buena medida, el cierre prácticamente plano del S&P 500.
La cuenta atrás para los resultados de los “Magníficos 7”
El otro gran foco de la jornada estaba en la temporada de resultados del Big Tech. Tres miembros de los llamados “Magníficos 7” —Meta, Microsoft y Tesla— presentaban cuentas al cierre del mercado, dando el pistoletazo de salida a una tanda de resultados que puede determinar el tono de las próximas semanas. Además, IBM también tenía cita con los analistas.
Durante 2025, este pequeño grupo de megacaps tecnológicas ha concentrado una parte desproporcionada de las ganancias del S&P 500, apoyado en la narrativa de la inteligencia artificial y en unos márgenes envidiables. El mercado exige ahora confirmación: ingresos creciendo a tasas de doble dígito, inversión en IA que se traduzca en ventas tangibles y guías para 2026 que no decepcionen.
La atención se centra, en particular, en los planes de inversión en centros de datos, chips de alto rendimiento y servicios en la nube. Los inversores quieren pruebas de que el gasto multimillonario en IA no se quedará en promesas, sino que generará retornos ajustados al riesgo. Si las compañías cumplen, el rally podría extenderse. Si fallan, el castigo puede ser severo: con el S&P 500 en zona de 7.000 puntos, cualquier tropiezo de los Magníficos 7 se magnifica en el índice.
Texas Instruments, AT&T y Seagate tiran del carro
Más allá del Big Tech, la sesión dejó un puñado de nombres propios con movimientos significativos. Texas Instruments (TXN) lideró las subidas en semiconductores tradicionales tras presentar unas previsiones para el primer trimestre por encima de lo esperado. El fabricante de chips analógicos anunció un rango de ingresos y beneficio que superaba en torno a un 3%-5% el consenso de mercado, enviando el mensaje de que la demanda industrial y de automoción comienza a estabilizarse. Sus acciones reaccionaron con subidas cercanas al 6% en la sesión.
En el sector de telecomunicaciones, AT&T (T) sorprendió con una guía de beneficio anual por acción por encima de lo que descontaban los analistas. La compañía apuntó a una mejora en la rentabilidad de su negocio de redes y a un avance en la reducción de deuda. El mercado premió esa narrativa con avances de alrededor del 4%, devolviendo algo de brillo a un valor que había quedado rezagado frente a sus competidores.
El gran protagonista del día, sin embargo, fue Seagate Technology (STX). El fabricante de discos duros y soluciones de almacenamiento saltó más de un 20% después de prever ingresos y beneficios del tercer trimestre claramente superiores a las estimaciones. La compañía se beneficia de la explosión de demanda de capacidad de almacenamiento ligada a la IA y a la computación en la nube, y el mercado está empezando a valorar ese efecto. Su rival Western Digital (WDC) se sumó al movimiento con alzas cercanas al 8%-10%, impulsada por el arrastre sectorial.
Textron y Otis: la cara débil del ciclo industrial
No todo fueron buenas noticias. En el lado negativo, Textron (TXT) y Otis Worldwide (OTIS) ilustraron las dudas que persisten sobre el ciclo industrial y de construcción. Textron, conglomerado con presencia en aviación, defensa y maquinaria, publicó una guía de beneficio anual por debajo de lo esperado, citando presiones en costes y cierta moderación en la cartera de pedidos. Sus acciones reaccionaron con caídas en torno al 5%, reflejando el temor a que el ciclo de inversión industrial esté perdiendo fuerza.
Por su parte, Otis, gigante de los ascensores y escaleras mecánicas, decepcionó al mercado con unos ingresos del cuarto trimestre ligeramente por debajo de las previsiones. La compañía atribuyó el bache a retrasos en proyectos y a la debilidad en algunos mercados clave de nueva construcción, especialmente en Asia. El castigo bursátil, con descensos cercanos al 3%, fue moderado pero significativo: en un entorno de tipos altos, los inversores son mucho menos tolerantes con cualquier desviación negativa respecto al consenso.
Estos movimientos reflejan un patrón claro: mientras los valores ligados a la nueva infraestructura digital (chips, almacenamiento, conectividad) logran sorprender al alza, parte de la economía “real” más clásica muestra síntomas de fatiga. Para la Fed, este contraste complica el diagnóstico: no hay una desaceleración homogénea que justifique recortes inmediatos, pero sí suficiente ruido como para exigir vigilancia.
Rotación silente: de las grandes historias a los “olvidados” del mercado
El día también dejó señales de una rotación lenta pero persistente dentro de la bolsa estadounidense. La combinación de valoraciones muy exigentes en las megacaps y de buenas noticias puntuales en compañías tradicionalmente infravaloradas está animando a algunos gestores a reequilibrar carteras. Nombres como Texas Instruments o Seagate, más asociados a la infraestructura de base que a la narrativa más vistosa de la IA generativa, se benefician de este cambio de foco.
Al mismo tiempo, sectores defensivos con alta rentabilidad por dividendo —como telecomunicaciones o ciertas utilities— empiezan a recuperar interés, especialmente si el mercado asume que la Fed mantendrá los tipos altos durante más tiempo y que la volatilidad puede repuntar al primer tropiezo en los beneficios del Big Tech. La idea de fondo es clara: no todo el mercado está caro por igual, y 2026 podría ser un año más propicio para estrategias de selección de valores que para la simple réplica de índices.
Para el inversor, este entorno invita a revisar el peso de las grandes tecnológicas frente a otros sectores que empiezan a ofrecer una relación riesgo-rentabilidad más equilibrada, sin renunciar al potencial de crecimiento ligado a la nueva ola de inversiones en digitalización y datos.
La sesión en Wall Street deja varias lecciones. La primera es que el precio de la renta variable estadounidense sigue siendo elevado: un S&P 500 rozando los 7.000 puntos y un Nasdaq en máximos implican que cualquier decepción —de la Fed o de los Magníficos 7— puede traducirse en correcciones rápidas. La segunda, que la Fed ha dejado claro que no va a precipitarse con los recortes, lo que mantiene el listón alto para activos endeudados y economías más frágiles.
La tercera conclusión es que el mercado ofrece cada vez más “micro-oportunidades” en compañías concretas: casos como Seagate, Texas Instruments o AT&T muestran que, incluso en un índice caro, existen valores con mejoras claras de fundamentales y recorrido potencial. A la inversa, tropiezos como los de Textron u Otis recuerdan que no basta con estar en sectores de moda; la ejecución y la visibilidad de beneficios serán claves.
En este contexto, los expertos recomiendan combinar la exposición a índices globales con selección activa de valores y sectores, mantener una parte de la cartera en activos reales o ligados a la inflación y evitar concentraciones excesivas en un solo tema —por atractivo que parezca, como la IA—. El mensaje de la jornada es nítido: la Fed mantiene el freno de mano echado, los índices se mueven al milímetro y serán los resultados empresariales, más que los bancos centrales, los que marquen el próximo tramo del mercado.

