S&P 500 y Dow Jones, récord: 50.000 empleos, dólar fuerte y recortes 2026; cae el canadiense
La primera semana completa de 2026 se cierra con un mensaje contundente desde los mercados: no hay recesión a la vista y la Reserva Federal todavía no ha descarrilado el ciclo de bajadas de tipos. Las bolsas estadounidenses y europeas han encadenado un nuevo tramo alcista tras un informe de empleo en Estados Unidos que suma solo 50.000 nóminas no agrícolas en diciembre, por debajo de las previsiones, pero con una tasa de paro que baja al 4,4%.
El resultado es un cóctel que los inversores interpretan como “lo bastante débil” para no asustar a la Fed y “lo bastante sólido” para alejar el fantasma de una recesión inminente. El S&P 500 subió un 0,65% hasta los 6.966,28 puntos y el Dow Jones avanzó un 0,48% hasta marcar un nuevo máximo de 49.504,07 puntos, mientras el Nasdaq Composite se anotaba un 0,82% hasta los 23.671,35 puntos.
En paralelo, el dólar repuntó, el rendimiento del bono estadounidense a dos años escaló hasta el 3,54% y el crudo Brent recuperó el nivel de 63 dólares por barril.
Lo más significativo, apuntan los analistas, es que todo esto ocurre en un contexto geopolítico enrarecido tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, sin que el riesgo político haya bastado para enfriar el apetito por riesgo.
Wall Street celebra un dato de empleo ‘a medida’
El informe de empleo de diciembre llegó con la etiqueta de “ni demasiado bueno ni demasiado malo”. La economía estadounidense creó 50.000 puestos de trabajo, frente a los 60.000 esperados y por debajo de los 56.000 revisados de noviembre. Sin embargo, la tasa de paro descendió del 4,5% al 4,4%, en línea con las previsiones.
Para los estrategas de renta variable, el mensaje es claro: el mercado laboral se enfría, pero no se rompe. Menos creación de empleo sugiere que las presiones salariales seguirán moderándose, mientras que una tasa de paro contenida aleja el escenario de destrucción masiva de empleo. La consecuencia inmediata es que las expectativas de recortes de tipos para 2026 apenas se mueven, pese a que el dato no llega al consenso.
En palabras de más de un gestor, “no es un dato brillante, pero tampoco es una señal de recesión; es justo lo que la Fed quiere ver”. De hecho, uno de los elementos que más ha tranquilizado al mercado es que, tras semanas de parálisis estadística por el prolongado cierre parcial del Gobierno federal, las publicaciones oficiales vuelven al calendario normal, reduciendo la niebla de datos que había rodeado a la economía estadounidense a finales de 2025.
Récords en el S&P 500 y rally en tecnológicas
El comportamiento de los índices lo dice todo. El S&P 500 fue el gran protagonista al cerrar en máximo histórico, mientras el Dow Jones acompañaba con otro récord y el Nasdaq recuperaba terreno tras las dudas recientes sobre las valoraciones tecnológicas.
Por sectores, el día volvió a tener acento tecnológico gracias a las compañías de semiconductores. Intel se disparó un 10,8% después de que Donald Trump presumiera de una “gran reunión” con el consejero delegado del fabricante, Lip-Bu Tan, y Broadcom sumó un 3,8%, consolidando el rebote del segmento de chips. El índice de semiconductores de Filadelfia avanzó en paralelo, reforzando la idea de que la apuesta por la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento sigue siendo el motor de la bolsa estadounidense.
Pero, a diferencia de otros tramos del rally, esta vez no han sido solo las grandes tecnológicas las que tiran del carro. Materiales, industriales y otros sectores tradicionalmente rezagados respecto al “mega-cap tech” han liderado parte de las subidas de la semana, lo que los analistas interpretan como un ensanchamiento saludable del mercado: más valores participando en la subida implica mayor solidez del movimiento alcista.
Europa se suma a la fiesta bursátil
Al otro lado del Atlántico, las bolsas europeas vivieron también una sesión de euforia moderada. El índice paneuropeo STOXX 600 avanzó un 0,97% y cerró en máximos históricos, encadenando su racha semanal más larga de avances desde mayo. El FTSE 100 británico sumó un 0,8%, el DAX alemán ganó un 0,53% y el CAC 40 francés se disparó un 1,44%, con el lujo y el consumo premium a la cabeza.
Un nombre propio destacó sobre el resto: Glencore, que llegó a subir en torno a un 9,6% tras confirmarse negociaciones preliminares con Rio Tinto sobre una posible combinación de negocios, incluso mediante una fusión íntegramente en acciones. El movimiento reaviva el debate sobre una nueva ola de consolidación en minería y materias primas, en un momento en que el mercado descuenta un ciclo de inversión en transición energética y metales críticos.
El ascenso de la renta variable europea se produce, además, en un contexto macro algo más complejo: mientras la producción industrial alemana repuntó un 0,8% mensual en noviembre, las exportaciones registraron su mayor caída desde 2024 y el superávit comercial se contrajo de 17.200 a 13.100 millones de euros. Francia, por su parte, vio caer un 0,1% su producción industrial en el mes, con un consumo de los hogares que retrocede un 0,3%. Pese a ello, el mercado parece centrarse más en la perspectiva de más recortes de tipos por parte del BCE en 2026 que en las señales de fatiga industrial.
Dólar fuerte y curva de tipos: qué descuenta la Fed
El informe de empleo tuvo un efecto inmediato en divisas y deuda. El índice dólar (DXY), que había llegado a subir un 0,2% antes del dato, terminó el día con un avance de aproximadamente 0,26% hasta la zona de 99,13 puntos, reflejando un renovado apetito por la moneda estadounidense como activo refugio suave.
En la curva de tipos, el movimiento fue mixto pero revelador. El rendimiento del Treasury a dos años, el más sensible a las expectativas de política monetaria, repuntó 5 puntos básicos hasta el 3,54%. El bono a diez años, en cambio, cedió ligeramente hasta el 4,17%, con una caída cercana a 1,2 puntos básicos. La lectura de los analistas es que el mercado no ve inminentes más recortes en enero, pero sigue descontando varios ajustes a la baja a lo largo de 2026.
La combinación de un dólar más fuerte y una curva relativamente estable invita a pensar en un escenario “Goldilocks” para los activos de riesgo: crecimiento moderado, inflación contenida y una Fed paciente, sin necesidad de endurecer el discurso de manera brusca. El riesgo, advierten algunas casas, es que cualquier sorpresa inflacionista o un nuevo repunte salarial obligue al banco central a enfriar las expectativas de recorte y desencadene una corrección en los activos más expuestos al tipo de interés.
Petróleo al alza y el factor Venezuela en la ecuación
Las materias primas energéticas también se hicieron eco del nuevo equilibrio macro. El Brent subió 1,35 dólares, un 2,18%, hasta 63,34 dólares por barril, mientras que el WTI avanzó 1,36 dólares (2,35%) hasta los 59,12 dólares. Para los traders, el mensaje detrás de este repunte es doble.
Por un lado, el dato de empleo en Estados Unidos refuerza la idea de una economía que sigue creciendo lo suficiente como para sostener la demanda de crudo, sin desatar, por ahora, un pánico inflacionista. Por otro, el mercado empieza a asumir que la producción venezolana, incluso bajo tutela estadounidense, tardará en volver a niveles significativos. La logística, el estado de las infraestructuras y la complejidad política hacen improbable un aumento rápido de la oferta, lo que sostiene la prima de riesgo en el precio.
A esto se suma la preocupación por posibles disrupciones en Irán, en un momento de máxima tensión política y social en el país. El resultado es un mercado petrolero donde los inversores parecen más preocupados por escenarios de déficit de oferta que por un exceso de bombeo, al menos en el corto plazo.
Materias primas industriales e índices globales en máximos
Más allá de la energía, las materias primas industriales enviaron también señales positivas. El cobre encadenó nuevas subidas, apoyado en las expectativas de un repunte de la demanda futura ligada a la electrificación y a la inversión en infraestructuras. El aluminio, por su parte, tocó su nivel más alto desde abril de 2022, impulsado por recortes de oferta y por la mejora relativa de los indicadores manufactureros en algunas economías clave.
En este contexto, el MSCI ACWI, que agrupa a bolsas de países desarrollados y emergentes, avanzó alrededor de un 0,53% hasta los 1.034,87 puntos, marcando también un récord intradía. La señal es clara: el apetito por renta variable no es un fenómeno exclusivamente estadounidense, sino un movimiento global respaldado por la caída progresiva de la inflación y por la perspectiva de políticas monetarias menos restrictivas en 2026.
Divisas bajo presión: el caso del dólar canadiense
En el mercado de divisas, no todo fueron aplausos al dólar. Algunas monedas sufrieron en mayor medida el giro de flujos hacia el billete verde y la reconfiguración del mapa energético. El dólar canadiense encadenó su mayor caída semanal en once meses, al depreciarse en torno a un 1,3% frente a su par estadounidense y cerrar en la zona de 1,3905 dólares canadienses por dólar, tras tocar un mínimo intradía en 1,3914.
La debilidad del “loonie” responde a una doble presión. Por un lado, el último informe de empleo en Canadá mostró solo 8.200 nuevos puestos de trabajo en diciembre, con una tasa de paro que sube del 6,5% al 6,8% a medida que más canadienses vuelven a buscar empleo. Por otro, la posibilidad de que el crudo pesado venezolano recupere cuota de mercado en Estados Unidos supone una amenaza estructural para los exportadores canadienses de petróleo similar, que podrían enfrentarse a una competencia más agresiva en su cliente clave.
Los estrategas de divisas apuntan a que, con un dólar globalmente fuerte y con la Reserva Federal retrasando el calendario de recortes, las monedas ligadas a materias primas seguirán sometidas a vaivenes, especialmente si la reconfiguración de flujos energéticos se acelera.
Qué vigilan ahora los inversores
Con la primera semana de 2026 en el retrovisor, el foco del mercado se desplaza a los próximos hitos macro y monetarios. En el calendario inmediato están las cifras de inflación de Estados Unidos, nuevas lecturas de actividad en Europa y el arranque de la temporada de resultados empresariales del cuarto trimestre, que pondrá a prueba la solidez de los márgenes en un entorno de costes financieros todavía elevados.
Al mismo tiempo, los analistas insisten en que la euforia de los récords históricos convive con una lista de riesgos nada desdeñable: tensiones geopolíticas (Irán, Venezuela), la sentencia pendiente del Tribunal Supremo sobre los aranceles de Trump, la fragilidad de algunas economías europeas y la posibilidad de que la Fed se vea obligada a recalibrar su mensaje si los datos dejan de acompañar.
Por ahora, sin embargo, el veredicto de la semana es inequívoco: las bolsas han decidido dar el beneficio de la duda al “aterrizaje suave”. El empleo se enfría, pero no se derrumba; la inflación retrocede sin hundir el crecimiento; y la máquina de resultados corporativos todavía no ha dado señales de agotamiento. La cuestión es cuánto tiempo podrá mantenerse este delicado equilibrio sin que alguno de los platos se venga abajo.