Wall Street se congela tras el salto del 73% de Nvidia
La sesión de este jueves en Wall Street arranca con freno de mano echado. Los futuros de los principales índices estadounidenses cotizan prácticamente planos, pese a que Nvidia acaba de anunciar un salto del 73% en sus ingresos trimestrales y una nueva mejora de márgenes, consolidando su papel como epicentro del boom de la inteligencia artificial. En el ‘pre-market’, el fabricante de semiconductores avanzaba en torno a un 1,16%, una subida modesta para una compañía que ya roza valoraciones históricas. La nota negativa la pone Salesforce, cuya previsión de ingresos para 2027 se queda corta frente a las expectativas del mercado y provoca un descenso cercano al 3,8% antes de la apertura. Mientras tanto, los inversores miran de reojo a los resultados que publicarán Warner Bros. Discovery, CoreWeave y Dell, claves para medir hasta dónde llega realmente la fiebre inversora en IA y contenido digital. Al otro lado del Atlántico, el euro se mantiene estable en torno a los 1,1802 dólares, reflejando una calma tensa en el cruce de divisas.
A primera hora, los futuros sobre el Dow Jones retrocedían alrededor de un 0,2%, mientras que los del S&P 500 y el Nasdaq 100 se movían prácticamente planos, con variaciones inferiores a una décima. La fotografía de fondo es la de un mercado que ha corrido mucho en pocos meses y que ahora exige resultados perfectos y guías aún mejores para seguir premiando a las grandes tecnológicas.
El contraste es evidente: por un lado, un líder absoluto como Nvidia, que encadena trimestres récord con crecimientos de dos dígitos; por otro, compañías de software empresarial como Salesforce, donde la discusión ya no es solo si ganan dinero, sino a qué ritmo podrán seguir creciendo en 2027, 2028 y más allá.
Este punto muerto en los futuros refleja una realidad incómoda: la narrativa de la inteligencia artificial está al límite de lo que los datos pueden justificar a corto plazo. Cada sesión de resultados se convierte en un referéndum sobre si el rally puede continuar o si el mercado está, simplemente, adelantando demasiado negocio futuro.
Nvidia marca otro trimestre histórico
Nvidia ha vuelto a superar las expectativas con un trimestre que consolida su posición dominante en la infraestructura de IA. La compañía ha reportado ingresos récord cercanos a los 39.300 millones de dólares en su cuarto trimestre fiscal, un incremento de alrededor del 78% interanual, impulsado sobre todo por la demanda de sus chips para centros de datos.
Solo el negocio de ‘data center’ roza ya los 35.600 millones de dólares por trimestre, con crecimientos superiores al 90% frente al año anterior, una cifra que habría sido impensable hace apenas dos ejercicios. En paralelo, los márgenes brutos se mantienen en niveles extraordinariamente elevados, por encima del 70%, lo que refuerza la percepción de que Nvidia sigue teniendo un poder de fijación de precios muy superior al de sus rivales.
Sin embargo, lo más relevante para el mercado no es el pasado, sino la guía: la compañía proyecta seguir aumentando ventas en el corto plazo, apoyada en nuevos lanzamientos de hardware y en la expansión de su ecosistema de software. La consecuencia es clara: si Nvidia cumple su propio guion, la factura de inversión en IA para los grandes ‘hyperscalers’ y corporaciones seguirá aumentando, con impacto directo en su endeudamiento y en sus cuentas de resultados.
Salesforce pincha el globo del entusiasmo
En paralelo, Salesforce se ha convertido en el recordatorio de que no todas las historias de crecimiento en tecnología son iguales. La compañía de software en la nube superó las previsiones de beneficios e ingresos del último trimestre, con ventas en torno a los 11.200 millones de dólares, pero decepcionó con su proyección de ingresos para 2027, que se sitúa en una horquilla de unos 45.800–46.200 millones, por debajo de lo que esperaba el consenso.
El resultado: una caída en torno al 3,8% en el ‘pre-market’, en una acción que ya acumula fuertes correcciones en los últimos doce meses. La lectura del mercado es inequívoca: la monetización de la IA generativa en el software empresarial va por detrás del relato, y los inversores no están dispuestos a pagar múltiplos de burbuja si las cifras a tres o cuatro años vista no acompañan.
“Los resultados ya no se premian igual; ahora se castiga cualquier indicio de fatiga en 2027 o 2028”, resume un gestor europeo. Este hecho revela la nueva sensibilidad del mercado: el foco ya no está solo en el próximo trimestre, sino en la credibilidad del plan estratégico a medio plazo frente a una competencia en IA cada vez más agresiva.
Warner, Dell y CoreWeave, el siguiente examen
Más allá de Nvidia y Salesforce, la sesión estará marcada por las cuentas de Warner Bros. Discovery, Dell y el proveedor de nube especializada CoreWeave. Cada uno, a su manera, ofrece una pieza distinta del mismo puzzle: cómo se está trasladando el boom de la IA al resto de la economía digital.
Warner Bros. Discovery llega a la cita tras un 2024 complejo, con presión en el negocio tradicional de televisión de pago, ajustes de costes y una integración todavía exigente tras la fusión. Sus últimos resultados anuales mostraron un esfuerzo claro por estabilizar el flujo de caja, pero con una deuda que sigue siendo elevada y que obliga a priorizar disciplina financiera por encima de grandes apuestas de crecimiento.
En el otro extremo, Dell se ha consolidado como uno de los fabricantes clave de servidores de alto rendimiento para IA. En sus últimos ejercicios, la compañía ha registrado crecimientos de doble dígito en ingresos vinculados a servidores y ‘networking’, con un backlog de servidores de IA que ronda los 9.000 millones de dólares y envíos que ya superan los 10.000 millones en el acumulado del año fiscal.
CoreWeave, por su parte, se ha convertido en un símbolo de la nueva ola de proveedores de nube especializada, alquilando capacidad de cómputo basada en GPUs de Nvidia a startups de IA y grandes corporaciones. Sus resultados permitirán medir hasta qué punto la demanda en la “segunda línea” del ecosistema IA sigue disparada o empieza a normalizarse.
El peso del ‘trade’ de inteligencia artificial
Lo más grave para los índices es que una buena parte del comportamiento del mercado depende ya de un puñado muy reducido de nombres ligados a la IA. Nvidia, Microsoft, Meta, Alphabet, Amazon o el propio Dell concentran una porción creciente de la capitalización del S&P 500 y del Nasdaq 100, lo que amplifica cualquier movimiento en sus acciones.
Este fenómeno, conocido como concentración de mercado, implica que el inversor pasivo —el que replica índices— está cada vez más expuesto a un mismo riesgo: que el ciclo de inversión en IA se frene o que alguno de estos gigantes falle en su ejecución. Paralelamente, los encuestados en distintos sondeos de grandes gestoras comienzan a señalar el posible “exceso de expectativas en IA” como uno de los riesgos más citados para los próximos doce meses.
El diagnóstico es inequívoco: en este entorno, unos resultados excelentes ya no bastan para impulsar las cotizaciones, y cualquier matiz en la guía de ingresos o en la inversión de capital se traduce en oscilaciones de miles de millones en valor bursátil en cuestión de minutos.
Un euro estable y lo que implica para Europa
En el mercado de divisas, el euro se mantiene prácticamente plano en torno a los 1,1802 dólares, una cota que, sin ser extrema, refleja cierto equilibrio entre las expectativas de tipos de interés en la Eurozona y en Estados Unidos. Para los inversores europeos, esta estabilidad tiene dos efectos inmediatos.
Por un lado, reduce la volatilidad cambiaria sobre las posiciones en renta variable estadounidense, lo que facilita mantener exposición a Wall Street sin necesidad de coberturas agresivas. Por otro, modera el impacto de los resultados corporativos en dólares a la hora de traducirlos a euros, algo relevante para gestoras y fondos de pensiones con mandatos denominados en la moneda única.
Sin embargo, si en las próximas semanas los datos de inflación o crecimiento obligan a la Reserva Federal o al BCE a mover ficha, el cruce podría abandonar este rango relativamente cómodo. Un giro hacia un dólar más fuerte, por ejemplo, encarecería de inmediato la factura de importación de energía y materias primas para Europa, añadiendo presión sobre los márgenes industriales.