Wall Street respira: Trump frena el ataque a Irán y dispara los futuros Dow Jones

El Dow Jones avanza un 0,57% y el petróleo cae con fuerza ante la reapertura de la vía diplomática, aunque los inversores desconfían de una tregua todavía frágil.

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Foto de Robb Miller en Unsplash
Wall Street Foto de Robb Miller en Unsplash

Los futuros de Wall Street arrancan agosto en verde después de que Donald Trump cancelara una nueva ofensiva militar contra Irán y anunciara conversaciones para este lunes. El mercado reaccionó de inmediato: el Dow Jones subió un 0,57%, el S&P 500 avanzó un 0,42% y el Nasdaq 100 ganó un 0,39% antes de la apertura.

La distensión también golpeó al petróleo. El Brent llegó a retroceder alrededor de un 5%, hasta la zona de los 83 dólares por barril, mientras los inversores reducían parcialmente la prima de riesgo acumulada durante el conflicto. Sin embargo, la recuperación bursátil descansa sobre un equilibrio precario: Washington ya ha frenado otras operaciones antes de volver a elevar la presión sobre Teherán.

Wall Street compra la tregua

El movimiento de los futuros refleja, ante todo, una reducción del riesgo inmediato. Trump confirmó que las conversaciones con Irán se celebrarían este lunes, después de suspender un ataque que habría podido alcanzar infraestructuras energéticas y militares.

La consecuencia es clara: los inversores han vuelto a comprar activos de riesgo y a desprenderse de posiciones defensivas. El mercado interpreta que una negociación, aunque no garantice un acuerdo, disminuye la posibilidad de una interrupción todavía mayor del comercio energético.

El euro permanecía prácticamente plano frente al dólar, en torno a 1,1525 dólares, señal de que el alivio geopolítico todavía no se ha traducido en grandes movimientos en el mercado de divisas.

El petróleo pierde su prima de guerra

La reacción más contundente se produjo en el crudo. El Brent cayó cerca del 5,1%, hasta aproximadamente 83,44 dólares, mientras el West Texas Intermediate llegó a bajar más de un 6%.

El estrecho de Ormuz continúa siendo el principal foco de preocupación. Por esta ruta transitaba aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado mundial antes de la guerra. Una reapertura completa aliviaría costes logísticos, reduciría las presiones inflacionistas y ofrecería margen a los bancos centrales para mantener políticas monetarias menos restrictivas.

No obstante, el diagnóstico sigue siendo prudente: una conversación diplomática no equivale a una normalización del suministro.

Una paz todavía reversible

Lo más grave para los mercados es la sucesión de amenazas, treguas y nuevos ataques registrada durante los últimos meses. Washington e Irán ya firmaron en junio un memorando que debía garantizar el paso seguro de los buques comerciales. El entendimiento apenas duró unas semanas.

Desde comienzos de julio, la Administración estadounidense sostiene que Teherán ha vuelto a atacar embarcaciones neutrales. Estados Unidos respondió con operaciones contra lanzaderas de misiles, defensas aéreas e infraestructura militar iraní.

Por tanto, la subida bursátil no representa una confianza plena en la paz. Refleja que el escenario más severo —una escalada inmediata contra instalaciones estratégicas— ha quedado aplazado.

Palantir afronta el examen de la IA

La geopolítica comparte protagonismo con una nueva batería de resultados empresariales. Palantir publicará sus cuentas tras el cierre de Wall Street, con el mercado pendiente del crecimiento de sus contratos de inteligencia artificial y defensa.

La compañía registró en el primer trimestre unas ventas récord de 1.630 millones de dólares, un 85% más que un año antes. Para el conjunto de 2026 prevé ingresos de entre 7.650 y 7.660 millones. Sin embargo, sus acciones acumulan una caída superior al 26% en el año, castigadas por las dudas sobre su valoración y la aparición de alternativas más baratas.

Snap también presentará resultados, ofreciendo nuevas pistas sobre la evolución de la publicidad digital.

La industria mide su resistencia

Los inversores conocerán además el PMI manufacturero estadounidense de julio y los datos de gasto en construcción de junio. El consenso espera que la actividad industrial continúe en terreno expansivo, después de seis meses consecutivos de crecimiento.

Una lectura superior a 50 puntos confirmaría la expansión de un sector que representa algo más del 9% de la economía estadounidense. El gasto vinculado a centros de datos, semiconductores e infraestructura de inteligencia artificial está amortiguando parte del impacto provocado por la guerra y el encarecimiento energético.

El contraste resulta revelador: la tecnología sostiene la inversión mientras la incertidumbre internacional amenaza los márgenes industriales.

El riesgo no ha desaparecido

La apertura alcista dependerá ahora de que las conversaciones produzcan avances verificables. Trump exige la reapertura total de Ormuz y garantías sobre el programa nuclear iraní. Teherán niega que pretenda desarrollar armas atómicas y advierte de que responderá ante nuevos ataques.

Una ruptura devolvería rápidamente la presión al petróleo, a la inflación y a las bolsas. El alivio actual, por tanto, tiene más de tregua financiera que de paz consolidada. Wall Street celebra que las bombas no hayan caído durante el fin de semana, pero sigue operando bajo la certeza de que una sola declaración puede cambiar de nuevo el rumbo del mercado.

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