Visa desafía al fraude digital con su mayor apuesta en ciberseguridad

La multinacional comprará BioCatch para detectar estafas antes del pago mediante inteligencia artificial y análisis del comportamiento de 760 millones de usuarios.

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Foto de Aleksandrs Karevs en Unsplash
Visa Foto de Aleksandrs Karevs en Unsplash

Visa ha acordado la compra de BioCatch por 2.400 millones de dólares en efectivo, una operación con la que aspira a trasladar la lucha contra el fraude al instante anterior a la propia transacción. La compañía israelí analiza cómo escribe, pulsa o maneja su dispositivo cada usuario para distinguir a un cliente legítimo de un delincuente.

La adquisición, pendiente de autorizaciones regulatorias, debería completarse antes de que termine el segundo trimestre fiscal de 2027. El movimiento refuerza la transformación de Visa: de infraestructura global de pagos a proveedor integral de seguridad, identidad y servicios tecnológicos para la banca.

Una compra de 2.400 millones

Visa adquirirá BioCatch a los fondos asesorados por la firma británica de capital riesgo Permira y al resto de sus accionistas. El pago se realizará íntegramente en efectivo y convierte la operación en una de las apuestas más relevantes del grupo por la ciberseguridad aplicada al sistema financiero.

La valoración refleja el creciente interés por las tecnologías capaces de impedir el fraude antes de que el dinero salga de una cuenta. BioCatch no se limita a revisar si una contraseña es correcta. Su plataforma estudia miles de señales relacionadas con la aplicación, el dispositivo, la red y el comportamiento del usuario.

Este enfoque permite identificar movimientos anómalos incluso cuando el delincuente dispone de credenciales auténticas. La identidad digital ya no depende únicamente de lo que una persona sabe, sino también de cómo actúa. Visa pretende incorporar esa información a su ecosistema global de prevención de riesgos.

El comportamiento como contraseña

La tecnología de BioCatch analiza elementos como la velocidad de escritura, la presión sobre la pantalla, los gestos táctiles o la forma de sujetar un teléfono. Cada interacción ayuda a construir un patrón que puede revelar si una operación está siendo realizada por el propietario de la cuenta o por un tercero.

La empresa protege actualmente 1.800 millones de dispositivos y presta cobertura a unos 760 millones de usuarios. Su cartera supera los 350 clientes bancarios en 21 países, entre ellos más de 100 de las mayores entidades financieras del mundo.

La escala explica buena parte del precio. Visa no compra únicamente algoritmos, sino una red de información ya integrada en grandes bancos. Cuantos más usuarios y entidades participan en ella, mayor es su capacidad para reconocer patrones de fraude y detectar cuentas utilizadas como mulas financieras.

El fraude antes del pago

Hasta ahora, gran parte de la seguridad de Visa se concentraba en la autorización y el procesamiento de las transacciones. BioCatch amplía ese perímetro hacia fases anteriores: la apertura de una cuenta, el acceso a la banca digital o la modificación de los datos personales.

La compañía puede advertir, por ejemplo, que un usuario aparentemente legítimo está actuando bajo las instrucciones telefónicas de un estafador. También puede detectar el control remoto de un dispositivo o comportamientos asociados con la creación de cuentas falsas.

Andrew Torre, presidente de servicios de valor añadido de Visa, sostiene que BioCatch permitirá «detener el fraude antes de que alcance el punto de pago». La consecuencia es clara: Visa quiere intervenir antes de que la entidad tenga que bloquear, investigar o devolver una operación.

Un billón perdido cada año

Visa calcula que las estafas y los robos de cuentas provocan pérdidas superiores a un billón de dólares anuales en la economía mundial. La inteligencia artificial está agravando el problema al permitir campañas más convincentes, automatizadas y difíciles de rastrear.

Los delincuentes pueden reproducir voces, crear mensajes personalizados o mantener conversaciones aparentemente verosímiles con miles de víctimas. Frente a este fenómeno, los controles tradicionales basados en contraseñas, códigos enviados por SMS o preguntas de seguridad ofrecen una protección cada vez más limitada.

«La inteligencia artificial está permitiendo estos ataques a una escala sin precedentes», advierte Torre. Este hecho revela el verdadero objetivo de la operación: incorporar una capa de inteligencia conductual capaz de interpretar no solo una transacción, sino todo el contexto que la precede.

La nueva Visa tecnológica

La compra también refuerza el negocio de servicios de valor añadido, una de las áreas con mayor potencial para las grandes redes de pagos. Visa puede comercializar herramientas de prevención del fraude, análisis de datos, ciberseguridad e identidad digital independientemente del crecimiento del consumo.

Durante los últimos cinco años, el grupo ha invertido más de 13.000 millones de dólares en tecnología e infraestructuras destinadas a proteger el ecosistema de pagos. BioCatch se suma a esa estrategia y complementa soluciones basadas en inteligencia artificial para identificar vulnerabilidades y delitos financieros.

El diagnóstico es inequívoco. Visa ya no compite únicamente con Mastercard por procesar pagos. También disputa a bancos, fintech y empresas especializadas el control de la capa de seguridad que determinará quién puede operar con confianza en la economía digital.

Permira multiplica su inversión

La operación supone igualmente una salida relevante para Permira. Sus fondos entraron en BioCatch con una participación minoritaria en 2023 y tomaron el control de la compañía un año después. Durante ese periodo, los ingresos de la empresa casi se triplicaron y el beneficio bruto aumentó más de tres veces.

BioCatch amplió su presencia entre las principales entidades financieras y desarrolló nuevas herramientas para compartir información sobre delitos económicos en tiempo real. La venta representa la quinta desinversión estratégica de Permira en 2026, dentro de un periodo en el que la firma ha distribuido 16.600 millones de dólares entre sus inversores.

Para Visa, el riesgo estará en integrar la tecnología sin erosionar la confianza de los usuarios ni provocar falsos positivos. Para el sector bancario, sin embargo, el mensaje resulta más inmediato: el comportamiento humano se ha convertido en el próximo gran campo de batalla contra el fraude.

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