China y Rusia incrementan sus compras de oro: ¿una advertencia para el dólar con el Dow Jones en record?

China y Rusia están acelerando la compra de oro, mostrando una estrategia para reducir la dependencia del dólar estadounidense. Este movimiento tiene profundas implicaciones políticas y económicas que podrían anticipar cambios en el sistema financiero mundial.
Miniatura del video donde se resalta la compra de oro por China y Rusia, con símbolos del dólar y lingotes de oro al fondo.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
China y Rusia incrementan sus compras de oro: ¿una advertencia para el dólar con el Dow Jones en record?

El oro vuelve a ocupar el centro del tablero. No por nostalgia monetaria, sino por cálculo político. A cierre de 2025, el metal llegó a representar el 27% de las reservas oficiales mundiales, por delante de los Treasuries (22%), un vuelco impulsado por compras y, sobre todo, por el rally de precios.
En paralelo, el dólar mantiene el trono, pero con grietas: su peso en reservas de divisas cayó al 56,77% en 4T 2025, mínimos de varias décadas.
China encadena 18 meses sumando lingotes y ya declara 2.322 toneladas.
Rusia conserva un colchón de 2.304,75 toneladas, incluso tras ajustes recientes.

El oro como mensaje, no como inversión

El oro no paga cupón, no imprime crecimiento y cuesta almacenarlo. Precisamente por eso su función geopolítica es tan útil: es un activo sin contrapartida. Nadie puede congelar un lingote depositado en una cámara propia con la misma facilidad con la que se bloquea una cuenta en dólares. Ese matiz, que parecía académico, se convirtió en doctrina tras 2022, cuando las sanciones y la arquitectura financiera occidental demostraron su capacidad de coerción.
El Banco Central Europeo lo reconoce sin rodeos: desde la invasión rusa de Ucrania, la demanda de oro para reservas se disparó y se mantuvo alta, con compras oficiales en niveles históricamente elevados.
Este hecho revela la esencia del fenómeno: no es “fiebre” por el metal, sino un voto silencioso contra el riesgo político del sistema monetario vigente.

China acelera: 2.322 toneladas y una compra cada mes

Pekín lleva meses convirtiendo su estrategia de reservas en un relato de autonomía. Según el World Gold Council, el Banco Popular de China añadió 8 toneladas en abril, el mayor incremento desde finales de 2024, y extendió a 18 los meses consecutivos de compras. El resultado: 2.322 toneladas, alrededor del 9% de sus reservas totales.
La lectura no es solo defensiva. China busca blindarse frente a shocks externos —guerra comercial, sanciones cruzadas, volatilidad energética— y, a la vez, reforzar la credibilidad del yuan como moneda de transacción regional. El oro, en ese marco, funciona como “colateral” reputacional.
Lo más grave para Washington no es el volumen en sí, sino la consistencia: comprar todos los meses convierte la diversificación en política de Estado, no en táctica coyuntural. Y ese ritmo, por definición, no se detiene por un mal trimestre de mercado.

Rusia: el oro como escudo en una economía sancionada

Moscú juega otra partida: supervivencia financiera. Con acceso limitado a financiación occidental y con el precedente de activos inmovilizados, el oro se ha consolidado como reserva de última instancia, además de activo útil en operaciones indirectas.
En cifras, Rusia mantiene una de las mayores bóvedas oficiales: 2.304,75 toneladas en 1T 2026, ligeramente por debajo del final de 2025. Ese ajuste no invalida la estrategia; la matiza. En un entorno de sanciones y tensiones de pagos, el oro permite gestionar liquidez sin exponerse al circuito dólar-euro.
“El metal precioso se intercambia por yuanes”, deslizan análisis recientes al describir ventas puntuales y reasignaciones, una señal de que la reserva también se utiliza para sostener necesidades internas.
El diagnóstico es inequívoco: Rusia no acumula solo por cobertura; acumula para poder operar.

La grieta del dólar: menos cuota, más dependencia del sistema

El dólar sigue siendo el centro de gravedad. Pero el dato que hoy inquieta no es su tamaño, sino su tendencia. En el 4T 2025, la cuota del billete verde en reservas oficiales de divisas bajó al 56,77%; el euro se situó en 20,25% y el renminbi subió al 1,95%.
A la vez, el BCE constata una anomalía histórica: el oro ha escalado posiciones hasta desplazar a los bonos del Tesoro como gran activo de reserva a precios de mercado (27% vs 22%).
No es una sustitución inmediata: es una señal de desconfianza incremental. El dólar continúa dominando pagos, comercio y mercados de capitales, pero cada lingote comprado por un banco central reduce, aunque sea marginalmente, la necesidad estructural de activos estadounidenses. Y esa reducción, repetida durante años, termina por cambiar el equilibrio.

La cara B: el oro no es gratis y el sistema lo sabe

El entusiasmo por el oro tiene límites técnicos que los bancos centrales conocen bien: volatilidad, ausencia de rendimiento, costes de custodia y un mercado que, aunque profundo, no siempre iguala la liquidez de la deuda estadounidense en una crisis.
Por eso el movimiento es selectivo. El World Gold Council calcula que las compras de bancos centrales alcanzaron 863 toneladas en 2025, todavía muy elevadas, aunque a un ritmo más prudente ante precios récord. Y el BCE añade un matiz incómodo: países geopolíticamente más próximos a China y Rusia han incrementado con mayor intensidad la proporción de oro en sus reservas desde 2021.
La consecuencia es clara: el oro no destrona al dólar por eficiencia financiera, sino por utilidad estratégica. En un mundo de sanciones, el coste de no diversificar puede ser mayor que el de almacenar.

Si China mantiene su cadencia mensual y Rusia sigue usando el oro como amortiguador, el metal podría consolidar su papel como activo “neutral” en un sistema más fragmentado. Eso no implica el fin del dólar, pero sí una transición hacia un régimen de reservas más plural, donde el billete verde conviva con más alternativas y menos lealtades automáticas.
El riesgo para los mercados es que este giro coincida con shocks energéticos y tensiones militares —Ormuz, Ucrania, Asia-Pacífico— que vuelvan a encender inflación. En ese entorno, los bancos centrales compran oro por prudencia, pero los inversores lo compran por miedo, acelerando la dinámica.
El contraste con décadas anteriores resulta demoledor: antes se discutía si el oro era un residuo histórico; ahora se utiliza como lenguaje diplomático. Y cuando las reservas hablan, el sistema escucha.

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