ANTONIO ALONSO

ANTONIO ALONSO: FIN DEL PETRODÓLAR, el plan de China para aprovechar la fatiga de la guerra en Irán

Este reportaje analiza la reciente cumbre entre Vladímir Putin y Abás Araqchi en el contexto de la guerra en Irán, destacando el papel de Rusia, la resiliencia iraní y el plan estratégico de China para aprovechar el desgaste bélico y desafiar la hegemonía del petrodólar.
Vladímir Putin y Abás Araqchi durante su reunión reciente en el contexto del conflicto geopolítico y energético en Oriente Medio.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
ANTONIO ALONSO: FIN DEL PETRODÓLAR, el plan de China para aprovechar la fatiga de la guerra en Irán

St. Petersburg, 27 de abril: Vladímir Putin recibe al canciller iraní Abás Araqchi. Irán busca oxígeno bajo sanciones, y lo encuentra en Moscú.
En paralelo, Emiratos abandona la OPEP y el cartel intenta contener la grieta. Con el Brent en torno a 108 dólares, el mercado vuelve a pagar prima geopolítica. Y China, que nunca improvisa, aprovecha el momento para empujar un viejo objetivo: cobrar energía sin pasar por el dólar.

Una cumbre que cambia el significado de “aislamiento”

La fotografía de Putin con Araqchi no fue un gesto protocolario más, sino una señal para Washington y Tel Aviv: Teherán no está solo. El encuentro se produjo en plena ofensiva diplomática iraní y con Rusia ofreciendo mediación en un conflicto que ha disparado la tensión regional. En ese contexto, el mensaje implícito es de alto calibre: si la estrategia de asfixia financiera pretendía quebrar el régimen, la realidad muestra una capacidad de resistencia que obliga a recalibrar.
“¿Estamos ante el ocaso del petrodólar?” La pregunta no es romántica: es contable. Porque el poder del dólar no se sostiene solo en reservas, sino en el hábito global de liquidar energía en moneda estadounidense. Y cuando dos potencias sancionadas —Rusia e Irán— encuentran mecanismos alternativos, el precedente se convierte en infraestructura.

Irán resiste con inflación y relato: la economía del aguante

La resiliencia iraní tiene dos capas. La simbólica —el peso del liderazgo religioso y su narrativa de “resistencia”— y la material: un país que aprende a sobrevivir en modo restricción, con cadenas de suministro opacas y socios dispuestos a comprar con descuento. Lo más grave es que la presión externa no reduce necesariamente el control interno; a veces lo refuerza.
Los números recientes, sin embargo, dibujan una factura severa: el rial cayó a 1,8 millones por dólar el 29 de abril, un récord que ilustra el estrés acumulado por sanciones, guerra y bloqueo marítimo. A la vez, Irán juega su carta más peligrosa: el Estrecho de Ormuz. Según AP, Teherán lo ha bloqueado, afectando un paso por el que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas mundial. En ese punto, la geopolítica deja de ser debate y se convierte en precio.

Rusia gana doble: árbitro político y beneficiario del barril caro

Para Moscú, la ecuación es casi perfecta: cada subida del crudo alivia ingresos y cada fractura occidental amplía margen. Con el Brent en torno a 108 dólares y la volatilidad instalada, el Kremlin recupera poder de palanca, no solo en Europa, también en Oriente Medio.
La clave es que Rusia ya no actúa como actor aislado, sino como nodo: conecta a Irán con vías diplomáticas, energéticas y financieras que el sistema dolarizado complica. Un dato lo resume: Rusia e Irán han desplazado el dólar en sus intercambios y, según el Kremlin, más del 96% de sus liquidaciones bilaterales se hacen ya en monedas nacionales; además, el comercio bilateral creció un 12,4% en 2024.
El resultado es incómodo para la OTAN: no basta con disuasión militar si el adversario construye circuitos económicos paralelos. El poder se está reembalando.

OPEP sin Emiratos: grieta en el cartel, ansiedad en el mercado

La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP desde el 1 de mayo añade un elemento explosivo: el cartel pierde cohesión justo cuando el petróleo vuelve a estar militarizado. La reacción de OPEP+ fue casi un intento de normalidad: elevar cuotas en junio en 188.000 barriles diarios, una cifra modesta, más simbólica que estructural.
El contraste es demoledor: por un lado, se proclama estabilidad; por otro, el mercado percibe fisura interna y riesgo de contagio. En términos estratégicos, el cartel deja de ser un bloque monolítico y se convierte en un mosaico de intereses nacionales. Y cuando eso ocurre, el dólar —que se alimenta de reglas previsibles— pierde terreno en favor de acuerdos bilaterales y pagos alternativos.
Aquí está el punto ciego: la desdolarización no llega con un anuncio, llega con decisiones aparentemente técnicas que, sumadas, cambian la arquitectura.

China y el “petroyuán”: la ofensiva silenciosa contra el dólar

China no necesita proclamas para empujar su objetivo. Le basta con asegurar energía y reducir exposición a sanciones. El canal más visible es el petróleo iraní, sostenido por una red de refinerías independientes (“teapots”) que, según The Wall Street Journal, llegaron a absorber volúmenes equivalentes a el 12% de las importaciones chinas en 2025, facilitando a Teherán ingresos de decenas de miles de millones anuales.
El mecanismo es revelador: transacciones en yuanes, logística de sombra y menor dependencia de la banca occidental. Y, por debajo, infraestructura financiera: CIPS, el sistema chino de pagos transfronterizos, aumentó participantes un 10% interanual hasta 1.683 en mayo de 2025.
En paralelo, el dólar sigue dominando reservas, pero con erosión sostenida: el FMI situó su cuota en 56,32% de las reservas asignadas en el segundo trimestre de 2025. No es derrumbe; es desgaste. Y China sabe que el desgaste, con paciencia, termina siendo cambio.

El petrodólar no muere: muta y encarece el error del inversor

El petrodólar nació de un orden de posguerra y de la centralidad estadounidense en seguridad y finanzas. Hoy, ese orden se tensiona por tres frentes: guerra, sanciones y nuevas redes de pago. La consecuencia es clara: el dólar puede seguir siendo hegemónico y, aun así, perder exclusividad en energía.
Para el inversor y el ciudadano común, el efecto no es teórico. Un mundo con más pagos en monedas locales y acuerdos bilaterales tiende a ser menos transparente, más fragmentado y, por tanto, más volátil. Si además el petróleo se mantiene elevado —y la OPEP se resquebraja—, la inflación importada vuelve a ser un fantasma recurrente.
El diagnóstico es inequívoco: lo que está en juego no es una bandera, sino el coste del capital. Cuando la confianza en el “centro” se reparte, el precio del riesgo sube. Y esa subida, tarde o temprano, se filtra a hipotecas, consumo y ahorro.

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