Apple somete hoy su estrategia de IA y récord de beneficios al escrutinio de los accionistas
La junta anual de accionistas de Apple, que se celebra hoy 24 de febrero en formato virtual, no será un mero trámite. La compañía llega a la cita con ingresos récord de más de 416.000 millones de dólares en su último ejercicio fiscal y una capitalización que roza los 4 billones de dólares, pero también con crecientes preguntas sobre su apuesta por la inteligencia artificial, el peso de sus servicios y el uso de una caja de miles de millones. Los accionistas están llamados a votar la reelección del consejo, la política de remuneraciones y un nuevo plan de acciones para consejeros externos, además de al menos una propuesta de minoritarios en materia de gobernanza. Todo ello en un momento en el que el mercado descuenta que Apple no solo mantendrá su “superciclo” de iPhone 17, sino que sabrá convertir Apple Intelligence y sus servicios en el verdadero motor de crecimiento de la próxima década.
Una junta virtual con mucho más que trámites
La junta se celebra de forma totalmente virtual a las 8:00 de la mañana en California —las 17:00 en España— a través de la plataforma habitual de la compañía, donde los accionistas pueden conectarse, votar y lanzar preguntas en tiempo real introduciendo su código de control.
Sobre el papel, el orden del día parece rutinario: reelección de los ocho consejeros —incluidos Tim Cook y el presidente Art Levinson—, ratificación del auditor, voto consultivo sobre la remuneración de la cúpula y aprobación del nuevo plan de acciones para consejeros no ejecutivos. A ello se suma una propuesta de accionistas minoritarios, frente a la que el consejo ha recomendado votar en contra.
Sin embargo, el contexto convierte una junta formalmente continuista en un termómetro clave. El apoyo que reciba el consejo en el voto de reelección, el porcentaje de respaldo al ‘say on pay’ y el eco de las intervenciones sobre inteligencia artificial, privacidad o derechos humanos serán leídos como un referéndum implícito sobre la estrategia de Apple. Lo más significativo no será tanto el guion de la compañía como el tono —más o menos crítico— de los grandes inversores institucionales en el turno de preguntas.
Récord de ingresos y beneficios como telón de fondo
Apple llega a la junta con unas cifras que, en términos puramente financieros, despejan cualquier duda sobre su capacidad de generar caja. En el ejercicio fiscal 2025, la compañía alcanzó 416.000 millones de dólares de ingresos y 112.000 millones de beneficio neto, máximos históricos y un crecimiento de alrededor del 6 % anual, tras dos años de desaceleración.
Solo en el cuarto trimestre fiscal, el grupo ingresó 102.500 millones, un 8 % más interanual, con un beneficio de 27.500 millones y un margen bruto que superó el 47 %. Estas cifras se han visto reforzadas por un arranque de 2026 aún más contundente: en su primer trimestre natural, Apple ha comunicado 143.800 millones de dólares en ventas, un salto del 15-16 % interanual, impulsado sobre todo por el éxito de la gama iPhone 17, que por sí sola habría aportado más de 85.000 millones de ingresos.
En la carta a los accionistas, Cook ha descrito 2025 como “un año excepcional, con resultados récord y una base más amplia que nunca de usuarios y suscriptores”. El diagnóstico es inequívoco: Apple no está en una fase defensiva, sino en un momento de máximo poder de fijación de precios y de expansión de márgenes. Precisamente por eso, los inversores exigen ahora respuestas claras sobre cómo se va a usar esa ventaja.
Apple Intelligence y la carrera por la IA generativa
La gran conversación de fondo de esta junta será la inteligencia artificial. Apple ha ido desplegando bajo la marca Apple Intelligence un conjunto de capacidades —desde un Siri rediseñado hasta la integración con modelos avanzados como Gemini en determinadas experiencias— que la empresa presenta como una IA mucho más centrada en la privacidad y en el procesamiento en el dispositivo que la de sus rivales.
En el mercado, la lectura es doble. Por un lado, la compañía llega tarde al relato público de la IA generativa frente a actores como Microsoft o Google; por otro, su capacidad de integrar IA en un parque instalado de más de 2.000 millones de dispositivos activos le otorga un potencial de monetización masiva casi inmediato. La cuestión es cómo se traducirá eso en ingresos y en nuevas líneas de negocio, más allá de sostener la demanda de nuevos iPhone, iPad o Mac.
No es casual que en juntas recientes los accionistas ya hayan forzado votaciones sobre la transparencia del uso de IA, pidiendo informes específicos sobre modelos, datos y riesgos éticos. Una propuesta en esa línea llegó a recabar en torno al 38 % de apoyos en 2024, una cifra elevada para un texto contrario a la recomendación del consejo. Este hecho revela que el uso de IA en Apple ha dejado de ser un asunto puramente técnico para convertirse en un elemento central de gobernanza corporativa.
Servicios, suscripciones y el nuevo motor del beneficio
Más allá del hardware, la división de servicios —que engloba App Store, iCloud, Apple Music, Apple TV+, AppleCare y diversos métodos de pago— se ha consolidado como el gran motor de crecimiento y de margen del grupo. En 2025, los servicios superaron por primera vez los 100.000 millones de dólares de facturación anual, con crecimientos de doble dígito —en torno al 14-15 %— y márgenes brutos que el mercado sitúa cerca del 75 %.
Esa transformación ha tenido un efecto directo sobre la percepción de riesgo. Apple es hoy menos dependiente de que cada generación de iPhone sea un éxito estratosférico y más de que sus cientos de millones de usuarios sigan pagando por almacenamiento, música, vídeo o juegos. La consecuencia es clara: cualquier gesto regulatorio sobre comisiones de la App Store, medios de pago o empaquetado de servicios tiene un impacto directo sobre la valoración.
En este contexto, los accionistas vigilan con lupa cómo se gobiernan estas líneas de negocio y qué compromiso adopta el consejo frente a investigaciones antimonopolio en EE. UU., Reino Unido o la UE. La junta de hoy será, en buena medida, un examen sobre si el actual equipo de consejeros es el adecuado para pilotar un negocio en el que el software y los servicios, más que el hardware, concentran ya la mitad del beneficio operativo.
Expansión en India y otros mercados clave
Otro de los vectores sobre los que se medirá la estrategia de Apple es su expansión internacional, especialmente en India, Latinoamérica y Oriente Medio, donde la compañía presume de crecimientos de dos dígitos y de una clase media dispuesta a pagar por su ecosistema.
En China, la situación es más compleja, con una presión competitiva creciente por parte de fabricantes locales y un entorno geopolítico incierto. Aunque los últimos trimestres han mostrado cierta debilidad en ventas en el gigante asiático, el grupo ha compensado ese freno con un fuerte tirón en India y otras geografías, donde el iPhone 17 y los servicios asociados han registrado récords de ingresos.
Para los accionistas institucionales, el mapa es evidente: una Apple demasiado expuesta a Estados Unidos y China sería más vulnerable a tensiones comerciales o regulatorias. La diversificación geográfica, por tanto, no es solo un relato de crecimiento, sino una póliza de seguro. La junta de hoy permitirá testar hasta qué punto el consejo asume esa lectura y si los incentivos de la alta dirección están alineados con la expansión en mercados emergentes, y no solo con la resistencia de la franquicia en sus plazas tradicionales.
El uso de la caja: dividendos, recompras y presión inversora
Con más de 100.000 millones de dólares de caja neta y equivalentes y una capacidad anual de generación de efectivo que supera los 110.000 millones, la política de capital de Apple es otro de los grandes asuntos que sobrevuelan la junta. En la última década, la compañía ha devuelto a los accionistas centenares de miles de millones en forma de recompras y dividendos, reduciendo de forma constante el número de acciones en circulación.
Los inversores más activistas reclaman que ese esfuerzo se mantenga o incluso se acelere, aprovechando los tipos de interés aún relativamente contenidos y una valoración exigente pero no disparatada para los estándares de las grandes tecnológicas. Otros, sin embargo, piden que una parte mayor de la caja se canalice hacia inversiones en IA, centros de datos y contenidos, para no perder terreno frente a rivales que invierten decenas de miles de millones al año en capacidades de modelo y nube.
“La cuestión ya no es si Apple genera dinero, sino qué hace con él”, resumen en privado gestores que llevan años en el valor. El voto sobre la remuneración de la cúpula y sobre el plan de acciones para consejeros será leído precisamente a la luz de esa tensión entre retribuir al accionista a corto plazo o primar las grandes apuestas estratégicas.
Voto sobre gobernanza, derechos humanos y privacidad
Más allá de los puntos propuestos por la dirección, Apple se enfrenta de nuevo a la presión de inversores que quieren ir más lejos en gobernanza, derechos humanos y privacidad. En ciclos anteriores, la compañía ha tenido que someter a votación propuestas para publicar informes sobre el uso de IA, revisar el impacto de sus políticas de contenidos o evaluar la coherencia entre su discurso sobre derechos humanos y sus actuaciones en países con regímenes represivos.
En la junta de 2025, los accionistas ya tumbaron por un 97 % de los votos un intento de eliminar los programas de diversidad e inclusión (DEI) de la compañía, en una señal clara de respaldo a la agenda social defendida por la dirección. Sin embargo, resoluciones sobre transparencia en IA o sobre evaluación de riesgos en la cadena de suministro han llegado a recabar apoyos de más de un tercio del capital presente, lo que en la práctica obliga al consejo a reforzar su diálogo con los grandes fondos de pensiones y gestoras de activos.
Apple insiste en que la privacidad es “un derecho humano fundamental” y que diseña sus productos para minimizar la recolección de datos, incluso cuando despliega nuevas capacidades de IA generativa. La junta de hoy pondrá a prueba hasta qué punto los accionistas consideran creíble ese discurso y si reclaman pasos adicionales, como informes más detallados o la creación de un comité específico de supervisión tecnológica en el consejo.

