Geopolítica tecnológica | Alianza en chips y cuántica

Corea del Sur y Países Bajos refuerzan su “eje” tecnológico: semiconductores y cuántica en el centro del nuevo acuerdo

Seúl y La Haya han pactado intensificar su cooperación en industrias avanzadas, con un foco explícito en semiconductores y tecnologías cuánticas, en un movimiento que busca blindar cadenas de suministro y acelerar I+D en plena carrera global por la IA. El compromiso se formaliza con una carta de intenciones firmada en La Haya durante el comité conjunto de innovación, un foro bienal que marca el ritmo de una relación estratégica que ya venía creciendo desde hace una década.

UNSPLASH/ABOODI VESAKARAN
UNSPLASH/ABOODI VESAKARAN

Qué se ha acordado y qué cambia en la práctica

Corea del Sur y Países Bajos han acordado elevar el nivel de cooperación tecnológica en industrias avanzadas, con dos pilares muy concretos: semiconductores y tecnología cuántica. El paso formal es la firma de una carta de intenciones durante la reunión del Comité Conjunto de Innovación celebrada en La Haya, un mecanismo bienal diseñado para convertir la relación bilateral en proyectos tangibles de desarrollo industrial, investigación y competitividad.

Más allá del titular, el valor del movimiento está en el “cómo”: estos comités fijan prioridades, facilitan marcos de colaboración público-privada y suelen desembocar en programas de I+D, intercambio de talento y cooperación entre empresas, universidades y agencias. El objetivo declarado es responder a la reconfiguración global de las cadenas de suministro, un eufemismo que, en la práctica, significa reducir vulnerabilidades en componentes críticos y asegurar acceso a capacidades clave en un mundo de controles de exportación y rivalidad tecnológica.

Por qué semiconductores: una alianza con lógica industrial (y nombres propios)

En chips, la alianza tiene una lógica casi “obvia”. Países Bajos es el hogar de un actor fundamental en la cadena global —ASML— y Corea del Sur es una potencia manufacturera con campeones industriales. En los últimos años, la relación ha evolucionado desde la cooperación política hacia un enfoque de seguridad económica: fortalecer la resiliencia de la cadena (equipamiento, materiales, know-how) y mantener capacidad competitiva frente a la presión del duopolio EE. UU.-China y las políticas industriales de ambos bloques.

Este nuevo impulso se entiende mejor como una continuidad. Ya en 2023, ambos gobiernos elevaron la relación en torno a una “alianza de semiconductores” y a la cooperación en innovación durante la visita de Estado del presidente surcoreano a Países Bajos, con el ecosistema chip como pieza central de la agenda. 

La pata cuántica: el “próximo” sector estratégico

Que el acuerdo incluya cuántica no es accesorio. La tecnología cuántica —computación, comunicaciones y sensores— está entrando en fase de industrialización y se ha convertido en prioridad de política pública. En Corea del Sur, el impulso institucional se ha reforzado con estrategias y órganos de coordinación específicos; en Europa, el ecosistema cuántico se organiza alrededor de iniciativas paneuropeas y programas de I+D. El resultado es que los acuerdos bilaterales ya no se limitan a “investigar”, sino a construir capacidades: formación, transferencia tecnológica, pruebas de concepto y redes de colaboración para acelerar el time-to-market. 

Qué gana cada parte: ventajas complementarias

Para Corea del Sur, Países Bajos es un socio natural para reforzar el acceso a tecnología de proceso y al ecosistema europeo, además de elevar la cooperación con proveedores y centros de excelencia. Para Países Bajos, Corea aporta escala industrial, capacidad de fabricación y un mercado de alta demanda para tecnologías críticas, además de facilitar proyectos conjuntos donde la validación industrial es un activo diferencial.

En un entorno donde la tecnología está cada vez más condicionada por geopolítica, estos acuerdos funcionan como “seguros” estratégicos: formalizan canales de cooperación y reducen fricción regulatoria e institucional cuando el mercado entra en tensión.

Qué vigilar a partir de ahora: de la carta de intenciones a los proyectos

El mercado y la industria mirarán tres derivadas prácticas. Primero, si la cooperación se traduce en programas específicos (I+D aplicada, laboratorios compartidos, estándares, formación). Segundo, si aparecen iniciativas ligadas al talento —academias y movilidad—, un área donde Países Bajos y Corea ya han explorado modelos vinculados al sector chip.

Tercero, el componente “agenda”: en 2026 ya hay misiones y programas europeos orientados a profundizar colaboración con Corea en semiconductores, señal de que esta relación se quiere institucionalizar y escalar, no solo anunciar.

Una alianza defensiva… y ofensiva

Defensiva, porque busca reducir dependencia y aumentar resiliencia en sectores críticos. Ofensiva, porque semiconductores y cuántica son dos motores directos de productividad, IA y competitividad industrial. En 2026, con cadenas de suministro bajo escrutinio y controles tecnológicos en expansión, Corea del Sur y Países Bajos están diciendo lo esencial: quien controla la infraestructura tecnológica, controla una parte creciente de la economía.

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